Robando en familia

En la última propuesta de Steven Sodebergh, “La suerte de los Logan”, unos hermanos a los que las cosas no les ruedan nada bien, se embarcan en el robo de la recaudación de un circuito de carreras.

Escena de ‘La suerte de los Logan’.

Fernando Gracia.  Haciendo hueco en la abundante oferta de ocio de las fiestas pilaristas me decido por aquello de encajar en mi agenda por la última propuesta de Steven Sodebergh, “La suerte de los Logan”. Hace tiempo que borré de mis preferencias la figura de este director, otrora prometedor, así que no esperaba gran cosa a pesar de ciertas críticas favorables.

Y lo que me he encontrado es una variante más del género “robos sofisticados” tratado en clave de comedia, algo que le sirvió para ganar buena pasta cuando dirigió varias películas de la serie Ocean, que a su vez no era sino una variante de la denostada –pero realmente divertida y siempre entretenida- “La cuadrilla de los once”.

En la que ahora nos llega vemos a unos hermanos a los que las cosas no les ruedan nada bien, tal cual como si fueran gafes. Como quien no quiere la cosa se embarcan en el robo de la recaudación de un circuito de carreras, de esas a lo bestia que tanto parecen gustar en la América profunda.

El guión, bastante trabajado por cierto, abarca varias subtramas que a su manera vienen a abordar temas relacionados con esa parte de América, con referencias a “Pequeña Miss Sunshine” y sobre todo al cine de los Coen, sin llegar en ningún momento a acercarse a ambos ejemplos.

Con un sentido del humor a veces algo esquinado la trama se sigue con discreto interés, siempre y cuando el espectador no se pare a buscarle ni verosimilitud ni excesiva profundidad. Todo ocurre porque tiene que ocurrir y no se hable más. Los personajes ni tienen la gracia de las comedias de los Coen ni resultan planos del todo, aunque poco les falta.

Dicho lo cual mi impresión final es tibia: ni buena ni tan mala como por momentos me temo va a ser. Sodebergh filma con evidente oficio, los actores cumplen sin problemas sus papeles de una sola pieza, con un Daniel Craig que da la impresión de haberse divertido en el cómodo rol que le ha tocado en suerte. Channing Tatum –que ha puesto parte de la pasta- y Adam Driver se presentan en plan impávido, y la guinda final la pone una Hillary Swank, que no debe andar sobrada de papeles de postín tras levantar hace unos años la estatuilla de la Academia.

Para pasar el rato puede valer. Incluso tiene tres o cuatro diálogos interesantes. Para ocupar un lugar en la larga historia de películas sobre robos con gracia, tanto serios como en clave de comedia, evidentemente no.

Lejos quedó hace tiempo el director de “Sexo, mentiras y cintas de video”, película sobrevalorada a mi modo de ver, pero que le permitió apuntar al director como estrella emergente en el mundo “indie”. La de ahora ni es independiente (de espíritu) ni aporta nada especial. Pero si uno no rasca demasiado puede valer.

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