El clima laboral II: las distintas formas de “vivir” el mundo del trabajo

La persona, el trabajador debe discernir y valorar en todo momento el “saber pedir y saber dar”.

José Manuel Brunet Sahún. En el anterior artículo sobre este tema, se hacía referencia a las consecuencias de un clima laboral nefasto motivado por la realidad de la empresa, de sus jefes, de sus trabajadores y otras circunstancias coyunturales, crónicas y desfavorables, que contribuían, y de qué manera, a generar un resultado perverso. “Aquí no hay quien trabaje a gusto, al menos yo no puedo”. Analicemos esta lamentación centrando el objetivo en las personas, los trabajadores, el activo humano.

El trabajo en el ser humano, aún siendo una actividad tan importante, forma parte de todas las demás que conforman su comportamiento. Es decir: uno es como es, incluso en el trabajo. Así somos, y así nos va. Una primera reflexión de carácter general es la necesidad de llevarse bien con los demás. Como apunta el gran conocedor y estudioso de la psicología humana, Bernardo Stamateas, son imprescindibles las relaciones sanas, comenzando por las interpersonales, dar validación al entorno, ser optimista, saber escuchar y ser tolerante. Estos son parte de los cimientos sobre los que se basará nuestro éxito y/o felicidad laboral. Todo ello es personal y gratuito. No se compra, se posee. La persona, el trabajador debe discernir y valorar en todo momento el “saber pedir y saber dar”. Sí, saber dar para poder recibir sabiendo cómo. No es un juego de palabras y verbos… Para ello existe una palabra mágica: motivación, que conlleva unas obligaciones y resultados milagrosos. La motivación lleva al entusiasmo y éste aporta felicidad de forma directa.

El trabajador, pero en especial si ocupa puesto de líder o jefe, debe ser motivador con sus subordinados e iguales, adornándose de estas “virtudes”: tiene empatía. Sonríe (también muy barato), elogia (sin ser pelota), permite que el otro sea el protagonista, está en contacto visual con sus acompañantes, usa y practica el lenguaje no verbal. Todo ello transmite una motivación responsable que desemboca en la automotivación. Cuando el trabajador está automotivado, los resultados de su estado de ánimo, entorno y beneficios productivos, se dan por hechos. Son evidentes. Pero no todo es fácil, bonito y, menos aún tan sencillo. ¿Qué actitud llevamos al trabajo cada día de las semanas del año? Si los enumeramos en una escala del uno al cuatro, resumidos y de forma general, ocupamos uno de esos peldaños. Veámoslo de abajo a arriba:

Los amargados. Odian su trabajo. No están de acuerdo en nada: ni en su empleo, retribución ni servicios que prestan. Por ello no disimulan su malestar en todo momento. Lo hacen ostensible en su lenguaje corporal y verbal, la expresión de su rostro. El “mal genio” permanente es su divisa y el mundo entero tiene la culpa de haber generado un sistema tan injusto. Ellos son las víctimas por evidencia y… porque no cesan en manifestarlo y recordarlo. En otro escalón se encuentran los que “responsablemente”, cumplen con lo que hace. Afortunadamente, suelen ser mayoría. Pero, ¿cómo lo llevan? Pues con impotencia, resignación e indiferencia. Les es muy dura la vida laboral. Están prisioneros en ella. Les gustaría cambiar pero… va a resultar imposible. En la rutina diaria está enterrada su ilusión de vida laboral, su sueños y hasta su energía vital. Es un determinismo cruel. Priva la necesidad del dinero, la adquisición de bienes, la reparación del estrés en el fin de semana y vacaciones. Sin solución ni avances en tanta ilusión frustrada, se produce el síndrome posvacacional, provocado todo ello por una constante y prolongada insatisfacción. Decepción y baja autoestima lo pagan. Sensación imperante: qué suerte tener trabajo, pero ¡a qué precio!

El tercer escalón mejora y mucho a los anteriores. Sí, son trabajadores con inteligencia emocional, deprenden energía positiva. Ésta ayuda a superar las dificultades del trabajo que no son pocas ni fáciles. Esa actitud positiva los lleva a aprovechar las oportunidades de aprendizaje. Valoran y estiman lo que es de provecho y destierran la lamentación y el pesimismo. Les invade un positivismo que aderezado con humor, conlleva a un clima agradable del que se benefician no solo ellos sino también, y mucho, su entorno. El clima de confianza, complicidad y camaradería fluye de forma natural y todos se sienten bien y mutuamente en su interactuación. Ya es un escalón envidiable y altamente deseable. Por ello, precisamente, conseguible y practicable.

El cuarto peldaño es para trabajadores que son especiales también lógicamente como personas. Es el final más alto de la escalera. Son los enamorados de lo que les gusta. Y eso es precisamente lo que hacen. Porque lo saben hacer, no les cuesta, son felices y disfrutan. ¿Quién da más? Tienen vocación. Esta realidad los lleva al altruismo y la generosidad. Tienen respeto por el trabajo escogido puesto que su misión y propósitos son excelentes, altos de miras.

Su actividad es útil y creativa para ellos y los demás. Su trabajo merece respeto y así lo expresan con pasión y entusiasmo. La lógica y la razón no son prioritarias. Como consecuencia, despliegan el inmenso potencial que se alberga en cada uno y su fortaleza les permite no tener horarios, ni trabajo, ni retribuciones… ni nada. Son personas afortunadas y agradecidas por el aprendizaje realizado. También resilientes en el dolor y la adversidad. Son felices en el trabajo. Disfrutan en su clima laboral.

Querido lector: ¿conoces a algunos? ¿Estás entre ellos? ¿Vale la pena encontrar tu lugar y tu plenitud en este mundo laboral? ¿Cabemos todos en este peldaño? Intentémoslo. En todo caso, por probar que no quede….

One Response to "El clima laboral II: las distintas formas de “vivir” el mundo del trabajo"

  1. Daniel Rubio   noviembre 30, 2015 at 6:27 am

    Estimado José Manuel,

    Me alegra haber descubierto tu columna. Como siempre, lo que escribes invita a la reflexión y, de alguna forma, motiva. Das en el clavo y no escondes tus palabras bajo ningún artificio. Aquí tienes a un parroquiano más que se dejará caer por esta página cada semana, para ver si hay novedades.

    Un abrazo desde el lejano Oriente.

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