Rodrigo Rodríguez, un maestro internacional del ‘shakuhachi’, la flauta para meditar de los monjes budistas

Desde que escuchó el ‘Bolero’ de Ravel a los ocho años se dio cuenta de que la música iba a ser el eje de su vida. A los 25 decidió especilizarse en un curioso instrumento de bambú que lo llevó hasta Japón, donde estudió con los mejores expertos. Ahora es una figura internacional, con seis discos en el mercado, vive en Galicia y ofrece conciertos por todo el mundo.

El músico Rodrigo Rodríguez.
El músico Rodrigo Rodríguez.

Ana Rodríguez. Rodrigo Rodríguez es un músico de shakuhachi, una flauta japonesa, hecha de bambú, que utilizaban los monjes del budismo zen en sus rituales de meditación. A pesar de que su ejecución no es nada sencilla, la práctica y años de dedicación han convertido a Rodríguez en todo un maestro de talla internacional de este instrumento y en el primer no japonés en tocarlo en el prestigioso Conservatorio Tchaikovsky de Moscú, algo que hizo por invitación expresa del Ministerio del Exterior de Rusia.

Rodríguez nació en Argentina, aunque siendo aún un niño su familia emigró a Mallorca. Desde entonces ha vivido a caballo entre España y Japón, donde se formó con los mejores profesionales de shakuhachi. Estudió en Tokio, en ‘The International Shakuhachi Kenshunkan School’, con Kakizakai Kaoru y también con Kohachiro Miyata.

Compositor y musicólogo, el virtuosismo de Rodrigo no ha pasado desapercibido, requiriéndose su presencia en escenarios de todo el mundo, como el Imperial Hotel Tokyo o el templo Kōtoku-in del Gran Buda de la ciudad de Kamakura.

Desde 2006 ha sacado seis discos: Inner thoughts, Across the East, Beyond the times, Shakuhachi meditations, Traditional and modern pieces – Shakuhachi y The road of Hasekura Tsunenaga, además de un recopilatorio musical, Various artists music that illuminates your life (2008), en el que comparte protagonismo con artistas como David Arkenston y Terry Oldfield.

Rodrigo ha vivido mucho tiempo en Japón.
Rodrigo ha vivido mucho tiempo en Japón.

Su último trabajo, The road of Hasekura Tsunenaga, fue publicado en 2013 y formaba parte del programa del Año-Dual España-Japón, celebrado en ambos países. El disco estaba dedicado al japonés y samurai Hasekura Rokuemon Tsunenaga (1571-1622), quien encabezara la misión histórica conocida como la Embajada Keicho.

Desde hace dos años, Rodríguez ha hecho de Galicia su hogar, un lugar que le apasiona y le recuerda, en cierta medida, a su también amado Japón. Con actuaciones cerradas en nuestro país y las vistas puestas en su próximo trabajo musical, que está previsto vea la luz en 2015, el maestro repasa su vida y su obra para España Buenas Noticias:

– Aunque nació en Argentina, se mudó a España siendo aún pequeño. Hábleme de su niñez.
– Nací en la ciudad de San Carlos de Bolívar, ubicada en el centro norte de la provincia de Buenos Aires. Parte de mi niñez la pasé en esta ciudad, donde tengo unos recuerdos muy bonitos y que jamás se me olvidarán. Recuerdo que los fines de semana mis abuelos me pasaban a buscar para irnos al campo, o casa quinta como lo llaman allí. Mis tiempos de ocio eran muy simples, jugaba y me gustaba sentir la naturaleza en su estado puro, el sonido del viento entre las hojas de los eucaliptos, las tormentas, la lluvia…

Evidentemente, como casi para todo niño, una migración es algo compleja y a veces dura de asimilar. Al principio no entendía muy bien porqué mis padres decidieron irse de Argentina para empezar una nueva vida en España. Fue un cambio que tardé tiempo en comprender. Mis padres decidieron ir a la isla de Mallorca, debido a que teníamos familiares lejanos. La adaptación se me hizo larga, especialmente por la lengua, pero en cuestión de año y medio empecé a encontrarme a gusto en nuestro nuevo lugar. Creo que fue el mar Mediterráneo el culpable.

