El imposible regreso

El río de la vida es un aprendizaje continuo. No hay lugar en el mismo para estáticas concepciones. Nada hay que no se mueva o modifique con el tiempo.

Paco Huelva. Volver es siempre un acto de nostalgia. Uno se deja llevar por los recuerdos e intenta avanzar inútilmente hacia lo que fuimos, pero, el regreso es inviable.

Lo que buscamos en la estampa difuminada y ocre del pasado es imposible de encontrar en el estado en que la dejamos.

La memoria necesita actualizarse pero siempre nos quedamos con la foto fija del pretérito; de ahí nuestra sorpresa en el reencuentro. Lo que “regresa” a nosotros nada tiene que ver con lo que se fue.

Las alforjas que conforman cada uno de nuestros instantes vividos se cargaron con argumentos ajenos a lo que somos hoy, y lo que otrora quedó sellado en la almáciga de nuestras entendederas, es una vieja película en blanco y negro que nada se parece a lo que acontece en la actualidad en nuestro redor y, ni siquiera, por apurar, en nuestra noción actual de las cosas.

Somos ya, afortunadamente, otro organismo. Ni mejor ni peor, sólo algo distinto; imposible de encajar en el engranaje anterior a no ser que aceptemos la actualidad como un nuevo comienzo, como un nuevo aprendizaje.

Podemos también engañarnos y, por instantes, pensar que todo sigue igual, que nada ha cambiado, pero sólo como un mero pasatiempo… como un ejercicio lúdico, como anecdotario si se quiere, pero nada más.

Por estas y otras muchas causas es imposible conocer con exactitud a las personas y a las cosas que nos rodean.

Por eso me cansan tanto aquellos que se encuentran en posesión de la verdad. Que discuten acaloradamente defendiendo una verdad que se transmite en el tiempo sin roce ni tachadura.

Peor concepto tengo aún de los que mienten a sabiendas de que lo hacen y quieren hacernos tragar ruedas de molino.

El río de la vida es un aprendizaje continuo. No hay lugar en el mismo para estáticas concepciones. Da igual que sean filosóficas, políticas, religiosas, económicas o científicas, por citar sólo algunas.

Todo es dinámico, lo he dicho muchas veces. Nada hay que no se mueva o modifique con el tiempo.

Así que, en este año que comienza, estamos, lo quieran o no ciertos otros, en un nuevo espacio que se regirá por acontecimientos y decisiones novedosas que se irán ahormando a las circunstancias que habremos de vivir.

Y no hay que asustarse del devenir. Éste se sustentará sobre las sólidas bases del pretérito pero será un otro ente distinto, una otra cosa -mal que les pese a algunos.

El conocimiento ha de servir para algo, entre otras cosas para destruir los mitos, las mentiras, las imposiciones y, sobre todo, para abrir los postigos por donde ha de entrar la luz del discernimiento.

Feliz Año Nuevo, por tanto.



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