Pasión, traición y terror, ingredientes de ‘La doncella’

La última cinta del coreano Park Chan- Wook supone un juego de tramas superpuestas que dialogan entre sí para confundir a los personajes y a los espectadores.

Escena de 'La doncella'.
Escena de ‘La doncella’.

Carlos Fernández / @karlos686. “Esta es mi opinión hoy y en este momento de mi vida”. Park Chan- Wook, director de la fascinante Oldboy (2005) es un intenso director caracterizado por su lírico romanticismo hacia los terrenos más perversos y cercanos a la locura con dosis de venganza, haciendo de reflejos esquizoides temas principales en su obra cinematográfica.

La doncella es el regreso del director coreano y establece también un regreso en forma a sus universos dotados de gran maestría con la cámara y las pasiones humanas unidas a sus perversos demonios. Narra así una red de mentiras que se retroalimentan en cada una de las tres partes en las que se divide la trama para generar una estética “hitchconiana” que bebe de una novela de la británica Sarah Waters (Falsa identidad).

Wook establece así un tablero de ajedrez lleno de inteligencia y suspicacia en el que una doncella coreana se traslada a casa de una condesa japonesa para manipular a su señora con el fin de lograr un matrimonio entre ésta y el hombre misterioso que paga a la doncella. La doncella supone un juego de tramas superpuestas que dialogan entre sí para confundir a los personajes y a los espectadores en un juego de muchos ases bajo muchas mangas.

Es una historia que entrama a tres personajes dentro de la mentira, la pasión, la traición, el sexo, el terror y la manipulación. La cámara se esfuerza con éxito en rodar las pasiones de sus personajes y las caza a la perfección y con delicadeza.

La doncella, que compitió en la pasada edición del Festival de Cannes, es un ejemplo absoluto de gran cine, negro, intrigante y con una sexualidad digna de estudio. El montaje y la banda sonora, como siempre en Chan Wook, fascinantemente hipnóticos, como todos los apartados técnicos de sus películas. Clásica y fresca a la vez (cosas que al sr. Wook se le da muy bien hacer), es una película sucia y voyeur, así como un discurso absolutamente feminista que juega con sus piezas de ajedrez para lograr un interés visual y argumental del que se goza en cada minuto de la trama.

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