Mujeres del cine, del cielo al infierno

Muchas películas de 2014 han puesto a mujeres como protagonistas de una situación de próspera felicidad que se enfrentan a lo inevitable, al cambio. Recordemos algunos de estos personajes femeninos.

Erica Rivas en 'Relatos salvajes'.
Erica Rivas en ‘Relatos salvajes’.

Carlos Fernández / @karlos686. “El que ha conocido sólo a su mujer y la ha amado, sabe más de mujeres que el que ha conocido mil”. Esta cita de Leo Tolstoi me pareció la más indicada para comenzar a hablar sobre algunos de los personajes más asombrosos y enigmáticos de este 2014, mujeres que tras vivir en el cielo se enfrentan al infierno. El año pasado, Woody Allen dotó de una próspera vida a su Blue Jasmine y se lo arrebató todo para mostrarnos el desierto sin oasis al que se enfrentaba su personaje que creía que la vida nunca tendría preocupaciones. En el mismo estilo, muchas películas de este 2014 han puesto a mujeres como protagonistas de una situación de próspera felicidad que se enfrentan a lo inevitable, al cambio.

Jennifer Lawrence en 'La gran estafa americana'.
Jennifer Lawrence en ‘La gran estafa americana’.

¿Quién podría recriminar a la Romina de Relatos salvajes su comportamiento al enterarse de una infidelidad de su marido en su noche de bodas? ¿Quién podría recriminarle su sed de venganza o la búsqueda de justicia por su propia mano? ¿O a la Rosalyn de La gran estafa americana buscar su sitio en el mundo al margen de su temperamental y solitario carácter?

Ciertamente, estos dos personajes femeninos se encuentran entre la ética, lo moral, y la vida. Parece haber un gran número de autores que se esfuerzan en crear personajes inestables aunque previamente, éstos, no fueran así. Este tema no es nada nuevo en el cine, sin embargo, el hecho de que el espectador empatice con personajes inestables en la gran pantalla y lo acepte sin miedo ni resignamiento, sí lo es. ¿Cómo nos consideramos a nosotros mismos para aceptar y demandar personajes imperfectos, incluso más de la cuenta, en el cine?

Rosamund Pike en 'Perdida'.
Rosamund Pike en ‘Perdida’.

Ingmar Bergman dijo que el cine era el medio artístico más directo, y puede que tuviera razón. La capacidad empática de los espectadores con algunos de los personajes femeninos de este 2014 ha cosechado éxito para películas como Perdida, Magical girl o las ya citadas, Relatos salvajes y La gran estafa americana. No son iguales, ni una de las protagonistas de estas películas. Comparten su desorientación, confusión, su miedo y su ira creciente que las lleva a una enigmática obsesión que, aunque a ellas les duela, al espectador le seduce. La Amy de Perdida, juega con el espectador en un sentido distinto al de la Bárbara de Magical girl por ejemplo; la primera busca justicia en base a una paranoia ejecutada en su cerebro psicótico, pero en el fondo lo único que posee este personaje es un profundo sentimiento de obsesión, depresión, odio e incluso dependencia hacía su marido, aunque ella por supuesto lo niegue, pero lo interesante de este personaje es cómo consigue ser amada y puesta en pena para el espectador para luego demostrarle a éste que no es más que una mujer a la que el odio la ha llevado bien lejos de lo que tanto ansiaba, un matrimonio perfecto.

Barbara Lennie en 'Magical girl'.
Barbara Lennie en ‘Magical girl’.

Por otro lado, Bárbara, en la Magical girl de Carlos Vermut, es una mujer que conocemos en su infancia como una niña listilla y respondona que seduce a su profesor de literatura (José Sacristán) con tan solo 12 años de edad sin ella darse cuenta. Como si de la encarnación del demonio se tratará (así se llama el capítulo en el que aparece este personaje en la película), Bárbara juega a las relaciones de amor y odio con su marido, tan pronto como él se aleja lo echa de menos y tan pronto como está con él somos espectadores de su insatisfecha vida con su esposo, aunque no sepamos más de ninguno de los personajes. Este juego de amor y odio montado en la depresiva cabeza de Bárbara la llevará a realizar actos autodestructivos para ella misma y para los que están a su alrededor. A Bárbara no le importa nada más que ella misma, se siente perdida y frustrada, y posee el don de la manipulación y la seducción. Pese a esto, Bárbara hace sentir al espectador que su imperfección tan despreciable no es más que el fruto de otras muchas imperfecciones despreciables que, por amor, juegan en el mundo papeles que hacen de este un mal lugar para vivir.

Sin embargo, estas películas y estos personajes no poseen una lectura pesimista. Ciertamente ellas lo son, pero si el cine es el arte más directo y al espectador le mueve algo en su interior al verlas en pantalla grande, y todo lo que se mueve dentro al contemplar una obra nos dice algo de nosotros mismos, significa que aceptamos nuestra peor cara, la mejor y sabemos que hay ciertas cosas que no debemos ser o hacer. Estos personajes son retratos de un infierno personal de personajes que vivieron en un paraíso, pero debido a un motivo u otro se han salido de este y no saben volver. El final del corto “Hasta que la muerte nos separe” de Relatos salvajes muestra una posible salida al infierno de estos personajes, una salida que consiste en no borrar el pasado sin dejar que éste viva ni interfiera en nuestro presente, pues éste duele y manipula, pero los primeros que debemos manipularnos somos nosotros mismos en base a nuestras necesidades presentes, que no pasadas.



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