Semáforos en la niebla

El Ministerio de Economía aprobó el pasado mes de noviembre una orden ministerial que establece un sistema de semáforos o números para alertar sobre el riesgo de los productos financieros.

SEMÁFORO FINANCIEROVicente Vera Esteve. A pesar de este titular tan urbano no les voy a hablar de la historia de este útil artefacto tan cotidiano en el entorno de nuestra ciudad y que según el Código Nacional de Tránsito sirve para ordenar la circulación en aquellas vías donde se da un mayor flujo de vehículos, y es definido como un dispositivo electrónico capaz de regular el tránsito de peatones y vehículos mediante el uso de señales luminosas. Esto es en teoría porque todos sabemos que en el momento en que nos convertimos en peatones no siempre se cumple la normativa de dichas señales luminosas así como tampoco son respetados los pasos de cebra o de peatones. Creo que en la historia de la civilización moderna el paso de cebra más respetado sigue siendo el que ilustra la portada del álbum Abbey Road de The Beatles.

Por otro lado, algún lector de este artículo y que haya superado la barrera de los ventipocos años, habrá pensado y recordará aquel programa de TVE dirigido por Narciso Ibáñez Serrador y presentado por Jordi Estadella, tristemente fallecido. Este programa, El Semáforo, fue emitido durante los años 1995-1997. Era una época difícil también, la tasa de paro rondaba el 24%, una época de reconversiones industriales y en 1995 se aprobó el famoso Pacto de Toledo en el Congreso de los Diputados. Cuento todo esto para que podamos entender cuáles fueron las políticas económicas y culturales de aquellos tiempos que parecen ya demasiado lejanos y se nos olvida todo con demasiada rapidez. El objetivo de los gobiernos no era otro que crear motivos de risas y diversión, despreocuparnos por la profundidad de la crisis y pensar en otras cosas. Qué mejor que disponer en la televisión de programas estrambóticos como éste, rayando en lo patético cuando el público participaba aprobando la mayor o menor calidad de las actuaciones con aplausos o explosivas caceroladas, provocando un estruendo tremebundo en los hogares de los españoles.

Como la coyuntura presente en nuestro país e internacionalmente no es nada buena, y lo que se presagia es más de lo mismo: crisis sobre crisis y tiro porque me toca. Aún no hemos resuelto la gravedad de lo ocurrido en 2008 y se nos anuncia a todo trapo que viene una y gorda. Y siempre por lo mismo, los bancos y las finanzas. Es evidente que estamos inmersos en una profunda debacle por la ingente bola de deuda que circula de un continente a otro buscando un margen de rentabilidad que llevarse a la boca, en este caso a la cartilla. La violenta pugna por el reinado de las divisas en los mercados internacionales nos está llevando, mediante el vehículo de la globalización, a situaciones similares a una erupción volcánica o hacia un seísmo de escala incierta todavía. Aunque haciendo caso al gurú de los negocios Nassim Taleb, muy conocido por su libro El cisne negro. El impacto de lo extremadamente improbable, sostiene que gran parte de los economistas y banqueros son peligrosos porque viven en un mundo de fantasía y creen que el futuro puede ser controlado a través de sofisticados modelos matemáticos y elaborados sistemas de administración de riesgo.

Y el caso es que yo les quería hablar del semáforo financiero. El Ministerio de Economía aprobó el pasado mes de noviembre una orden ministerial que establece un sistema de semáforos o números para alertar sobre el riesgo de los productos financieros. Desde ya las entidades financieras tienen la obligación de señalar con un color, dentro del abanico cromático autorizado, el grado de complejidad o dificultad de un producto financiero determinado a la hora de contratar con la entidad bancaria. Se le otorgará un color (gama de verdes, amarillo y rojo) o un número (del 1 al 6) de menor a mayor riesgo a la hora de recuperar nuestra inversión ante una incidencia concreta. Es aconsejable que cuando contratemos cualquier producto financiero, tengamos en cuenta los siguientes aspectos: seguridad, no existe peligro de perder el capital invertido; liquidez, podemos recuperar el dinero en cualquier momento; rentabilidad, conocer muy bien el rendimiento económico; fiscalidad, conocer las posibles deducciones fiscales y finalmente; la garantía en cuanto a la inclusión en el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD).

Una vez que esta operativa entre en funcionamiento pensaremos en la posibilidad que alguna vehículo financiero tenga la temeridad de saltarse este semáforo tan particular. A pesar de la buena voluntad de este instrumento o herramienta financiera no dejaremos de recurrir a un buen asesoramiento personal. Siempre quedan flecos y resquicios no cubiertos por esos artilugios y el lobby de la banca ya sabemos el peso que tiene en nuestra economía.

Hoy no les he hablado de política, me mantengo en lo dicho en anteriores artículos, es urgente la institución de un gobierno estable y reformista. Vivimos tiempos de zozobra y turbulencia. No podemos echarlo todo a perder.Cuidado con las agencias de riesgo, nos pueden hacer mucho daño. Aunque yo siempre digo, me sirve como indicador de la gravedad económica, mientras la compañía Inditex /Zara siga comprando inmuebles millonarios, abriendo tiendas en cualquier rincón del mundo, las cosas no estarán tan mal. Ahora bien, si observo desmantelamiento de inmuebles, caída de su posición en bolsa, etc, entonces empezaré a preocuparme. De momento me fío del índice Zara/ Inditex. El banquero suizo Félix Somary (1881-1956), le llamaban el “cuervo de Zurich”, llamado así porque “graznaba” constantemente durante aquella época previa a la debacle de Wall Street, alertando del inminente crac bursátil y financiero que se avecinaba. Esto de los graznidos, deduzco, también puede ser un popular índice alternativo.

El economista Liaquat Ahamed, Premio Pulitzer de Historia, cuenta en su magnifico libro Los señores de las finanzas. Los cuatro hombres que arruinaron el mundo, pequeñas y grandes historias sobre los banqueros centrales de Europa y los EEUU durante el periodo de entreguerras, y relata que el maestro Keynes no había abandonado completamente su función como ejerciente de “tábano” de la ortodoxia económica. En su nuevo libro, Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero (1936), trataba de plasmar un retrato más detallado de los senderos por los que discurría el dinero con el fin de comprender mejor el origen fundamental de la inestabilidad que consideraba inherente al sistema crediticio del capitalismo moderno. Pues eso, sigamos leyendo a Keynes. Y también al poeta Jose Manuel Caballero Bonald (1926), Premio Francisco Umbral por su poemario Desaprendizajes.

 También puede seguir a Vicente Vera en www.quemarropa.com

Deje un comentario

Su dirección de correo no será publicada.