Las bases españolas de la Antártida

Científicos, técnicos y militares realizan cada año proyectos de investigación en el gélido continente. El aislamiento, las bajas temperaturas o la exposición a la luz solar durante las 24 horas del día son algunas de las dificultades que superan estos profesionales.

La base Juan Carlos I.
La base Juan Carlos I. / https://es.pinterest.com

Ana Amador. El pasado 20 de octubre partió desde Cartagena (Murcia) rumbo a la Antártida el Buque de Investigación Oceanográfica Hespérides para iniciar la XXVIII Campaña Antártica Española. En esta nueva edición participan 150 personas, entre ellas 70 investigadores procedentes de universidades y centros de investigación de 12 países con el objetivo de desarrollar un total de 15 proyectos.

Además de las investigaciones realizadas en el barco, la campaña incluye otros proyectos científicos como los que se llevan a cabo en las bases instaladas en el continente helado. Pero, ¿cómo se prepara el personal en tierra para las duras condiciones climáticas que va a experimentar?, ¿es fácil adaptarse a permanecer en un entorno en el que siempre es de día? Te invitamos a descubrir el trabajo que desarrolla el personal científico, militar y técnico que reside en las bases españolas Juan Carlos I y Gabriel de Castilla.

Base Juan Carlos I. / https://es.pinterest.com
Base Juan Carlos I. / https://es.pinterest.com

Base Juan Carlos I. Esta enclave científico, gestionado por el Ministerio de Economía y Competitividad a través de la Unidad de Tecnología Marina del CSIC, está situado en la costa suroeste de Bahía Sur, en la Península Hurd de Isla Livingston. Aunque en invierno las instalaciones sufren temperaturas en torno a los -25 º C, durante las campañas sus habitantes experimentan aproximadamente 2º C y vientos que oscilan de 10 a 100 km/h aumentando la sensación térmica de frío.

Miembros de la campaña 2013-2014 en la base Juan Carlos I.
Miembros de la campaña 2013-2014 en la base Juan Carlos I.

Según Jordi Felipe Álvarez, máximo responsable de la base y miembro de la Unidad de Tecnología Marina (UTM) del CSIC, los profesionales están compuestos por “veteranos con un mínimo de experiencia de 6 ó 7 años”. En cuanto al nivel de preparación, “la base cuenta con personal que ha participado en expediciones, practica esquí de montaña y escalada en hielo en zonas como el Pirineo o Groenlandia. A nivel médico intentamos contar también con especialistas en medicina de montaña, para focalizarlo más a congelaciones, fracturas, frío y que sea más generalista. También disponemos de mecánicos con conocimientos variados que abarcan desde generadores a motos de nieve y expertos en informática y electrónica. Estos últimos son especialistas en comunicaciones y energías alternativas, ya que la base consta de aerogeneradores y placas fotovoltaicas”.

Placa del primer campamento español.
Placa del primer campamento español. / https://es.pinterest.com

Actualmente la base Juan Carlos I se encuentra en proceso de renovación de sus instalaciones. “La base antigua de 1988 estaba pensada para un máximo de 12 personas. Poco a poco se fue quedando corta, así que se incorporaron pequeños iglús y estructuras paralelas, de este modo llegamos a ser unas 30 personas. Ahora mismo es todo provisional, pero está considerada para un volumen de 50 personas”, argumenta el jefe de la base.

La jornada de trabajo se realiza de lunes a sábado desde las 8.00 a las 20.00 horas, “el domingo tratamos que sea de descanso porque es un ambiente duro en el que el cuerpo sufre la humedad y el viento a pesar de ser verano antártico. Aun así todo el mundo está obligado a asistir a la comida como control y solamente puedes ausentarse si está justificado por dolencia o porque hay trabajos que requieren estar todo el día fuera”, matiza Jordi Felipe.

Paisaje antártico.
Paisaje antártico. / https://es.pinterest.com

Vivir con 24 horas de luz durante el verano antártico no es fácil, según el jefe de la base “es extraño, porque partimos de países del hemisferio norte y el contraste de salir del otoño e invierno a meterte en primavera y verano allí se nota. Muchas veces tienes que funcionar a reloj literalmente, si te dejas llevar por las sensaciones que dicta el cuerpo a la semana estás destrozado”.

Otro de los inconvenientes de trabajar en las bases antárticas durante meses es el aislamiento. Sin embargo, “la ventaja que tenemos nosotros es que al ser un equipo en gran parte reiterativo es más fácil”. Durante ese periodo “tienes que controlar las emociones por estar lejos de la familia. Normalmente se suele desconectar un poco y entrar en la rutina del día a día, disfrutar del paisaje haciendo el trabajo que toca y sabiendo que durará el tiempo que tengas que estar allí, que pueden ser de uno a cuatro meses”.

