Industria 4.0 y cibercalzado

A partir de ahora, serán las tecnologías las que determinarán el éxito o fracaso industrial. Esta estrategia implica, sobre todo, mucha inversión en I+D +i.

Dibujo: Carlos Javier.
Dibujo: Carlos Javier.

Vicente Vera Esteve. En esta ocasión, y con la aquiescencia de mis lectores, no tengo intención manifiesta de hablar o comentar nada de política, me refiero a la convocatoria de nuevas elecciones generales para el próximo 26 J. Es difícil no hablar del Gobierno y Oposición, porque hoy todo es política. No solamente parlamentaria y de partidos sino sus vertientes relacionadas con la política económica derivada de la buena o mala gestión de un determinado equipo de gobierno. Quiero decir que no se entiende la dinámica de un país si no contamos con una responsable política industrial, monetaria o fiscal. A lo largo de esta columna me voy a centrar en el estudio del sector calzado, obviamente, desde el lado de la industria y sus expectativas de futuro. Antes de continuar quiero dejar en la bandeja de entrada los conceptos que me gustaría reflexionar en relación con la industria zapatera: Definir el concepto que se viene publicando con insistencia en los medios: Cuarta Revolución Industrial. Industria 4.0 y el crecimiento de las exportaciones de calzado de señora como referencia de la buena salud que gozan nuestras empresas manufactureras en la Comunidad Valenciana y en la ciudad de Elda más concretamente. Desde mediados del siglo XIX hay evidencia reconocida por los historiadores de la economía de la comarca de una incipiente industria o más bien la creación y difusión por el territorio de pequeños talleres artesanales donde se fueron fabricando los primeros pares de zapatos de chicarro, señora y caballero, con el paso del tiempo se produciría la especialización por zonas muy próximas unas de otras: Elda, Elche, Monóvar, Villena, Almansa, etc. Como siempre se ha caracterizado esta forma de superviolencia a lo largo del tiempo, con mucho trabajo y denodado esfuerzo, nos adentramos en pleno siglo XX.

Será a partir de los años 1920/1930 cuando la industria recibe un fuerte impulso, tanto por la demanda de calzado militar para los soldados combatientes en Europa durante la Primera Guerra Mundial, instalándose en la zona capitales franceses y belgas para la fabricación de este calzado militar. Pocos años después, proliferan junto con los clásicos talleres las grandes fabricas levantadas con dinero autóctono y creando ya en aquellos lejanos años, sus propias marcas. Algunas de ellas llegarán a ser muy reconocidas dentro del mercado nacional, la exportación todavía no había llegado. La demanda nacional cubría la producción de las fábricas instaladas en la comarca. En este tiempo ya se había introducido cierta tecnología que permitía alcanzar unas producciones diarias importantes, además tanto las máquinas como la mano de obra vivieron unos años de necesaria complementariedad. Las plantillas llegaron a ser muy elevadas, había fábricas con 200/300 trabajadores y una óptima combinación capital/trabajo con el movimiento ludita ya alejado de esta industria.

Una vez terminada la Guerra Civil, la industria vive uno de los periodos más difíciles y complicados para la fabricación ordenada, las carencias de materias primas, los sucesivos cortes en el suministro eléctrico, etc., pero como siempre sucedía, el sector poco a poco iba renaciendo de sus cenizas, como ave Fénix. Se cruza el desierto de la cruda y fría posguerra y allá por los años 50 del pasado siglo, se empezará a ver un poco de luz, no olvidamos que estamos aislados del mundo absolutamente, seguimos sin la válvula de la exportación, se carecía de una peseta convertible todavía y el sector se concentra en la demanda procedente de las grandes capitales y ciudades españolas. A partir de 1959, con el milagroso Plan Estabilización Económica provoca una relativa apertura hacia el exterior: Europa y los EEUU. Periodo magníficamente narrado por los economistas Juan Velarde, Fabián Estapé, Tamames, Juan Sardá etc, y políticos como Alberto Ullastres, también economista y Ministro de Comercio auspiciador de la apertura de las negociaciones que terminarían años más tarde con el ingreso de España en la Comunidad Europea.

Entre los años 60/70 España y sus zapatos da un salto cualitativo y cuantitativo en lo que a exportaciones se refiere y nos convertimos en importantes productores de calzado con reconocimiento internacional, y así hasta nuestros días. No podemos olvidar el daño causado por las importaciones de China, los efectos negativos de una globalización geopolítica muy severa que supuso una obligada transformación económica del sector, renovando viejas fórmulas de comercio que ahora resultaban inservibles y caducas. De nuevo los fabricantes aunaron esfuerzos y supieron adaptarse a las nuevas exigencias de los mercados internacionales. Y de repente nos encontramos con la Cuarta Revolución Industrial, esto es, la aparición con fuerza de la economía digital, la Industria 4.0 que implica una nueva vuelta de tuerca en las formas de producir y comercializar el producto final. Es decir que la implantación de todos los dispositivos digitales y de venta están desarrollando una perfecta revolución en el campo del marketing. Antes un empresario necesitaba un ejército de viajantes con sus respectivos “maletones” conteniendo las muestras de sus colecciones de zapatos y salir a cumplir una ruta comercial, nacional y/o internacional. Sin embargo, actualmente, con una tablet, un personal computer o incluso con un smartphone tienes el recorrido hecho y además la fábrica recibe su pedido en tiempo real y personalizado. Desde Bruselas se viene impulsando la necesidad de adaptarse a este conjunto de tecnologías innovadoras que conforman lo que se denomina “La Fábrica del Futuro”, incluyendo los avances en robótica y el desarrollo de la European Innovation Agenda. Fábricas absolutamente interconectadas con todos los elementos que componen la cadena de valor de la fabricación de calzado: Diseño, proveedores, clientes y financiación. , sin olvidar la tenaz y constante búsqueda de fórmulas que acentúen niveles excelentes en competitividad internacional. Ahora solo queda que este gran desafío que tiene por delante el sector calzado llegue a calar en el ámbito social. A pesar de la automatización y robotización futura siempre será necesaria la intervención, y la participación de hombres y mujeres allí donde la tecnología no llega. Como apunte final, podría asegurar que mediante la paulatina consolidación de los nuevos modelos de negocio, que de forma inexorable se verán implantados en el mundo zapatero, auguramos unos niveles de productividad y competitividad muy favorables para el futuro crecimiento de las exportaciones.Por consiguiente, esperamos unos resultados óptimos para mantener el liderazgo del sector en los distintos ranking e informes de coyuntura, que sucesivamente se presentarán a la sociedad, confirmando, por lo tanto, un horizonte económico de estabilidad y crecimiento. Sería una muestra más de agradecimiento y homenaje a todos aquellos fabricantes e industriales que desde finales del siglo XIX se iniciaron en este complejo mundo de la manufactura del calzado.

 También puede seguir a Vicente Vera en www.quemarropa.com

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