Juan Ramón y Zenobia. Misivas de amor y vida

“¡Y pensar que desde los siglos de los siglos, en este instante del planeta, del universo, tú y yo debíamos encontrarnos, vivir juntos, juntos como yo quería…” Juan Ramón, 1952.

Carta de Zenobia a Juan Ramón (1915), escrita en vertical y horizontal para ahorrar papel y coste de correos. Sala Zenobia-Juan Ramón, Universidad de Puerto Rico.
Carta de Zenobia a Juan Ramón (1915), escrita en vertical y horizontal para ahorrar papel y coste de correos. Sala Zenobia-Juan Ramón, Universidad de Puerto Rico.

Juan C. León Brázquez. Las cartas cruzadas entre Juan Ramón y Zenobia, al descubierto ahora gracias al libro recopilatorio Monumento de Amor, ponen de relieve, no solo la evolución del encuentro de dos seres enamorados, sino la cotidianidad de una pareja en los entresijos normales de la vida. Las más de 700 misivas, la mayoría inéditas, destapan una relación íntima de una pareja complementaria que atravesó junta 40 años, hasta que la muerte los separó.

Mucho se ha especulado –e incluso tergiversado- sobre la relación que mantuvieron el poeta moguereño, Juan Ramón Jiménez, con la alegre, inteligente y culta americanita, Zenobia Camprubí. Las cartas nos pone -los pone- en su sitio, sin apenas margen para manipular lo que ellos sintieron y vivieron. Son dos seres desnudos ante sus sentimientos y vivencias reconvertidas en letras. Y somos nosotros, sus lectores, los que ahora, gracias al minucioso trabajo de María Jesús Domínguez Sío, los que podemos invadir esa intimidad para acercarnos a la cotidianidad de la vida y a las interioridades expresadas en las confidencias de una pareja definitivamente enamorada, sin interpretaciones interesadas de escritoras poco rigurosas frustradas –supongo- en su propia historia.

Portada de 'Monumento de Amor'.
Portada de ‘Monumento de Amor’.

Ahora, toda ésta correspondencia inédita recogida en éste Monumento de Amor, epistolario y lira, editado por la Residencia de Estudiantes, nos pone delante de la intimidad de dos seres contrapuestos, pero complementarios. Tomamos esa relación desde el principio hasta llegar a la muerte. En el inicio, él tratando de conquistar a la inteligente, culta y alegre americanita; ella, esquivando la incertidumbre de una relación poco prometedora con un pobre poeta pueblerino. Más tarde, luchando contra la oposición familiar y, una vez aceptado ese amor, convirtiéndose en el sostén del poeta y hombre, facilitándole su vida y obra, que hubiera sido muy distinta de no haber existido esta relación. Él se lo reconoce y sabe de ese sacrificio voluntario, siempre presente en los poemas de admiración y amor que le dedica. Más de 700 cartas y 55 poemas forman el núcleo de éste Monumento de Amor. Una vida plena de altibajos, como cualquier relación, pero sin que nos deje espacio para manipulaciones y tergiversaciones sobre la relación elegida libremente por ambos, que tanto daño especulativo les ha hecho y que se extiende a los sucedáneos que no han sido capaces de penetrar en su verdadera historia. ¿Qué tendrían que decir ahora quienes así actúan ante la propia expresión de Zenobia?: “Anoche cuando me fui a la cama –decía Zenobia en 1919- me sentía toda llena de alegría de pensar que me había casado contigo. Porque la verdad es que, aparte de querernos, con nadie lo pasamos tan interesantemente como el uno con el otro”. Ahora, los dos aparecen desnudos ante el lector, tal como el propio Juan Ramón decidió al querer publicar estas cartas, que quedaron ocultas tras su muerte en gavetas custodiadas en la Sala que les dedicó la Universidad de Río Piedras, en Puerto Rico.

Páginas 1282 y 1283 del libro.
Páginas 1282 y 1283 del libro.

El empeño de la familia consiguió que llegaran a España las cartas fotocopiadas, con algunas mutilaciones que ha habido que recomponer. Una maleta, en viaje de Puerto Rico a España, en 1995, contuvo tan valioso equipaje de amor. Carmen Hernández Pinzón, junto a su padre, estuvo durante años transcribiendo cartas y poemas, y ahora María Jesús Domínguez Sío las ordena cronológicamente, tras descifrar no solo lo escrito, sino los numerosos datos que en ellas se contienen. Nombres, fechas, ciudades, situaciones que conocemos gracias a su grandioso trabajo desarrollado en los últimos cinco años. Trabajo de chinos, dice ella, “porque era un gran puzle que ha habido que recomponer”. En realidad, más de 1.300 páginas y eso que se ha evitado notas y cartas que apenas aportaban nada nuevo o eran reiterativas, pero de 1913 a 1956 podemos recorrer en sus misivas una apasionada relación de una pareja tan singular, como lo fue la de Zenobia y Juan Ramón. Ella, tan con los pies en la tierra, poniendo sentido común en todo cuanto hace; él vagando en sueños al aire de su poesía.

monumento de amor juan ramon zenobia“Sí, Zenobia; no he encontrado nunca una mujer que fuera más de mi gusto que tú, Por eso he pasado por tantas penas como me has dado, sin nunca sucumbir del todo en la lucha”, le escribe Juan Ramón a su amada, en septiembre de 1915, poco antes de que la madre de ella tratara de que se olvidara del loco poeta enamorado llevándosela a Estados Unidos, adonde él la seguirá para casarse en 1916. Conocíamos el ya centenario Diario de un Poeta Recién Casado, para penetrar en esas sensaciones de Juan Ramón en su última búsqueda de Zenobia, pero ahora tenemos las cartas de ambos, más intimistas, esclarecedoras y completas de los vaivenes de esa relación. Y no solo el aluvión de intercambio epistolar en la época del noviazgo (la mayoría), sino de todas las separaciones geográficas que en vida tuvieron. Dice María Jesús, que Zenobia es la mujer con la que Juan Ramón siempre había soñado, por eso el desasosiego de la “fatalidad amorosa” que aparece en las primeras cartas; sin embargo –apostilla- “no hay Juan Ramón sin Zenobia, ni viceversa”. Y es que todo cambió para ambos desde que se unieron en matrimonio, en 1916, en Nueva York. Ni la guerra civil ni el exilio los separó. Las dificultades los unió más y ambos se sintieron como uno. A partir de ahí, hasta que la muerte de Zenobia, coincidiendo con la concesión de Premio Nobel, en 1956, los separó. Juan Ramón no superó la muerte de su amada Zenobia, dejó de escribir y se dejó ir, siendo la muerte la que los volvió a unir en la eternidad. Tras 40 años, sus vidas en sus cartas, donde cada uno encuentra la expresión de su intimidad compartida. Los dos están hoy enterrados juntos en Moguer.

Inmenso Amor

Si, es verdad, nos amamos. Pero ¡es tan corto y tan
pasajero este lugar en donde nos amamos, este
mundo insuficiente para el que ama!

¡Amor, inmenso amor, que poco espacio y que
poco tiempo tienes para amar, para dar y recibir amor!

Poema de Juan Ramón en Monumento de Amor.

Deje un comentario

Su dirección de correo no será publicada.