El mejor sexo tiene ciencia

Por más que he buscado, ninguna de las claves ha destacado el posible papel que puede tener la implicación afectiva de la pareja y, en un escenario de máxima afectividad, el amor, en la calidad del sexo.

Francisco J. Martínez-López. Esta semana he leído un artículo, en la edición estadounidense del magazine Esquire, que da las claves científicas para tener mejor sexo. Para quien no la conozca, es una revista orientada al público masculino, y tiene contenidos artísticos y periodísticos, incluso literarios, de indudable valor en sus ediciones; artículos de este tipo no son la tónica, pero no es raro encontrar algo sobre temas sexuales de vez en cuando; no dudo que serán leídos con interés por gran parte de su audiencia. A mí me ha llamado la atención el título y le he echado un vistazo. Reúne diversos consejos que son las conclusiones a las que han llegado estudios sexológicos desde disciplinas diversas. Comento algunos de los más destacados, por si resultan útiles, caso que los desconocieran, para mejorar la calidad del sexo estas Navidades y en el 2015; también puede ser interesante para ellas, si piensan que compartir su contenido con su pareja, o incluso sugerirle que lo lea, puede ser bueno.

Una. Hay que trabajar el tema verbal y de la comunicación con la pareja. No todo en el sexo es físico; la palabra también contribuye. Decir cosas bonitas y positivas a la mujer la reafirma y mejora su seguridad en la cama. También, hablar, no sólo durante el acto o los prolegómenos, preguntando cómo hacer las cosas, sino en otros momentos aparte que sean propicios para ello, ayuda a mejorar la compenetración.

Dos. Acariciar a la mujer, con sensualidad, por todo su cuerpo; es conveniente ayudarse de algún tipo de aceite o lubricante para el masaje corporal. Se ha observado que esto fomenta la liberación de una hormona llamada oxitocina en la mujer, que a su vez incrementa sus niveles de testosterona y dispara su deseo sexual. Esta hormona también tiene también un papel neurotransmisor en el cerebro.

Al final, la mayoría de estos consejos con base científica se relacionan con hacer algo que propicie la producción de determinados neurotransmisores con efectos positivos en el estado de ánimo y reacciones sexuales de la mujer.

Seguramente, muchas de estas orientaciones tendrán efectos equiparables de ser aplicadas al hombre. Sin embargo, se da un apunte particular sobre alimentación y sexo que es más para la parte fálica del encuentro. En concreto, algunos alimentos que tienen arginina, aminoácido que utiliza como base la Viagra –píldora a la que dedicamos una columna hace unas semanas–, como las ostras o el pescado. También se recomiendan alimentos ricos en antioxidantes, como las frutas y verduras de colores vivos.

Tres. Desnudar a la mujer con mesura, sin prisas. Al desnudarla, o al ayudar a que se desnude, antes del acto, la mujer libera diversos neurotransmisores asociados con el placer, como la dopamina, y se cree que también la oxitocina. La diferencia, no obstante, en el tiempo dedicado al desvestido tiene efectos significativos sobre cómo sean liberados estos neurotransmisores. Si se desnuda sin dilación, son liberados con rapidez, pero se desvanecen a igual velocidad; en cambio, al hacerlo con lentitud, la liberación es gradual y el tiempo de permanencia mayor; esto conlleva orgasmos neurológicos prolongados.

Las claves siguen; se sugieren las mejores posiciones sexuales para la máxima estimulación vaginal de la mujer, se recomienda favorecer un estado de ánimo relajado y positivo antes del acto, etc. Todo esto, como he comentado, por los efectos que tiene sobre la generación de determinados neurotransmisores del placer en la mujer, que la preparan para el sexo, o intensifican sus sensaciones placenteras durante el mismo.

Me ha resultado pedagógico el artículo. Algunas cosas las conocía, otras las intuía, aunque ignoraba su base científica, pero otras las desconocía. Sin embargo, por más que he buscado, ninguna de las claves ha destacado el posible papel que puede tener la implicación afectiva de la pareja y, en un escenario de máxima afectividad, el amor, en la calidad del sexo.

No me malinterpreten. El sexo está bien, ¡muy bien!, y todas estas orientaciones, más con trasfondo biológico que espiritual, son útiles para mejorar los encuentros sexuales. Pero tengo la sensación de que en su evolución la sociedad desarrollada está enfatizando demasiado el sexo y su importancia. Creo que el sexo está sobrevalorado; es más importante, ¡mucho más!, el amor, al que también se le conocen efectos positivos sobre neurotransmisores varios del bienestar, por cierto. Y lo mejor, la simbiosis entre amor y sexo. Ése ya es el mejor cóctel de neurotransmisores del placer posible. Embriáguense con su elixir, si lo tienen disponible.

Un deseo final, por tanto, de amor y sexo en estas Navidades para mis lectores. Y, aunque no se encuentren entre los alimentos preferentes recomendados por la ciencia para mejorar la condición sexual de la persona, cómanse algunos mantecados, que algún beneficio tendrá su aporte calórico en el cuerpo para el rendimiento sexual. Y, si no, bueno, que por lo menos el sexo, si es con amor afortunados serán, ayudará a quemar algo y a no perder la figura.



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