El compromiso social contra el cambio climático

Actualmente se busca el crecimiento de la producción de bienes sin comprometer el medio ambiente, algo que tradicionalmente se consideró incompatible por parte de muchos sectores.

Un clima más variable y extremo es una de las consecuencias de este problema medioambiental.
Un clima más variable y extremo es una de las consecuencias del cambio climático.

Redacción. El sábado 18 de junio casi 200 representantes de países de todo el mundo llegaban a un pacto para luchar contra el cambio climático. El éxito de esta Cumbre del Clima fue que, tras dos semanas de reunión, se adoptó un acuerdo para tomar medidas encaminadas a reducir la emisión de gases invernaderos. Esto ya supone un avance con respecto a las anteriores Cumbres de Clima en las que los principales países emisores de gases no cumplieron la mayor parte de sus objetivos.

Uno de los aspectos que hay que destacar es que nace de la necesidad urgente de evitar un cambio climático de consecuencias difícilmente predecibles pero probablemente catastróficas. Algunas previsiones vaticinan, en general, condiciones más extremas en todo el planeta. Esto es, veranos más calurosos y secos seguidos de inviernos más lluviosos y fríos. El deshielo de los polos (que son las regiones en las que la temperatura más ha variado) ya es alarmante, y un cambio en la densidad y temperatura de los océanos acarreará cambios drásticos en el clima mundial. Una diferencia de unas décimas en la temperatura terrestre conlleva cambios en los hábitats de muchas especies marinas y terrestres, vemos cómo corren riesgo algunas especies mientras proliferan otras en lugares en los que antes no se daban. Lo mismo se podría decir sobre la aparición y proliferación de enfermedades. Desde que existen mediciones fiables la temperatura ha aumentado casi un grado, siendo este fenómeno muy pronunciado desde 1980.

Desde un punto de vista más amable y filantrópico, podemos ver el Acuerdo de París como un acto de solidaridad con las generaciones futuras, un gesto nada desdeñable para nuestra cultura que pocas veces se ha destacado por su apego a la naturaleza.

Quizá uno de los puntos que hay que tener en cuenta es que el enfoque busca una comunión en el aspecto económico y el ambiental. Esto nace del reconocimiento de los efecto que la actividad industrial de otros países tiene sobre los demás y que lo convierte por eso en una necesidad conjunta. Una gran diferencia con el Protocolo de Kyoto, de escaso alcance, fue establecer unas metas de limitación de emisiones y dejar a la voluntad de cada país los métodos para alcanzarlas.

Actualmente se busca el crecimiento de la producción de bienes sin comprometer el medio ambiente, algo que tradicionalmente se consideró incompatible por parte de muchos sectores. No obstante sí es necesario para ello mantener políticas que promuevan la inversión de empresas sostenibles. De hecho, el acuerdo de París ha fijado elevar los flujos financieros para ir cambiando paulatinamente hacia una economía sostenible.

En España, veremos el desarrollo de organizaciones destinadas a auditar y orientar a otras empresas para conseguir los objetivos, así como el crecimiento de compañías directamente implicadas en reciclaje y sostenibilidad. Un ejemplo de este enfoque es la organización Ecoembes, no solamente por su actividad directa, sino por su trabajo en innovación. A través de los procesos de reciclaje esta empresa ha generado 2.600 puestos de trabajo en España, 9.400 de ellos de manera directa. Esta labor ha servido para reciclar un total de 16,6 millones de toneladas de envases desde 1998, que sirvió para evitar la emisión de 16,4 millones de toneladas de CO2, y este es solamente uno de los beneficios del reciclaje, pero el que está más directamente relacionado con el enfoque de la Cumbre de París. No obstante, es la innovación el camino realmente transformador del modelo productivo, y el objetivo principal de los países comprometidos. Como dice Óscar Martín, CEO de Ecoembes: “Aunque la tecnología siempre ha estado presente en la gestión de los residuos, es desde hace unos años cuando estamos viviendo avances especialmente relevantes. El surgimiento de herramientas analíticas que permiten analizar ingentes volúmenes de datos (Big Data) han propiciado una nueva era tecnológica a la que la gestión del reciclaje no ha sido ajena”.

El acuerdo de París entrará en vigor a partir del año 2020, no obstante queda mucho camino por recorrer y los Acuerdos de París aún no sirven para alcanzar el objetivo de evitar que la temperatura no aumente dos grados durante la próxima década.

Así, es previsible que lleguen nuevas reformas con un compromiso de inversión más firme para cambiar los modelos productivos de todos los países y en España debemos estar preparados para las exigencias legales que afectarán a los modelos de producción en un futuro próximo.

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