España ya tiene selección femenina de Tchoukball, “el deporte de la paz”, y aspira a jugar el campeonato de Europa

En el equipo, formado por una decena de mujeres de entre 17 y 37 años, conviven ex deportistas de diferentes disciplinas con otras para las que ésta es su primera experiencia competitiva.

La selección femenina de Tchoukball de España.

Europa Press. España ya tiene selección femenina de Tchoukball y se trata de un grupo de mujeres de edades diversas que viven a caballo entre Madrid y Málaga y que aspiran a jugar en verano el campeonato de Europa de este deporte tan desconocido como minoritario, pues pese a su implantación en más de 40 países en territorio nacional no comenzó a extenderse hasta entrado el año 2010.

El Tchoukball es una mezcla entre el balonmano y el volleyball que se juega en una pista cerrada y dividida en dos medios campos. El objetivo es puntuar haciendo que el rebote de la pelota contra una malla caiga en un área determinada. La UNESCO lo denominó “el deporte de la paz” porque no se produce contacto físico, se puede reclamar al árbitro perjudicando al propio equipo y es inclusivo a todos los niveles y a la fuerza.

Lo explica el seleccionador femenino y capitán de la selección masculina, Luis Crespo, en declaraciones a Europa Press. Tanto en las ligas nacionales como en los campeonatos internacionales entre clubes, la presencia femenina en los equipos es un imperativo. Quien presente un equipo exclusivamente masculino habrá de jugar con uno menos –son siete personas por equipo–.

No es así en el caso de los torneos internacionales, como el campeonato europeo que tendrá lugar en Milán a partir del 1 de agosto, ya que por la concurrencia de países como Taiwan, donde no permiten a hombres y mujeres competir juntos, se ha optado por organizar torneos entre selecciones nacionales femeninas y masculinas.

En este contexto nació la selección femenina española. El grupo, de una decena de mujeres, es heterogéneo, pues son de edades comprendidas entre los 17 y los 37 años y conviven ex deportistas de disciplinas como el fúbol, el voleibol y el balonmano con otras cuya primera experiencia competitiva ha sido ya con el Tchoukball. Todas compiten en la liga nacional en equipos mixtos, pues es imperativo.

Es el caso de María Llavero, que empezó a jugar en el colegio, un centro con un programa de integración de niños con diferentes capacidades, cuando tenía 10 años y, según Crespo, es una crack que no entiende de barreras: Tiene ahora 18 años, es sorda y se está sacando INEF.

“Mi discapacidad auditiva no me impone barreras para practicar deportes porque creo en mi misma y me creo capaz de hacer cualquiera, pero al principio sí encontraba barreras que fui superando poco a poco. Quedan algunas, como el silbato, porque nunca juego con mi implante coclear, así que yo adaptaría el silbato con una bandera de un color que destaque mucho. Aún así voy bien, porque veo a la gente que se para o mi equipo me avisa”, comenta en declaraciones a Europa Press.

Opina que compartir equipo con hombres y con mujeres de distintas experiencias y edades tiene muchas ventajas y destaca que permite intercambio y aprendizaje entre ellos, algo que no sucede en disciplinas donde los grupos son homogéneos en género y edad.

“En este deporte hay un valor importante que es la lucha de la igualdad por eso es mixto. Además, yo creo que los hombres pueden aprender algo de las mujeres y al contrario igual, eso es colaboración, participación, compañerismo. Me parece muy bien que sea integrante, porque hay pocos y ese deporte juega con todos”, añade.

Juega con ella Espe, que lleva un implante coclear que no le ha impedido sacarse Medicina, profesión que ejerce en Almería, o Esther, “que ha superado dos cáncer y se ha repuesto”. “Son todas ejemplo de superación 100%. Hay una chica en Málaga, por ejemplo, que en un torneo hace un año se rompió el tendón de Aquiles y tras un año fastidiada está de nuevo en el grupo”, destaca el seleccionador.

En Madrid viven siete de las integrantes de la selección y en Málaga otras cuatro. En cada ciudad hacen lo posible por juntarse y entrenar, pero el equipo sólo puede reunirse una vez al mes, a veces menos, y lo hace en La Carolina (Jaén), que fue el punto medio que encontraron al trazar la línea sobre la distancia en el mapa que les separa.

Crespo cuenta que el Ayuntamiento de la localidad jienense se ha volcado con ellas, hasta el punto de que el auditorio que les ceden para entrenar se llena de gente que asiste para conocer este deporte y gracias a las explicaciones que van dando las jugadoras a quienes se interesan, se está creando cantera.

Este fin de semana se vuelven a reunir allí pero no saben cuánto más podrán sostener estos esfuerzos sin patrocinios ni espónsores. El principal equipo de la liga española de Tchoukball, que celebra este año su tercer torneo, es el Tchukboll Fusión Madrid y ha jugado ya un par de Champions, mientras la selección masculina ha participado en dos torneos y un mundial y todo, vendiendo participaciones de la lotería o haciendo rifas solidarias. A veces, alguna empresa, les ha pagado la equipación.

A las chicas les falta ese paso. Este equipo peculiar de un deporte peculiar necesita ayuda para cubrir, aunque sean, los 400 euros del viaje a Italia. “Va a ser una buena experiencia y además, es mi primera vez compitiendo fuera de España. Cuando llegue a Milán va a ser un cúmulo de emociones”, dice María.

 



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