Josema Yuste defiende como dogma de vida: “Respeto, respeto, respeto, siempre respeto, aunque te la puedan jugar en cualquier momento; respeto y humildad”

Entrevistamos al actor, humorista, director y productor, que nos habla de su vida, sus recuerdos y la obra con la que lleva dos años girando por España: 'Taxi'.

El actor Josema Yuste.

Rocío López. Madrileño del barrio de Chamberí, «concretamente de la calle García de Paredes» –apostilla nuestro protagonista de hoy, Josema Yuste. Actor, humorista, director y productor, Josema se considera «un gran afortunado de la vida». «Tengo trabajo, sigo haciendo lo que me gusta, así que, al final, he tenido una gran suerte en esta vida», nos cuenta con una gran sonrisa.

Pero la suerte de Josema viene acompañada de muchos años de esfuerzo y trabajo, ya que, como explica, nadie «le ha regalado nunca nada». Con ese esfuerzo, estando constantemente en la brecha, ha conseguido grandes éxitos en cine, teatro y televisión, llegando a ser inolvidable para España su trabajo en Martes y Trece junto a Millán Salcedo.

Josema ha hecho una paradita en su gira con la obra TAXI para contarnos algunas cosas un poco más personales, algo que le agradecemos muchísimo desde España Buenas Noticias.

No obstante, sería injusto no destacar aquí el gran éxito que está teniendo esta obra: TAXI. Con casi dos años en cartel, y recorriendo toda España, provocando carcajadas en todo el público de cada teatro que pisa. Josema dice considerarse un «obsesivo de la carcajada». No se siente tranquilo hasta que no oye las primeras risas en el patio de butacas.

Josema Yuste tiene 64 años, «y me encanta decirlo; no me preocupa nada eso de la edad, me siento muy bien hoy por hoy con la mía», asegura. Está felizmente casado y tiene cuatro hijos «ya muy mayores; cada uno trabaja y se gana la vida; dos ya viven con sus parejas, y los otros, que son los dos pequeños entre comillas, de 27 y 25, viven conmigo todavía, pero tienen su profesión y se ganan la vida. O sea, que no me cuestan dinero, afortunadamente, ya ninguno. Eso es muy importante también».

El reparto de la obra de teatro ‘Taxi’.

«Me siento muy afortunado en ese sentido, también. No puedo decir que no. Tengo cuatro hijos, que son cuatro buenas personas; cada uno con su carácter y su forma de ser, una niña y tres chicos, todos son buenas personas. Eso es muy importante, es que es muy importante ser buena persona».

«Es fundamental ser buena persona, en valores, sentimientos buenos hacia los demás. Eso lo hemos conseguido. Cada uno tiene su carrera, y se defiende en la vida, o sea, es que no me puedo quejar, en absoluto. Porque de cuatro, son los cuatro grandes personas».

«A lo que todo padre puede aspirar es a tener unos hijos, a tener cuatro hijos, tres uno o dos, pero que sean autosuficientes, que sean felices, todo es una utopía, pero que, hoy por hoy, de momento están todos situados, todos tranquilos y todos bien. Sí, sí, es muy importante para mí».

FELIZ INFANCIA DE PAN CON CHOCOLATE
Hemos querido meternos en la infancia de Josema y saber como la vivió. Nos cuenta que fue muy feliz. «Yo me lo he pasado muy bien en los colegios en los que he estado, pero que muy bien», insiste.

«Primero iba a las damas negras, que son unas monjas, como su propio nombre indica, (carcajadas) de origen francés, de pequeñito; y luego ya pasé a los maristas, que estaban enfrente de las monjas. Muy cerca de mi casa».

Escena de ‘Taxi’, con Josema Yuste como protagonista.

«Me han castigado, me han puesto suspensos, como a todo el mundo. He sido un estudiante correcto, sin más, pero bueno he ido aprobando mis cursos. Pero me parece muy bien. Yo en la época de colegio es que de verdad he sido superfeliz, no es que cada mañana me despertase deseando ir al colegio, pero casi casi. Tenía buenos amigos. Siempre hacía algún deporte o alguna actividad artística dentro del colegio, porque había esa opción. Yo me lo pasaba muy bien».

«Merendaba pan con chocolate y, de hecho, muchos días, después de comer o de cenar, yo me pongo un currusco de pan con un poquito de chocolate, y eso lo hago casi todos los días; por no decir todos, porque me encanta la mezcla del pan con el chocolate; no el donut de chocolate, ni el bollycao, ni todas las mierdas esas que venden ahora; no, no, el pan y el chocolate, negro».

«Tenía las rodillas como un cristo, como el Cristo de Medinaceli. Yo me hacía muchas heridas, en el culo, en los codos… porque, como siempre estaba jugando, patinando, al baloncesto, al balonmano… Yo era superdeportista, y lo sigo siendo, me encanta el deporte, me apasiona; cualquier juego en equipo de divierte muchísimo. Entonces, pues yo me caía mucho al suelo., claro, mucho muchísimo», cuenta riéndose.

LA VIDA ES CAERSE Y VOLVERSE A LEVANTAR
«Éramos cinco hermanos, murió el mayor y quedamos cuatro. Yo juagaba a todo, en el barro, a las canicas, a las chapas, a todo. Yo me apuntaba a un bombardeo, todo lo que fuese jugar, jugar en equipo, o en dos tres o cuatro. Jugar en equipillo; el rollo ese del equipillo me ha encantado siempre. No me gustaba perder, ni me gusta, pero no me cabreo porque la vida es acertar, fracasar, volver a ganar, fracasar, levantarse otra vez, ganar, perder, volverte a levantar».

«Eso es la vida. Yo, como siempre he tenido una relación con el deporte muy muy estrecha, comparo mucho el deporte con la vida. El deporte te enseña mucho a vivir, a vivir y a compartir, y a ser generoso, y a saber perder y a ganar, y a saber ganar, y a saber respetar al contrario. Todo eso lo he aprendido gracias al deporte, y luego lo aplico en la vida. Trato de aplicarlo».

RESPETO MÁXIMO
Cuando le preguntamos a Josema cuál es la lección más importante que le ha dado la vida, es rotundo y contundente al decir que lo mejor que ha aprendido es a tener respeto hacia el otro. «Siempre, por encima de todo. Respeto, respeto, respeto y respeto, aunque te la puedan jugar en cualquier momento. Además, incluye la humildad como un valor inexcusable que todos debemos mantener.

«Lo más importante que he aprendido en esta vida, de verdad, es a respetar al contrario, a respetar siempre al contrario en todo; en tu pareja, en una amistad, en un deporte, en una competición laboral; a respetar siempre al contrario. Nunca creerte por encima de nada ni de nadie. La humildad es una maravillosa virtud», asegura. «Y la arrogancia, un terrible defecto; eso es lo más importante para mi, lo que yo he aprendido en todos los años de mi vida, Respeto siempre al que consideras el contrario, hacia el que tú crees que es inferior. Respeto, respeto, respeto, aunque te la puedan jugar en cualquier momento, y humildad. Ser persona, ser humilde».



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