‘The zero threorem’, una comedia futurista con el sello de Terry Gilliam

La última cinta del director británico una película tan fascinante como desesperante y muy interesante por su capacidad de crear división de opiniones.

Una escena de 'The zero threorem'.
Una escena de ‘The zero threorem’.

Carlos Fernández / @karlos686. No soy un especial simpatizante del cine de Terry Gilliam. De hecho, sólo creo recordar haber conectado con la surrealista Miedo y asco en Las Vegas de su particular filmografía. Siguiendo el esquema ambicioso de Brazil, The zero theorem es una película tan fascinante como desesperante. Quien entre a verla se encontrará lo mejor y lo peor de Gilliam, aunque siendo sincero, lo mejor supera lo peor.

Christoph Waltz interpreta a un genio, más parecido a un niño que a un hombre, que intenta dar sentido a su vida y que busca respuestas a las incógnitas de ésta a través de los ordenadores. El teorema cero parece ser la única forma de encontrar respuestas lógicas a los miedos, frustraciones y crueldades del mundo. Dicho esto, la película se presenta en modo de comedia futurista con aires surrealistas y de ciencia ficción, y es curioso que sea la comedia el modo de presentar semejante historia (a diferencia de, por ejemplo, la seriedad de La fuente de la vida de Darren Aronofsky) y es que Gilliam consigue en muchos momentos la sonrisa y en otros muchos el aburrimiento, así como el desconcierto, aunque eso no es necesariamente malo a mi juicio.

El cómico erotismo ciberpunk que se presenta por delante al espectador dota a la película de escenas realmente divertidas donde éste podrá tener momentos de respiro en una cinta que habla de grandes temas, pero no los cuenta de la mejor manera, aunque sí de la forma más personal. Original, barroca e interesante pero muy poco entretenida en muchos de sus largos pasajes donde no se cambia el escenario ni a los personajes en mucho rato… Si alguien quisiera, podría ponerla a parir y, si alguien quisiera, podría llamarla obra maestra y cuando eso ocurre, se sabe al menos que estás ante una película interesante por su capacidad de crear división de opiniones. Si la hubiera visto de niño, habría sido una de mis películas favoritas casi seguro, el tema es serio pero la manera de contarlo no. Terry Gilliam consigue, al menos, llamar mejor la atención que con sus últimos trabajos, cosa que hace años que no le pasa.

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