El despertar

Si de verdad ambicionamos poder mirar al futuro con optimismo, ha llegado el momento de poner en valor nuestras capacidades y despertar de la ignorancia consentida.

Un joven en Benin. / Foto: Patricia Rodríguez.
Un joven en Benin. / Foto: Patricia Rodríguez.

Patricia Rodríguez González. Podría decirse que el 2015 comienza con el temor a la incertidumbre. El miedo, la necesidad de búsqueda o la sed de cambio mueven las mayorías sin que realmente vean una opción de mejora en una u otra dirección.

La falta generalizada de liderazgo y la crisis económica son ciertamente dos factores importantes que han dirigido nuestro ánimo en esta dirección. Pero el trasfondo que actúa como elemento diferenciador es una crisis personal y de valores. Parece que hubiésemos aceptado de antemano una condena impuesta, sin haber reparado en que la mediocridad sigue siendo nuestro peor y único enemigo.

Nos dejamos llevar por unas normas socialmente aceptadas por la mayoría, sin cuestionarnos su valor, su uso o sus consecuencias. Inclusive, el imperio de la ley nos ha llevado a equiparar erróneamente lo legal con lo ético y moral per se.

Hemos invisibilizado la violencia con grandes cifras relegando el dolor ajeno a meras estadísticas anónimas y abstractas, que consuelan la indiferencia de quien las escucha.

Como resultado, la escala de grises en la que nos movemos se amplía cada vez más, adormece la conciencia y los sentimientos de responsabilidad por nuestros actos y por los ajenos que fingimos no ver.

Transgrediendo a diario la delgada línea entre lo que significa comprender y justificar, estamos abriendo posiblemente las puertas a lo que Arendt, y posteriormente Milgram, denominaron “la banalidad del mal”.

Tenemos que asumir que existe una responsabilidad colectiva e individual, empezando por uno mismo y terminando con el mundo que nos rodea; pero el incumplimiento de la primera, aunque puede desalentar, no exime de la segunda.

Por tanto, el desafío más importante al que nos enfrentamos, quizás lo estemos buscando en el lugar equivocado, puesto que no está en la economía, en la política o en los conflictos, etc. En el fondo, el único denominador común que puede producir una transformación, es un cambio personal en cada uno de nosotros. Como acertadamente enunciaba Chomsky: “Si asumes que no existe esperanza, entonces garantizas que no habrá esperanza. Si supones que existe un instinto hacia la libertad, entonces existen oportunidades de cambiar las cosas”.

Si de verdad ambicionamos poder mirar al futuro con optimismo, ha llegado el momento de poner en valor nuestras capacidades y despertar de la ignorancia consentida. Poner en valor lo bueno y rechazar lo objetivamente reprobable sin miedo. Dejar de buscar el sentido en la satisfacción inmediata, abandonando el actual “tener” para volver a “ser”.

Cuestionar la realidad tal y como viene contada, te puede llevar a descubrir que cada persona es sujeto de cambio, y recuperar la confianza necesaria para empezar por uno mismo.



2 Responses to "El despertar"

  1. Marisa Puente   enero 29, 2015 at 11:03 am

    Tener la certeza de que la esperanza no es una utopía
    Nos hará abrir la mente, no quedándonos estancados,
    En el pesimismo y la aceptación de lo que creemos es y no de lo que podría
    ser, limitando nuestra conciencia y aceptando lo que dictan los otro, que normalmente piensan y dirigen desde el interes egocentrista .

    Responder
  2. Carlos Berro   enero 29, 2015 at 3:11 pm

    Soy de los que piensan que si amas creas amor, si esperas, creas esperanza, si sonríes, creas sonrisa.
    Más que quejarse de nuestro mundo hay que crear condiciones de amor, de esperanza y de sonrisa con nuestro trabajo personal allí donde Dios nos ha colocado.
    Digo yo…

    Responder

Deje un comentario

Su dirección de correo no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.