César Bona, un español que aspira a convertirse en el mejor maestro del mundo gracias a su compromiso de educar en valores

Está preseleccionado al ‘Nobel de la enseñanza’ por sus métodos tan extraordinarios de llegar a los alumnos y al entorno de éstos y formarlos no sólo en las materias establecidas, sino, y sobre todo, en cómo ser mejores personas y adquirir valores que los guíen en la vida.

El profesor César Bona. / Foto: Facebook.
El profesor César Bona. / Foto: Facebook.

Ana Rodríguez. Si han visto la película El club de los poetas muertos, seguro que recordarán el papel que representaba el desaparecido Robin Williams, el de un profesor cuyo principal objetivo era conseguir preparar para la vida a un puñado de perdidos universitarios. Salvando las distancias, y quedándonos con unos alumnos de menor edad, es algo así por lo que han preseleccionado al maestro zaragozano César Bona García al Premio Internacional de Docencia (Global Teacher Prize), una distinción que concede la Fundación Varkey Gems y que reconoce la labor de un profesor extraordinario, innovador y comprometido, que haya tenido un impacto inspirador en sus alumnos y en su comunidad y realizado un aporte excepcional a la profesión.

César apuesta por la educación en valores. / Foto: esbor.blogspot.com.es
César apuesta por la educación en valores. / Foto: esbor.blogspot.com.es

Se trata de la primera vez que se convoca este premio y para el aragonés preseleccionado resulta “un honor que haya una persona que por los proyectos que hace se le valore desde fuera de España, es algo muy valioso, pero tengo la certeza de que hay muchos más como yo en nuestro país, no soy el único”.

Para presentarse a este certamen, en el que compite contra otros 49 maestros de 25 países y que está dotado con un millón de dólares, el zaragozano tuvo que elaborar un vídeo-presentación en el que se pronunciaban sobre él alumnos que ha tenido, los padres de algunos de ellos, compañeros de profesión, la ex consejera de Educación de Zaragoza y otra serie de personas que contaban los proyectos que César Bona ha realizado en los lugares donde ha impartido clases.

GLOBAL TEACHER PRIZE. César Bona.

Y es que allí por donde ha pasado, este hombre de 42 años ha dejado una huella imborrable. Si nos remontamos al principio de esta historia, es necesario hacer parada en Ainzón, lugar donde César nació y se crió y de donde aún tiene muy nítidas imágenes de su infancia. Allí acudió a la escuela del pueblo, donde aprendió cosas que, asegura, aplica ahora a su profesión: “Tengo abierto el canal que une el niño que fui con el adulto que soy, mis vivencias en la escuela las sigo teniendo, a día de hoy, muy presentes”.

Los pequeños del Colegio Fernando el Católico a los que César enseñó a leer.
Los pequeños del Colegio Fernando el Católico a los que César enseñó a leer.

Cuando tuvo edad, Bona estudió Filología Inglesa, luego Magisterio y, tras trabajar en algunos centros concertados y privados, aprobó unas oposiciones, siendo su primer destino el colegio Fernando el Católico, en el barrio Oliver de la capital zaragozana. “El centro está ubicado en una zona conflictiva, con niños de diversas nacionalidades, algunos de etnia gitana y cuando llegué me encontré con niños que con diez años no sabían leer”, recuerda el profesor. Entonces pensó que una buena manera de conseguir que los pequeños aprendieran era escribir una obra de teatro para ellos y hacer que la representaran. “Se lo pasaban muy bien, empezaron a ir a clase y el absentismo fue desapareciendo”, comenta César.

Javi enseñó a César a tocar el cajón cuando tenía diez años.
Javi enseñó a César a tocar el cajón cuando tenía diez años.

En su aula había también un chico, Javi, que tocaba muy bien el cajón. “Un día quedé con él y le pedí que me enseñara a tocar y desde entonces íbamos todos los días una hora antes para que él me diera clases”, reconoce César, y que es este hombre tiene muy presente que “soy maestro, pero no lo sé todo, ellos también nos pueden enseñar a nosotros y dar ese paso es muy interesante porque te permite conocer lo que les gusta. Cada niño es un universo, con sus inquietudes y el lugar donde se encuentran también marca. Todos tienen sus motivaciones, por eso primero hay que conocer a los pequeños, pues la misión del maestro es mucho más que meter datos en la cabeza, es ver qué se le puede ofrecer a esos niños”.

