El Abrigo de Benzú, una de las zonas más antiguas del planeta explotada por sociedades primitivas

Este yacimiento paleolítico se encuentra en Ceuta, junto a la Cueva de Benzú, también de gran interés arqueológico y correspondiente al Neolítico. En este área se han llevado a cabo recientemente nuevas excavaciones que ahondan en la singularidad de este emplazamiento, del que aún queda mucho por descubrir.

Situación del Abrigo de Benzú.
Situación del Abrigo de Benzú.

A. R. E. En 2001 expertos de la Universidad de Cádiz se hallaban en Ceuta para realizar, a petición del Gobierno de la Ciudad Autónoma, una Carta Arqueológica Terrestre de su Término Municipal. En éstas estaban cuando el arqueólogo Darío Bernal descubrió en la zona más noroccidental de Ceuta, en el litoral del Estrecho, lo que bautizaron como la Cueva y el Abrigo de Benzú, un doble yacimiento arqueológico de ocupación neolítica el primero y paleolítica el segundo, que destacan, entre otros factores, por la antigüedad de sus recursos marinos.

Excavación en el yacimiento.
Excavación en el yacimiento.

Desde su hallazgo, la zona no ha dejado de ser estudiada por parte de especialistas en diferentes disciplinas. El profesor Bernal se puso en contacto con el experto en estudios prehistóricos paleolíticos y neolíticos José Ramos, también de la Universidad de Cádiz, siendo ambos quienes han liderado el proyecto desde entonces.

Actualmente, el equipo interdisciplinar de investigación lo componen más de 30 profesionales de las universidades de Cádiz, Huelva, Córdoba, Alcalá de Henares, Uned, Csic-Barcelona, Instituto Geológico y Minero de España…, con la participación de prehistoriadores, arqueólogos, geólogos, biólogos, expertos en fauna terrestre, en fauna marina, en polen, arqueobotánica, etc. que analizan los diferentes componentes y apartados de los estudios cuaternarios.

Estratos del Abrigo.
Estratos del Abrigo.

Recientemente, en concreto a finales del mes de marzo, se ha llevado a cabo en el yacimiento de Benzú la sexta campaña de excavación desde su descubrimiento, en la que el Gobierno ceutí ha invertido un total de 24.000 euros. Las dos primeras se centraron en prospecciones en el entorno de Ceuta, las siguientes en el estudio de materiales y las dos últimas en Cueva de Enrique, un lugar próximo al Mogote de Benzú, donde hay numerosas cavidades taponadas correspondientes a la misma época tanto del Abrigo como de la Cueva.

Y es que ambos espacios corresponden a periodos distintos. El Abrigo fue ocupado durante el Paleolítico, hace aproximadamente entre 254.000 años y 70.000 años. “Son ocupaciones cíclicas y recurrentes de grupos humanos de cazadores-recolectores que además aprovechaban y recolectaban recursos marinos, como la malacofauna y los peces”, explica el profesor Bernal. Sin embargo, la Cueva posee signos de ‘habitabilidad’ durante el Neolítico, hacia el 6.000 a.C. por parte de “grupos humanos agropecuarios, y se ha evidenciado un enterramiento, así como zonas de consumo”.

Recreación de la explotación de los recursos marinos inmediatos al Abrigo. / Imagen: Antonio Monclova.
Recreación de la explotación de los recursos marinos inmediatos al Abrigo. / Imagen: Antonio Monclova.

De las ocupaciones del Pleistoceno del Abrigo no hay evidencias antropológicas todavía, pero la antigüedad de la explotación de recursos indica su gran interés y alcance, uno de los más antiguos del planeta por sociedades primitivas. Corresponden a registros cuyos autores se asocian en Europa con los neandertales y en el norte de África se vinculan a los hombres modernos. “Pensamos que no está dicha la última palabra y que queda todavía mucha arqueología por realizar en Benzú y en su territorio inmediato, también en la propia definición antropológica de sus ocupantes”, manifiesta el otro responsable de las investigaciones, José Ramos.

Como recuerda el experto, las sociedades que ocuparon el Abrigo de Benzú estaban formadas por grupos de cazadores-recolectores explotadores de recursos marinos, cuya esperanza de vida superaba escasamente los 40 años. Los individuos formaban bandas de no más de 40 miembros y eran sociedades nómadas, aunque tenían un componente estacional en sus ocupaciones. Habitaban en el entorno de Benzú, y sus zonas próximas, pues también se han descubierto testimonios similares en el área de Tetuán, en Marsa y en valles próximos. Distribuían y repartían los productos de sus actividades de caza y pesca, siendo sociedades muy igualitarias y con gran solidaridad. Los riesgos y dificultades de su vida les hicieron profundizar y alcanzar grandes valores humanos en dicho sentido de apoyo mutuo.

Fauna marina de más de 150 años en el Abrigo de Benzú.
Fauna marina de hace más de 150 años en el Abrigo de Benzú.

Por otro lado, los ocupantes de la Cueva de Benzú eran ya sedentarios. Llevaban a cabo prácticas agrícolas y ganaderas, manteniendo la caza, la pesca y la recolección de recursos del mar. Son ya tribus con gran base parental y mayor limitación de sus desplazamientos.

