Bares pequeños: una opción de negocio si se sabe optimizar el espacio

A la hora de emprender un negocio en el sector de la hostelería, como puede ser un bar, hay que tener en cuenta la gran inversión que supone, tanto a nivel burocrático como en la tarea de decorarlo y dotarlo de todos los materiales necesarios.

Un bar, una buena inversión de negocio.

Redacción. Poner en marcha un bar no es una tarea fácil. A todos los trámites necesarios -como el proyecto técnico, licencia de obra, de apertura…- hay que sumarle una importante inversión, especialmente si se trata de una obra nueva o reforma de un local que tenía un uso diferente al de hostelería. El precio medio de obra ronda entre los 800 y 2.000 euros por metros cuadrados ya que es muy variable en función de los acabados. En todo caso, supone una parte muy importante del presupuesto y, por ello, son muchos los emprendedores que optan por locales pequeños para reducir, en la medida de lo posible, estos gastos.

El mínimo de metros cuadrados necesarios para abrir un bar depende de las ordenanzas de cada ayuntamiento, aunque la cifra suele ser coincidente y oscilar entre los 20 y 60 metros cuadrados. Optar por un local pequeño ofrece muchas ventajas (como menos gastos de luz y mantenimiento) pero tiene la contrapartida de que se dispone de menos espacio para los expositores, la barra y las mesas y, por lo tanto, reduce el número de potenciales clientes. Por eso, es básico aprovechar todo el espacio y optimizarlo, tal como explican desde Sillas.Mesas.es, una empresa malagueña especializada en mobiliario de hostelería cuyas ventas son exclusivamente por Internet. Para ello es necesario seguir unas premisas básicas:

Temática y coherencia visual: fijar una temática ayuda a diferenciarse de la competencia y crear una coherencia visual en todo el local.
Minimalismo: no es aconsejable sobrecargar el ambiente con muchos muebles ni elementos decorativos. A veces se malinterpreta el concepto y se entiende que aprovechar bien el espacio es sinónimo de llenarlo de cosas y no dejar huecos vacíos, dando como resultado espacios muy recargados que transmiten la sensación de asfixia.
– Muebles hechos a medidas: es la solución óptima para aprovechar huecos y poder adaptarnos a las particularidades y elementos estructurales de cada establecimiento, como columnas, ventanas y esquinas. Su principal ventaja es que permiten adaptar los muebles al espacio y no al revés.
– Tipo de mesas: mejor que sean altas, cuadradas o rectangulares y plegables. Esto permitirá contar con un espacio extra en caso de tener un servicio especial, como unos pinchos en los que los comensales permanecen de pie.
– Tipo de sillas: los taburetes ocupan menos espacio pero cuentan con el hándicap que son más incómodos. Mejor que sean apilables y multifuncionales; si nuestro bar dispone de terraza lo ideal es que al menos la mitad sean válidas tanto para exterior como interior.
– Producto diferenciado: pretender tener un poco de todo no es la mejor opción en un bar pequeño. Acotar el mensaje, especializarse y decantarse por un producto estrella -la tortilla, las patatas bravas, una cerveza artesana- ayuda a darse a conocer y fijar clientela.
– Decoración: deberá ser escueta e incorporar elementos que aporten luminosidad, como espejos en paredes y techos.

Colores e iluminación: si vamos a reformar el local por completo lo ideal es abrir grandes ventanales o vidrieras ya que la luz natural aporta sensación de amplitud. En cuanto a los colores (tanto de las paredes como mobiliario y elementos decorativos) deben primar los claros y neutros, sin recargar e incorporando algún contraste.



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