Pieles

Este fin de semana llega a la gran pantalla esta película que supone el debut como director de largometrajes de Eduardo Casanovas.

Ana Polvorosa es la protagonista de 'Pieles'.
Ana Polvorosa es la protagonista de ‘Pieles’.

Carlos Fernández / @karlos686. Eduardo Casanova es un director novel (en cuanto al largometraje, ya que viene de muchos cortometrajes en los últimos años) que polemizó el último Festival de Málaga y Berlín con Pieles. Muchas veces sucede que la personalidad de un director es fuerte y se hace presente en una película sin interferir en la historia, lo que vendría a ser un boicot del propio autor contra su propia obra lo que denota un error garrafal.

Pieles y su director y guionista, Eduardo Casanova, es por desgracia, un ejemplo de esto mismo, del ego de un director que se ha comido su película. El barroquismo visual de esta película trash con gran influencia del cine de John Waters, David Cronemberg o Todd Solondz con ciertos niveles de Wes Anderson, en cuanto a la simetría de muchísimos planos, denota no solo la falta de originalidad que se acuña tanto este director, que parece un producto de él mismo a la hora de promocionar su película, sino de la falta de discurso que posee la historia (que no el apartado visual).

pielesEduardo Casanova no piensa en el espectador ni en sus personajes, está más preocupado de la dirección artística y de “embellecer” lo polémico y extravagante de sus personajes que son sus deformidades, aunque el director presuma de ir al corazón de los mismos (pese a ello el cartel de la película habla por si solo de las motivaciones morbosas que tiene la película para atraer al público).

Pieles es una película tan pretenciosa y tan pensada para no dejar indiferente que descubres su trampa tras los pocos minutos de proyección y es que esta no es una película diferente, es un capricho esteta con el disfraz de cine de explotación. Es decir, es un puré de un mundo moralista lleno de sermones al espectador con aires de rebeldía y transgresiones (tal y como viene anunciándose desde hace meses) que denota el párvulo que es su director para hablar de la “oscuridad” del alma humana, si es que esto supone alejarse de su poco interesante punto de vista.

Obesidades mórbidas, rostros de mujeres acromegálicas y de hombres de cara cremada, enanas lascivas y en medio de un cromatismo rosa que acuna el sexo bizarro y que preside toda la película, aparece el fondo moralista que invita a la bondad del ser humano pese a sus hipocresías socioculturales. Casanova se convierte así en un buenazo que quiere ser gamberro. Tras esta galería de cine parafílico, y algo grimoso, llamado Pieles, aparece la decepción. La decepción que acompaña todo su visionado y la decepción de que jóvenes directores en este país tengan que hacer mucho ruido para que sus películas sean vistas.

Como cine de explotación, Casanova tiene el suficiente mal gusto para hacer honor al género (que es lo que se espera de una película como Pieles y esto no es malo), pero como director de cine no aporta nada nuevo salvo infantiles planteamientos del alma humana presumiendo de ser tan geniales como lascivos. Desfigurar a unos personajes físicamente (como ya vimos en La parada de los monstruos, El hombre elefante o la reciente Tusk) tiene unas connotaciones que acercan al hombre como monstruo mientras que el verdadero monstruo, la verdadera deformidad, se encuentra en quienes físicamente son impecables y miran por encima del hombro a los “extraños”, a los monstruos en apariencia pero ángeles en su interior. En resumen, ves venir la película a los cinco minutos de empezar y el viaje es moralista, cansino y saturado. Una mala película, con mal gusto y no en el sentido que todos esperan.

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