– ¿Cuándo empezó a interesarse por la música?
– La música me atrajo desde muy pequeño inconscientemente, cosa que casi por instinto le pasa al ser humano. De las primeras cosas que hacemos al ser niños, escuchar melodías para dormir, en los juegos, cantar… Conscientemente fue a los ocho años, si bien recuerdo. Tuve un encuentro cara a cara con unos casetes de Mauricio Ravel y esa tarde escuché el ‘Bolero’ de Ravel unas diez veces sin parar. Curiosamente ahí me di cuenta que la música era algo más para mí que sólo escucharla, sentí como una necesidad de querer tocarla o bailarla.

– ¿Por qué le llamó la atención la cultura japonesa?
– Por la cultura japonesa me interesé unos años más tarde, cuando un familiar me dejó unos libros sobre el Zen. Recuerdo a mi tío Cristian hablándome sobre el vegetarianismo y el Budismo. Sentí mucha curiosidad por todas esas maneras de ver la vida tan diferentes a la de mi cultura natal. Indiscutiblemente la flauta shakuhachi entra en esto, fue a los 10 u 11 años cuando la escuché por primera vez.

– Tengo entendido que el shakuhachi es una flauta que usan los monjes budistas para la meditación. ¿Cómo y por qué empezó a tocar este instrumento musical?
– Exactamente, los monjes Komuso dejaron de usar el shakuahchi en el 1871, además el grupo religioso dejó de existir como tal. A partir de esas fechas el shakuhachi empezó a transmitirse como música y se introdujo en otros géneros musicales de Japón.

Rodrigo vive en Galicia desde hace dos años.
El artista vive en Galicia desde hace dos años.

Existen varios factores que hicieron que me interesara por el shakuhachi: uno es toda la bella historia y filosofía que gira en torno al instrumento, y otra, por la posibilidad de su sonido, en la que también se ve involucrada la belleza. Empecé a estudiar shakuhachi a los 25 años y llevaba desde los 12 con la música clásica (guitarra).

– Y luego se marchó a Japón…
– Decidí estudiar en Japón a los 26 años. Fue una decisión difícil, llena de obstáculos debido a que no existe ningún tipo de ayudas económicas para ello. No pensé mucho en frío sobre el tema, simplemente sentí que quería dedicarme a este sonido y así lo hice. Los primeros años estudie en Saitama Ken, donde fui pupilo de Kakizakai Kaoru en la ciudad de Chi Chi bu. Vivía de una manera muy austera y dando toda la prioridad a poder financiar mis clases y aprendizaje.

Los monjes Komuso tocaban este instrumento hecho con bambú.
Esta flauta está hecha con bambú.

– Decidió marcharse a Japón para estudiar con los mejores profesionales del shakuhachi. ¿Cómo fueron aquellos tiempos?
– Tuve la suerte de poder estudiar con dos grandes maestro de shakuhachi: Kakizakai Kaoru, a quien he mencionado antes, y mi segundo maestro, Kohachiro Miyata, un músico virtuoso y compositor muy notable de música contemporánea japonesa.
Mis primeros viajes a Japón fueron por periodos de uno, dos y tres meses. Cuando regresaba a España venía cargado de información, experiencias y mucha motivación. Aguanté poco los periodos cortos, notaba en mí que si quería progresar en mi práctica y estudios necesitaba no sólo estar tiempos más largos, sino involucrarme más en la vida cotidiana y entender la idiosincrasia.

– ¿Qué supone el shakuhachi para usted?
– Para mí, shakuhachi supone un sinfín de cosas: amor, belleza, historia, transmisión del tiempo, disciplina, práctica, sacrificio, aprendizaje constante y desarrollo personal. La práctica casi diaria que tenemos los músicos es un ejercicio con unos efectos que nos ayudan a, no sólo avanzar con la parte técnica musical, sino con las emociones y a fortalecer el espíritu.

– ¿Toca más instrumentos?
– Sí, en su momento toqué otros, pero actualmente sólo shakuhachi. Hace años estudié guitarra clásica y dilruba, un instrumento tradicional de la India.

