El rey de la alta joyería

El diamante, un cristal de carbono de un brillo tal, que incluso algunos ejemplares de pureza discreta han alcanzado precios exorbitantes.

Diamante. / Foto: pixbay.

Redacción. Decía Marilyn Monroe, en su celebérrima cita que “los diamantes son los mejores amigos de una mujer”. Y es que el mundo de la alta joyería es amplio en cuanto a materiales. Además de  metales preciosos, como  el oro, la  plata y el platino, existen infinidad de materiales diferentes para la creación de joyas. Unos son de origen mineral, como las gemas, otros de origen vegetal, como el ámbar y otros (menos) de origen animal como el coral y las perlas.

Pero sin duda, una gema destaca por encima todas. El diamante (del griego, invencible), un cristal de carbono de un brillo tal, que incluso algunos ejemplares de pureza discreta han alcanzado precios exorbitantes. El diamante posee la capacidad de dispersar la luz en diferentes colores. Su alta refracción produce un brillo de extraordinaria belleza.

El diamante, a diferencia del oro, se crea en la Tierra bajo condiciones de extrema presión y temperatura en las profundidades del manto. Emergen a la superficie gracias a fenómenos geodinámicos como los volcanes, lo que permite su extracción minera. Los diamantes pueden crearse en laboratorio, aunque hasta hace muy poco no ha sido posible crear cristales de pureza y tamaño suficientes para su uso en joyería. Aun así, los diamantes sintéticos no alcanzan la transparencia y diafanía de los mejores diamantes naturales.

Posiblemente el diamante más famoso sea la Reina de África. Se trata del segundo diamante tallado de mayor tamaño, por detrás del Golden Jubilee (Jubileo Dorado). La Reina de África o Diamante Cullinan I tiene un peso de 530,20 quilates y tiene un precio estimado de unos 400 millones de dólares, lo que lo convertiría, de estar en venta, en el diamante más caro del mundo. Este diamante, que en bruto pesaba unos 3.000 quilates, es decir, unos 600 gramos, se dividió en 150 piedras talladas. Actualmente se encuentra custodiado en la célebre Torre de Londres, junto a las joyas de la Corona Británica, la colección de joyas más valiosa del mundo.

Conocer el precio de un diamante es una tarea que requiere de un amplio conocimiento en gemología, por lo que siempre ha de recurrir a un experto. En esta valoración influyen aspectos como la talla, el quilate métrico, el color y la pureza.

La talla de un diamante tiene un efecto determinante en su brillo, y solamente una buena talla logrará que el brillo se desplace de una cara a otra con una brillantez óptima llamada fuegos del diamante.

El diamante más puro del mundo se descubrió en Botswana en 2015, y pertenece al Type IIa, una categoría a la que solamente pertenecen el 2% de los diamantes. Los diamantes perfectos, son transparentes, pero se trata de un fenómeno muy infrecuente en la naturaleza. Son las impurezas las que les dotan de colorido, en un rango limitado como el gris, amarillo, azul o rosa, entre otros. La pureza de los diamantes se determina en función del tamaño, posición y proporción y peso de la impureza con respecto al total de la piedra. Se trata de valoraciones estandarizadas muy difíciles de percibir para profanos.Así, para apreciar cierto tipo de brillos que revelan que la pureza ha sido modificada artificialmente, es necesaria una larga experiencia.

Aunque los diamantes de colores son más frecuentes y menos puros, algunos han sido muy codiciados, como el Diamante Hope, de color azul (que pasó por las manos de Jean-Baptiste Tavernier, Luis XIV o María Antonieta, por mencionar algunos), el Pink Star, un diamante rosa que se alcanzó los 71,2 millones de dólares, o el Diamante Rojo Moussaieff, por citar algunos.

Los diamantes son parte esencial de la alta joyería y su brillo hipnótico levanta pasiones en todas las culturas. Poseer este escaso bien fue motivo de guerras en varios países de África. Algunos de los robos más famosos como el Amberes en 2003, de más de 100 millones de dólares en diamantes, o la tortuosa historia del Diamante Hope, son ejemplos de cómo estas piedras preciosas excitan la codicia y cautivan la imaginación de cuantos los poseen o los desean.

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