Salvajismo y carne fresca. La sociedad de las mentiras

Un cerebro cultivado y decidido podrá disfrutar de una película idiota sin complejo ni culpa, pero un cerebro vago solo oirá lo que quiere oír.

Una parte del cuadro de Goya 'Saturno devorando a su hijo'.
Una parte del cuadro de Goya ‘Saturno devorando a su hijo’.

Carlos Fernández / @karlos686.  “¡Prevenidos chicos, soltamos playback!” Eso es lo que escuchan aquellos que conocen la verdad, pero nosotros solo oímos una canción que empieza en nuestra televisión. No entraremos en qué es verdad y qué mentira, pues nunca nos pondremos de acuerdo; ese debate es con uno mismo, no con los demás.

El día que aceptemos que somos unos inocentes creyentes de mentiras quizá muera la televisión pero… ¿y si nos interesara vivir engañados? ¿Quién querría vivir engañado? El que gana un beneficio haciéndose el tonto. Ocurre lo mismo que con una comedia gamberra, una película poco intelectual o un libro chorra: nuestro cerebro dice “no” pero nuestro placer dice “sí”. El mal gusto es lo que deseamos y el intelecto decide respirar un poco.

Cultivar el cerebro con lectura y cine de calidad es el mayor regalo que podamos hacerle y es algo que olvidamos con nuestras rutinarias vidas basadas en horarios y en la falta de libertad. Dicho todo esto, ¿quién no prefiere una película de Martin Scorsese frente a una del sobresaliente Ingmar Bergman? ¿O quien no preferiría una de Tarantino frente a un melodrama victoriano? Quizá el denominado “gafapastismo” y “hipterismo” decida ocultar su oscura y sucia realidad (qué les gusta el mal gusto), pero yo creo que una película idiota que te haga sentir animado es tan elevado como una película inteligente que te hace sentir alicaído.

¿Cuestión de gustos? No pensemos que nuestro gusto está construido y perfilado por nuestra personalidad, pues el gusto es una construcción social como han afirmado muchos sociólogos antes que yo. Para reconocer esto hay que ser consciente de lo poco que somos en relación al mar de humanos, seres y circunstancias que habitan el planeta. Dicho esto, queda “muy bien” renegar del placer, de la filosofía en los institutos, de toda la violencia posible en nuestra sociedad… Estamos siendo tan morales y políticamente correctos que estamos creando una sociedad represiva, que prefiere creer que los debates rosas del corazón son reales en vez de pactados, y parece que les enseñamos a los menores que el sexo es malo. ¿Qué ocurre cuando se prohíbe algo?: se hace más atractivo.

Como dijo Oscar Wilde, “la mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella”, pero este secreto no será revelado por la tele, fuente de mentiras, sino por los abandonados libros, fuente de verdades. Un cerebro cultivado y decidido podrá disfrutar de una película idiota sin complejo ni culpa, pero un cerebro vago solo oirá lo que quiere oír y eso es, en la humilde opinión de un servidor, lo más peligroso que puede dársele a una generación. La única forma de amar es amarse a uno mismo y la única forma de amarse a uno mismo es aceptando que somos tan puros como sucios al mismo tiempo.

Para más ejemplos de la hipocresía y de la falta de libertad en la era audiovisual pueden acceder a películas como Network de Sidney Lumet, El escándalo de Larry Flynt de Milos Forman o la reciente Mi gran noche de Álex de la Iglesia.

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