El siguiente destino del maestro fue Bureta, un municipio de 230 habitantes donde César impartió clases en una escuela unitaria durante dos años. “Había seis niños de cincos edades distintas, de entre cuatro y 12, y cuando llegué pensé ¿qué voy a hacer con ellos”. Pero lejos de desanimarse, a Bona se le ocurrió una genial idea mientras conducía escuchando bandas sonoras de cintas de Woody Allen: hacer una película de cine mudo. “Paré el coche y me puse a escribir. Estuve investigando porque no sabía nada de cómo hacer cine, pero al final llevamos a cabo el proyecto”, explica.

La película de cine mudo fue todo un éxito.
La película de cine mudo fue todo un éxito.

César decidió que los protagonistas fueran dos de sus seis alumnos, dos pequeños que no se hablaban porque sus familias estaban enfrentadas. De esta manera consiguió que tuvieran que dirigirse la palabra y que acabaran llevándose bien.

La cinta, titulada La importancia de llamarse Applewhite, fue presentada en el Festival Internacional de Cine para Niños de la India, donde obtuvo una mención especial, así como el Premio Internacional Educared 2010 y el Premio Nacional CreArte 2009 que concede el Ministerio de Cultura. Además, con la dotación económica de este último galardón (20.000 euros), Bona montó una biblioteca para niños en Bureta a la que éstos acudían cada día a las 9.00 horas para leer un rato antes de comenzar las clases.

Imagen del documental etnográfico grabado en Bureta.
Imagen del documental etnográfico grabado en Bureta.

Durante su segundo año en esta localidad, el zaragozano se marcó como meta conseguir que sus alumnos valoraran sus raíces y recuperaran el peso y la importancia de los ancianos en la sociedad. Elaboraron entonces un documental etnográfico en el que mostraron cómo los niños aprendían de los abuelos y, a la par, cómo la fuerza de los pequeños hacía que los sueños de los más mayores se hicieran realidad.

Tras su paso por Bureta, Bona fue destinado a un colegio rural agrupado de Muel (Zaragoza), donde dio clases durante tres años a 12 niños de 4º de Primaria. “Un día llegué a clase y había unos libros en la mesa. Los tiré al suelo y les dije: ‘a mí me da igual los dieces que saquéis, si no sois buenas personas no los tendré en cuenta’ y añadí que nada se consigue si no te esfuerzas por ello. Les expliqué que la teoría de la voluntad afirma tú apunta alto, cuanto más alto apuntes más lejos llegarás”.

Libro 'El cuarto hocico'. / Foto: esbor.blogspot.com.es
Libro ‘El cuarto hocico’. / Foto: esbor.blogspot.com.es

Para sus alumnos de Muel, al maestro se le ocurrió crear una protectora virtual de animales, El cuarto hocico, que los propios niños habían de dirigir. Éstos tenían la tarea de investigar a los animales y escribir lo que averiguaban en un blog, con el que fueron ‘contagiando’ a otros niños de todo el mundo, naciendo protectoras virtuales por toda España e incluso en Hispanoamérica.

Pero aquello no acabó ahí, la llegada de un circo a la localidad zaragozana desencadenaría una nueva iniciativa que volvería a tener como protagonistas a los alumnos de César Bona. Inmersos en sus estudios sobre animales, descubrieron la vida que llevaban los de circo y los malos tratos a los que a veces eran sometidos. Se les ocurrió entonces luchar por una causa justa: movilizarse para conseguir que Muel fuera un municipio libre de circos con animales. Los chicos explicaron clase por clase de su colegio su proyecto y pidieron audiencia con el alcalde de la localidad, no parando hasta lograr lo que se habían propuesto y llegando a exponer incluso su propuesta en el Congreso de los Diputados.

