Un descubrimiento cambia la concepción de cómo las bacterias pueden infectar nuevas especies

La investigación ha sido realizada, entre otros, por científicos de la Universidad CEU Cardenal Herrera de Valencia y tiene importantes implicaciones para la salud pública y la animal.

Integrantes del equipo de la Universidad CEU Cardenal Herrera.
Integrantes del equipo de investigación de la Universidad CEU Cardenal Herrera.

Redacción. Un equipo de investigadores liderado por la Universidad CEU Cardenal Herrera de Valencia, la Universidad de Glasgow y la Universidad de Edimburgo ha descubierto que una simple mutación genética permite a las bacterias infectar una nueva especie. La investigación, publicada en la prestigiosa revista Nature Genetics, tiene importantes implicaciones sobre el modo de evaluar el riesgo de que las enfermedades bacterianas puedan contagiarse entre seres humanos y animales.

El equipo de científicos de la Universidad CEU Cardenal Herrera, la Universidad de Glasgow y la Universidad de Edimburgo ha estudiado la bacteria Staphylococcus aureus, en concreto, 23 cepas del clon ST121, responsables de graves infecciones en humanos y de epidemias en granjas de conejos en todo el mundo. El estudio del genoma de estas 23 cepas se centró en determinar cómo esta bacteria adquirió la capacidad de infectar a los conejos hace aproximadamente 40 años. El análisis genético ha revelado que el genoma de estas bacterias está formado por unos tres millones de nucleótidos, pero, sorprendentemente, una única mutación genética en un solo nucleótido del genoma de la bacteria fue la que produjo el salto de la especie humana a los conejos.

Cambios genéticos mínimos. Según señala el profesor de la Unidad de Histología y Anatomía Patológica de la CEU-UCH David Viana, “este importante descubrimiento modifica por completo nuestra comprensión acerca de los cambios genéticos mínimos que se necesitan para que las bacterias puedan infectar nuevas especies, pudiendo provocar pandemias de nefastas consecuencias”. Aunque en el caso de la transmisión de virus entre especies ya se asumía que son necesarias pocas mutaciones, como sucede con el virus de la gripe o el VIH, “hasta ahora se pensaba que el proceso era mucho más complicado en el caso de las bacterias y, sin embargo, no lo es”, añade el profesor Viana.

La bacteria Staphylococcus aureus se encuentra en las vías respiratorias y en la piel de algunas personas. Aunque por lo general es inofensiva, esta bacteria puede causar desde infecciones leves de la piel hasta meningitis y sepsis. En los conejos, la bacteria causa infecciones graves en la piel y en las glándulas mamarias. “La industrialización de la agricultura y la globalización han proporcionado nuevas oportunidades para la transmisión de bacterias entre los seres humanos y los animales. Por eso, nuestros resultados tienen importantes implicaciones para la salud pública y la sanidad animal, al mejorar el conocimiento que tenemos sobre el modo de adaptación y las estrategias empleadas por las bacterias para producir enfermedad”, añade David Viana, profesor de la Facultad de Veterinaria de la Universidad CEU Cardenal Herrera.

Cambio de paradigma. El profesor José R. Penadés, del Instituto de Infección, Inmunidad e Inflamación de la Universidad de Glasgow, que ha codirigido el estudio, destaca en relación con este hallazgo que “la capacidad de los patógenos para alternar especies hospedadoras y dar lugar a una epidemia en una nueva población de acogida es de gran preocupación para los profesionales de la salud pública y animal. Nuestros resultados –añade- representan un cambio de paradigma en la comprensión de las adaptaciones mínimas requeridas por una bacteria para superar las barreras entre especies e infectar a nuevos hospedadores“.

El profesor José R. Penadés comparte la dirección del estudio con el profesor J. Ross Fitzgerald, del Roslin Institute de la Universidad de Edimburgo. Los tres primeros autores firmantes de la investigación son David Viana, de la CEU-UCH; María Comos, del Centro de Investigación y Tecnología Animal del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (CITA-IVIA); Paul R. McAdam, del Roslin Institute.



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