Chazelle cuenta en ‘Whiplash’ una historia de despiadada lucha por la superación

Este elegante y electrizante montaje sobre un conservatorio con métodos de enseñanza poco habituales, cuenta con cinco nominaciones a los Oscar, incluyendo la de mejor película.

Escena de 'Whiplash'.
Escena de ‘Whiplash’.

Carlos Fernández / @karlos686. Sangre, sudor y lágrimas: ésta es la premisa que propone el director Damien Chazelle, director de Whiplash, una película con cinco nominaciones a los Oscar incluyendo la de mejor película, quien opta por contar una historia de ritmo y personajes scorsesianos en un mundo donde el fin justificaría siempre los medios.

Ser alguien, alguien admirado y respetado por tu talento y por tu capacidad de homenajear a esos artistas que tanto te han inspirado, en este caso el músico Charlie Parker, es un tema muy propio del cine de Martin Scorsese, especialmente el de El rey de la comedia o Uno de los nuestros, y este tema consiste en el esfuerzo deliberado que implica hacer más de lo que tu capacidad de aguante te permita para demostrar ser el mejor.

Así, en Whiplash, Andrew Neiman (Milles Teller) deberá impresionar a su más que difícil profesor de jazz (J.K.Simmons) en un prestigioso conservatorio cuyos métodos de enseñanza se alejan bastante del ideal de alguien que persigue un sueño. Si bien esta película funciona más como una fábula que como un cuento sobre la vida, los personajes se enfrentarán al desasosiego, la desesperanza, el vértigo y el miedo al fracaso. Todo narrado en base a una superación enfermiza que consiste en llegar a lo más alto o directamente no llegar a ningún sitio.

La historia como espectáculo muestra bastante los dientes y la presión de un joven en busca de una oportunidad de hacer con su vida lo que quiere. Sin embargo, la triste metáfora narrativa tiene una lectura bastante americana que suena inmoral y triste por mucho que la película nos haga estar del lado de su protagonista: cuando sabes hacer algo bien, siempre habrá quien quiera desterrarte por tu talento o quien ni siquiera querrá ver lo bien que lo haces y para acabar con los “de arriba” cuando no eres “nadie” debes pisar a tus compañeros y a todo el que interfiera en tu camino.

Quizá, a pesar de la aparente inmoralidad presente en estos fragmentos de la película, nos encontremos ante una triste realidad disfrazada de superación y eso es Whiplash. El elegante y electrizante montaje, propio del Casino de Scorsese, y la banda sonora convierten esta película en una que cuenta más de lo que aparentemente se ve en pantalla: la sangrienta lucha personal contra el mundo.



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