‘Jurassic World’, un producto, no una película

La historia vuelve a llevarnos a la Isla Nublar veinte años después de los desastres, maravillosamente rodados por el mejor Steven Spielberg (productor ejecutivo de esta película), que acarrearon unos dinosaurios devueltos a la vida gracias a la ciencia pero no a la selección natural.

Fotograma de Jurassic World.
Fotograma de ‘Jurassic World’.

Carlos Fernández / @karlos686. La falta de perspectiva puede ser peligrosa ante una continuación, ya su cuarta entrega, de una saga cinematográfica. Jurassic World bebe de las tres anteriores películas pero no sabe absorber bien el alimento. La historia vuelve a llevarnos a la Isla Nublar veinte años después de los desastres, maravillosamente rodados por el mejor Steven Spielberg (productor ejecutivo de esta película), que acarrearon unos dinosaurios devueltos a la vida gracias a la ciencia pero no a la selección natural.

El contenido ético tan interesante, sin olvidar el espectacular sangriento, dotaba a las dos primeras entregas de la saga de un interés más allá de las espectaculares escenas de acción. Los personajes de la novela de Michael Crichton tenían carisma, personalidad y amor por su trabajo lo que les hacía ser la víctima perfecta para estos perfectos dinosaurios. En Jurassic World los personajes carecen de interés, son pobres de motivaciones y crean gags involuntarios.

El diseño artístico, visual y de sonido, especialmente sonido, dota a la película de lo mejor posible para hacer de la nada dinosaurios y de esos dinosaurios cine. El problema de Jurassic world, obviando lo técnico, reside en lo narrativo. La historia además de resultar absurda o predecible hace que me plantee: ¿Cómo una película llena de dinosaurios puede ser aburrida? La respuesta es bien simple: Jurassic world no es una película, es un producto. Muchos somos conscientes de ello al entrar al cine a verla y no le exigimos mucho más que unas bonitas imágenes.

Sin embargo, esta película hace que me plantee también si realmente le gusta al público o si ya se han sentado en la sala predispuestos a que les guste debido a la saturación de anuncios que les ha llevado al cine. La crisis creativa de las historias en las grandes producciones cada vez deja más notar la falta de originalidad o la más mínima preocupación por una estructura para una entrega de una saga ya conocida por todos. También influye un papel importante el romanticismo o fanatismo que sentimos los que admiramos la película original de 1993 pero hay cosas que es mejor dejar en el pasado ya sean dinosaurios o sagas cerradas.

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