“A los niños se les dio la posibilidad de actuar, de no tener sólo el rol de niño, sino de que se dieran cuenta de que con sus acciones podían cambiar las cosas. Una actitud que si se les enseña de pequeños mantendrán de adultos, la de no quedarse parados ante las injusticias y la de sentirse reconfortados cuando actúan en estos casos. Es también invertir el sentido de la educación, siendo los niños los que investigar y contagian a otros niños y adultos”, pone de relieve el orgulloso profesor.

César Bona junto a la emabajadora mundial de la paz Jane Goodall. / Foto: esbor.blogspot.com.es
César Bona junto a la Mensajera de la Paz de Naciones Unidas Jane Goodall. / Foto: esbor.blogspot.com.es

En esta línea, “todo esto llevó a que nos concedieran premios nacionales e internacionales, uno de ellos fue el Premio Nacional de Ecoiniciativas 2011, que nos entregó la Premio Príncipe de Asturias Jane Goodall. He podido estar con ella en cuatro ocasiones y conoció a los niños de la protectora y me dijo que allí por donde va los pone como ejemplo de esperanza de un futuro mejor”, afirma César.

Posteriormente, a fin de conseguir que otros niños se sintieran protagonistas de sus propias protectoras, nació Children for animals, una propuesta de sensibilización hacia los animales y de lucha contra el maltrato, el abandono y la crueldad animal. Un espacio donde intercambiar ideas y sumar esfuerzos.

'El cuarto hocico' ha presentado su causa en diferente eventos.
‘El cuarto hocico’ ha presentado su causa en diferente eventos.

Esta iniciativa les valió la invitación al VI Precongreso Mundial de la Infancia y Adolescencia, realizado en 2007 en Barcelona, así como a la sexta edición de este evento, que tuvo lugar el pasado mes de noviembre en Puebla, México, siendo los niños impulsores de El cuarto hocico todo un ejemplo de que los pequeños sí pueden participar en la sociedad.

En todos estos casos, “para trabajar con los niños me basaba en dos ideas importantes”, explica César Bona, “por un lado les decía que eran un ejemplo para otros niños y que por eso cada paso que daban tenía que ir acompañado de respeto, a los demás y a las cosas. El otro concepto es el de héroe: alguien que hace que quienes tiene a su alrededor sean felices, un referente, una manera de imitar para actuar”.

Los niños de la protectora 'El cuarto hocico'.
Los niños de la protectora ‘El cuarto hocico’.

Con todo ello, este maestro lo que trata de poner de relieve es que a los niños hay que educarlos “para la vida, educar en emociones, pensar en los que tienes alrededor. La escuela no es una burbuja, y los niños tienen que saber en el mundo hay que cambiar cosas y ellos pueden hacerlo, teniendo siempre como referencia el respeto”.

Con este bagaje, no es de extrañar que quienes lo conocen, especialmente el pianista Jaime López, le insistieran para que se presentara al considerado como el ‘Nobel de la enseñanza’, el mayor premio al que pueden optar los docentes de escuelas de todo el mundo.

César Bona en un momento del vídeo de su candidatura.
César Bona en un momento del vídeo de su candidatura.

“La nominación ha supuesto que en España haya un revuelo interesante. Recibo cientos de mensajes diciendo que se necesitaba algo así y que ahora se valorará más el trabajo de un maestro de un pueblo perdido. El hecho de dar mayor importancia a la empatía y los valores, a otra educación basada en formar seres íntegros, más que simples números, lograr eso es ya un premio espectacular”, afirma César Bona.

Si supera la selección y queda entre los diez finalistas viajaría a Dubái en marzo, donde se dará a conocer al ganador en el marco del Foro Mundial sobre la Educación y las Competencias. Sin embargo, el zaragozano asegura que “hay que tener un pie en el suelo y otro saltando. Hay que tener ilusión, pero no hacerse ilusiones. Lo que se ha movido ya es un logro y, además, no hay premio, ni un millón, que valga el tesoro más increíble de un maestro: la labor del día a día… no me imagino haciendo otra cosa”.



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