Hespérides
Buque de Investigación Oceanográfica Hespérides. / https://es.pinterest.com

A pesar de las condiciones en las que viven, trabajan en un continente virgen que acumula información histórica a todos los niveles, atmosférica, evolución sísmica o geológica. “Ese lugar no solo permite ver la evolución histórica de miles de años sino también ver cambios a nivel climático”. Debido a esta constante fuente de investigación para la ciencia son numerosos los proyectos que se desarrollan.

La base Juan Carlos I cuenta con una alta colaboración internacional, “la gran mayoría de los proyectos que vienen a la base están financiados por el Gobierno y este año algunos cuentan con colaboradores internacionales de renombre”, explica Jordi Felipe. Uno de los proyectos más destacados es ‘Perforaciones y vuelos no tripulados para estudiar el estado y el movimiento de los glaciares de Isla Livingston’, liderado por Francisco Navarro. Esta iniciativa contará también con cuatro científicos japoneses y uno ruso. “Los japoneses son expertos en tomar muestras en profundidad, van a hacer una perforación en un glaciar hasta unos 125 o 130 metros para analizar el estado de la zona. Al mismo tiempo, a partir de diciembre ese mismo grupo utilizará un drone para realizar imágenes de la superficie”, explica el jefe de la base. De este modo se podrá determinar con mayor precisión la topografía de los glaciares de la isla y tomar datos de zonas de difícil acceso.

Campamento Byers.
Campamento Byers. / https://es.pinterest.com

Durante la campaña también residirá en la base “una investigación alemana relacionada con un proyecto español de líquenes y una colaboración japonesa en el campamento Byers, que está a unas tres horas de nuestra base en la isla Livingston, y un proyecto japonés que quiere disponer de las instalaciones”. Además, en esta ocasión la base española albergará a los investigadores del estudio ‘Remarca. Parada y Fonda de los contaminantes orgánicos en la Antártida’, liderado por Jordi Dachs. En este proyecto, que durará toda la campaña antártica, “van a medir concretamente los niveles de contaminación atmosférica que afectan al suelo, zonas de glaciar y la capa superficial del mar que está en contacto con el aire”, matiza Jordi Felipe.

Paisaje antártico.
Paisaje antártico. / https://es.pinterest.com

Aunque en la Antártida se viven gélidas temperaturas, el paisaje es sobrecogedor e inolvidable. Según Jordi Felipe, “mi primera campaña fue en barco y estuve 45 días visitando diferentes zonas de la Antártida. Fui bastante privilegiado porque pude viajar por otras islas y bases”. Poder contemplar “los cielos despejados y rosáceos cuando está empezando a anochecer, los glaciares blancos sobre el agua, pingüinos nadando ágilmente en el mar y sentir el frío del lugar es bastante increíble. Es como integrarte directamente en la naturaleza, algo imposible”, recuerda este miembro del CSIC.

Panorámica de la base Gabriel de Castilla. / http://www.idi.mineco.gob.es
Panorámica de la base Gabriel de Castilla. / http://www.idi.mineco.gob.es

La base Gabriel de Castilla. En isla Decepción, a unas 20 millas de navegación de la base Juan Carlos I, se encuentra esta instalación española. La peculiaridad de este centro gestionado por el Ejército de Tierra es que la isla es el cráter de un volcán activo y cuya caldera está inundada por el mar. “Eso nos permite movernos a cualquier parte de la isla por medio de embarcaciones neumáticas y ahorrarnos todo el movimiento por tierra. En 30 minutos o una hora podemos estar prácticamente en cualquier parte de la isla, algo que andando podrían suponer 12 o 14 horas”, argumenta el comandante Juan Navarro Ferrandez, jefe de la campaña anterior.

Miembros de la XXVII Campaña de la base Gabriel de Castilla. / http://www.ejercito.mde.es
Miembros de la XXVII Campaña de la base Gabriel de Castilla. / http://www.ejercito.mde.es

A diferencia de la base Juan Carlos I, el equipo de la base Gabriel de Castilla está formado por 12 militares que apoyan los proyectos científicos. El personal se renueva cada año, a excepción de un miembro que repite para darles continuidad y aportar experiencia. En esta ocasión el comandante José Pablo Sánchez Lacalle, jefe de la actual campaña, recibió 230 peticiones de voluntarios para ocupar las diez plazas en las áreas de logística, sanidad, medio ambiente, comunicaciones, motores, instalaciones y navegación. “Cuando se selecciona a la gente se tiene en cuenta su perfil profesional para el trabajo que va a desarrollar, la mayoría son técnicos. Se busca a personas que hayan estado en alguna misión con climas extremos de frío, tenido cierta experiencia en montaña o sean aficionados a la nieve y montaña. Muchas veces no se consigue cumplir todos los criterios, pero eso se completa con casi un año de preparación en el que se conoce la maquinaria que se va a utilizar y, dentro de las posibilidades que nos da España, el clima en el que se van a mover”, matiza Juan Navarro Ferrandez.

