‘Puro vicio’, una película experimental homenaje al cine negro americano

El espectador siente durante su visionado que ha entrado en un divertido mundo donde la sensación de 'estar drogado' está presente en todo el metraje.

Escena de la película 'Puro vicio'.
Escena de la película ‘Puro vicio’.

Carlos Fernández / @karlos686. Se suele decir que Clint Eastwood es el último de los grandes, pero al lado del señor Thomas Anderson es un novato. Paul Thomas Anderson, guionista y director de Puro vicio, es el último de los grandes del cine a nivel mundial. Títulos como Magnolia, Pozos de ambición o Boogie nights (de la que Puro vicio bebe bastante, al igual que de El gran Lebowsky) ya confirman lo dicho.

Puro vicio es una comedia gamberra ¿o un drama? ¿O una película experimental?… Sí, es una de esas películas inclasificables y como todo lo nuevo puede tener reacciones fascinantemente positivas o fastidiosamente nefastas. Paul Thomas Anderson no tiene miedo de dar su personal punto de vista, sabe homenajear al cine negro americano sin dejar de ser contemporáneo a la vez, sabe soltar al espectador en una trama laberíntica y sabe salir airoso de todo eso.

El director que ha sido comparado con Kubrick y Scorsese, pero siempre manteniendo su voz propia, recrea la California de los años 70 para dar vida a unos personajes, de la novela de Thomas Pynchon, e introducirles en un mundo psicodélico lleno de sexo, drogas y rock and roll. Eso sí. Puro vicio es ante todo una película experimental y rara que se esfuerza por serlo sin parecer forzado a ello. Su ritmo no es intenso y quizá se eche eso algo de menos, pero el conjunto de la película pretende decir otra cosa ¿o quizá no quiere decir nada? No lo sé, pero la sensación que me queda como espectador es la de haber entrado en un divertido mundo donde la sensación de “estar drogado” está presente en toda la película.

Si le buscas sentido a esta película, probablemente acabes con un mareo tremendo, pero si te dejas llevar, sabrás seguirla y verás que sus dos horas y media son de lo mejor que has podido visionar en una sala de cine en mucho, mucho tiempo. Su atmósfera y su banda sonora le proporcionan una sensación de amor, terror y misterio pero nunca repartido, ya que la suma de estos tres actúa a la vez en las escenas de Puro vicio y le da una originalidad cinematográfica extraña y extrovertida, pero no presuntuosa.



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