A estos datos se añaden los descubiertos en las dos últimas campañas de excavación, llevadas a cabo en la llamada Cueva de Enrique. “Sabemos que el Abrigo de Benzú era un cazadero de grandes herbívoros, que ocupaba un lugar muy destacado para el oteo de la caza, que reunía condiciones muy favorables para la vida, con posibilidades de caza de grandes animales en el Pleistoceno, con acceso cercano a las materias primas con las que elaboraban sus herramientas y donde descuartizaban y consumían los animales, tanto terrestres como marinos (lapas, conchas, peces). Usaban el fuego y se refugiaban en un abrigo que era mucho mas grande que en la actualidad”, indica el profesor Bernal.

Productos líticos tallados característicos de Benzú.
Productos líticos tallados característicos de Benzú.

Asimismo, Ramos complementa la información de su colega añadiendo que “en el mismo Mogote de Benzú, en su parte alta hay varias cuevas soterradas y colapsadas que ofrecen la posibilidad de ser los lugares del hábitat más o menos semisedentario de estos grupos humanos. Los hallazgos documentados en las dos últimas campañas de excavación en Cueva de Enrique prueban que había ocupaciones paleolíticas y neolíticas en la zona, en la parte alta del Mogote de Benzú, vinculadas con los ocupantes del Abrigo y Cueva”.

Pero este yacimiento al norte de África plantea, además, diversas cuestiones debido a las similitudes que presenta con otros situados al sur de la Península Ibérica. A este respecto, los directores de las excavaciones en Benzú aseguran que se trata de un tema “muy debatido por la Antropología y la Arqueología Prehistórica. El estudio de Benzú muestra las similitudes de la tecnología (herramientas, estilo de la producción de las piedras talladas) y de los modos de vida (utilización antigua de los recursos marinos hace más de 150.000 años) en las dos orillas del Estrecho de Gibraltar. Nosotros planteamos como hipótesis de trabajo la sintonía de ambos grupos: neandertales en el sur de Europa y grupos de Benzú –todavía no definidos antropológicamente-, lo que indicaría similitudes de modos de vida, de forma independiente a la clasificación normativa antropológica”.

La última excavación ha tenido lugar en Cueva Enrique.
La última excavación ha tenido lugar en Cueva Enrique.

Según los expertos, en el caso de la Cueva de Benzú, correspondiente al Neolítico, los contactos son mucho más evidentes, con claros ejemplos de estilos similares en la cerámica, lo lítico, en cuentas de collares… “La Prehistoria del sur de la Península Ibérica debe mucho a estos movimientos y relaciones de grupos humanos. La realidad actual es el avance y nuevos hallazgos que prueban estas relaciones y contactos, cada vez en cronologías más antiguas”, indica Bernal.

Los descubrimientos realizados en el yacimiento hasta 2012 han sido publicados por Bernal y Ramoa en la monografía El Abrigo y la Cueva de Benzú. Memoria de los trabajos arqueológicos de una década en Ceuta (2002-2012) y en los últimos tiempos numerosos trabajos sobre el mismo han sido dados a conocer a través de diferentes revistas de historia. Además, se han llevado a cabo dos tesis doctorales en torno a Benzú, una de Eduardo Vijande (2010) sobre la ocupación neolítica de la Cueva y otra de Juan Jesús Cantillo (2012) en relación a la explotación de recursos marinos en el Abrigo y la Cueva de Benzú. En la actualidad otras dos tesis doctorales –las de Antonio Barrera y Sergio Almisas- tienen con tema central diferentes aspectos de este yacimiento africano.

Recreación de aprovechamiento de recursos de animales en el Abrigo. / Imagen: Antonio Monclova.
Recreación de aprovechamiento de recursos de animales en el Abrigo. / Imagen: Antonio Monclova.

No es de extrañar que surjan nuevas investigaciones en los próximos tiempos dada la riqueza de este espacio, del que mucho queda por decir. “Seguimos trabajando con analíticas importantes de la paleoecología de Benzú, con estudios de isótopos de las conchas marinas, con estudios de funcionalidad para comprender mejor para qué se usaban las herramientas y todo el tema del aprovisionamiento de recursos líticos al yacimiento (estudios geoarqueológicos y petrológicos)”, relata Ramos.

Sin embargo, aún existen numerosos temas por investigar, como la necesidad de precisar la primera ocupación de Benzú, que los expertos saben anterior a 250.000 años. El yacimiento está dando mucha información paleoecológica, paleoclimática, cronoestratigráfica, pero es preciso documentar su antropología física para saber realmente a qué grupo humano se debería adscribir la tecnología del Abrigo.

Estudio del material encontrado en Benzú.
Estudio del material encontrado en Benzú.

Asimismo, se están estudiando nuevas cronologías para precisar el tiempo histórico y paleoambiente de las ocupaciones y aún queda por definir una posible ocupación de Paleolítico superior en la Cueva, de la que hay algunas evidencias.

Finalmente, a los arqueólogos también les interesa confirmar la relación que existe entre los testimonios documentados en Cueva de Enrique y en las cavidades colapsadas en la parte alta del Mogote de Benzú y las mejor conocidas del Abrigo y Cueva de Benzú. Esta vinculación puede, según Bernal, “abrir la posibilidad de un gran lugar de hábitat, que precise otras actividades en la vida cotidiana de un asentamiento semipermanente de cazadores-recolectores”.

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