Base Gabriel de Castilla. / http://www.idi.mineco.gob.es
Base Gabriel de Castilla. / http://www.idi.mineco.gob.es

Para alcanzar el nivel necesario se realiza un preparación que consta de dos partes. La primera, que se realizó en Cartagena, consistió en un “entrenamiento de movimiento en embarcaciones, manejos de trajes de supervivencia en climas fríos y posibles incidencias, como la parada de un motor o caída de un hombre al agua”, argumenta Juan Navarro Ferrandez. Una vez en tierra, el clima es extremo y te puedes encontrar en zonas de glaciares con alguna grieta en la nieve, así que la segunda parte del entrenamiento se llevó a cabo en los Pirineos.“Subimos al glaciar de la Maladeta en Huesca, cerca de Benasque”, matiza el jefe de la campaña anterior.

Izado de la bandera en la base Gabriel de Castilla. / http://www.ejercito.mde.es
Izado de la bandera en la base Gabriel de Castilla. / http://www.ejercito.mde.es

El Hespérides suele alternar su salida hacia la Antártida desde los puertos de Punta Arena (Chile) o Ushuaia (Argentina). Según confiesa Juan Navarro Ferrandez, “en un principio, mi mayor preocupación era la convivencia con gente de distintas unidades y personal civil, ya que en las misiones que hacemos todos somos militares salvo un caso puntual. Sin embargo, lo que me sorprendió fue la entrega de todo el personal y la disponibilidad para ayudar cada vez que surgía un problema”.

La vida en la base Gabriel de Castilla es similar a la base Juan Carlos I. Según Juan Navarro Ferrandez la jornada empieza el día anterior, “antes de la cena hay una reunión de coordinación con el personal científico que expone los trabajos que tienen al día siguiente y las necesidades de apoyo. En función de eso y las tareas de la base se organiza el día siguiente. Lo principal es apoyar a los proyectos científicos que siempre requieren de acompañamiento, bien sea para cruzar una zona delicada de glaciares, transportar material o como apoyo técnico para las transmisiones. Otra parte de nuestro trabajo son las propias necesidades de la base, como reparar averías que se producen en el sistema eléctrico, arreglar las cañerías que se congelan o limpiar la nieve que se acumula en zonas importantes de las instalaciones”.

Labores realizadas en la base Gabriel de Castilla. / http://www.ejercito.mde.es
Labores realizadas en la base Gabriel de Castilla. / http://www.ejercito.mde.es

Además de brindar apoyo a las investigaciones científicas, el equipo de la base Gabriel de Castilla también desarrolla sus propios proyectos militares. En la anterior campaña la principal iniciativa consistió en un proyecto de transmisiones, “a nivel del Ejército resultó un gran éxito, ya que explotamos una banda de comunicaciones que no se había usado antes, la banda Ka del satélite SPAINSAT. Conseguimos enlazar y explotar esa banda que multiplicaba por cuatro las capacidades que tiene el Ejército en ese tipo de enlaces. Además, el haberlo experimentado satisfactoriamente en una zona tan alejada y en una situación tan difícil nos asegura que se podrá explotar en cualquier otro sitio del mundo”.

Los militares apoyan a los científicos en sus investigaciones. / http://www.cartadeespaña.es
Los militares apoyan a los científicos en sus investigaciones. / http://www.cartadeespaña.es

Actualmente se está desarrollando la XXVIII Campaña, que comenzó el 16 de noviembre y continuará hasta el próximo 7 de marzo. Durante este periodo la base contará con cuatro proyectos de investigación españoles y dos extranjeros. José Pablo Sánchez Lacalle firma que “este año proyectaremos una merlo para mover contenedores y empezaremos a sustituir una tubería de agua del cráter Zapatilla, situado a 1,2 kilómetros, para que la situación sea más fácil que en anteriores ocasiones y no se congele el agua o haya que picar”. También “está previsto colocar unos gaviones y unas mallas de estabilización para frenar el terraplén que está en la orilla y cada vez se va acercando más a la base debido a la banquisa de hielo”.

Referente al proyecto de transmisión, actualmente “se emite en banda X y se recibe en banda Ka, con lo cual nosotros conseguimos una velocidad de subida entre 1 y 1,2 megas y una velocidad de bajada entre 6 y 10 megas. Este proyecto empezó el año pasado y vamos a continuarlo porque da muy buen resultado”.

 

 

 

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