Rodrigo está preparando un nuevo disco, el séptimo de su carrera.
Rodrigo está preparando un nuevo disco, el séptimo de su carrera.

– ¿Cuándo dejó de vivir en Japón? ¿Cuál es su vinculación actual con España?
– Actualmente estoy vinculado a ambos países. En Japón estuve viviendo de manera constante, sin regresar a España, unos seis años, porque me casé con mi primera esposa, Kana Kuroda. En 2009 regresé y en 2012 fijé mi residencia en Galicia, aunque sigo viajando constantemente por conciertos a Japón y para estar con mi maestro, Kohachiro Miyata.
Galicia es un lugar donde me encuentro como en casa y que a la vez tiene muchas cosas parecidas con Japón, especialmente por la lluvia, lo verde y el marisco. Siempre lo pienso, me siento con medio espíritu en Japón y el otro medio en España, creo que tengo todavía muchas cosas que hacer en ambos países en torno al shakuhachi y su divulgación.

– Habiendo vivido en Argentina, España y Japón, ¿de qué país se siente en realidad?
– Interesante pregunta. Bueno, tengo que decir que me siento muy conectado con España, debido a que es el país donde más he vivido. Pero también me siento latinoamericano. Fue curioso que las primeras veces que estuve en Japón no me sentí extraño… sí claro… todo lo que me rodeaba era efectivamente de una cultura que no me pertenecía, pero había algo dentro de mí que se sentía cómodo en el país del Sol Naciente.
Cuando viajo me preguntan ‘¿y tú de dónde eres?’, y yo siempre contesto que de España, o del mundo (risas).

Monjes tocando el shakuhachi.
Monjes tocando el shakuhachi.

– Hábleme de su experiencia tocando en el Conservatorio de Moscú.
– Recibí la invitación del Conservatorio de Moscú en el año 2011. Fue para mí toda una alegría que uno de los conservatorios más prestigiosos del mundo contara conmigo y mostrara interés. Tardé un año, por motivos de visados y organización, en poder decidirme y finalmente actué en 2012. Fue una de las experiencias profesionales más enriquecedoras de mi vida; tuve la suerte de poder viajar con mi hija, Luna, que tenía solo tres añitos. Estuve cerca de una semana en Moscú, atendiendo ensayos, visitas oficiales y masterclass de otros músicos. Pude ver y sentir la devoción del pueblo ruso hacia la música culta, algo que me emocionó totalmente. Mis instrumentos, al ser de bambú, sufrieron los cambios de temperatura y tenía que ir con mucho cuidado, ya que esto podía provocar fracturas en la caña.

– Ha colaborado con el Año Dual con su último disco, ¿cómo es este reciente trabajo?
– Sí, mi último disco ‘The Road of Hasekura Tsunenaga’ fue un proyecto apoyado por diversas instituciones, entre ellas la Fundación Japón, Casa Galicia Japón, la Embajada de Japón y el Ayuntamiento de Coria del Río. Este disco fue dedicado al primer diplomático samurai que viajó a España y en él incluí piezas tradicionales de shakuhachi llamadas honkyoku, piezas ancestrales de un origen religioso. Otros temas fueron compuestos por mí, incluyendo el arreglo de mi maestro Kohachiro Miyata para harpa y shakuhachi.

Su último disco estaba dedicado a Hasekura Tsunenaga, quien encabezó la Embajada Keicho.
Su último disco estaba dedicado a Hasekura Tsunenaga, quien encabezó la Embajada Keicho.

El disco fue incluido por la junta de los 400 años y se hizo la presentación en Santiago de Compostela días antes de la llegada del príncipe de Japón. Posteriormente, Casa Galicia Japón, dirigida por Megumi Shiozawa y su marido, Ignacio Galán, y principal soporte y motivación que tengo para mis proyectos musicales, obsequió al príncipe Naruhito con él el 13 de junio del 2013. En noviembre de ese año me embarqué en una gira de conciertos por Japón, donde se hizo la premier del disco en las ciudades de Sendai, Ishinomaki.

– ¿Para cuándo un séptimo disco?
– Mi intención es para 2015, pero a veces los proyectos se retrasan, por motivos técnicos o porque necesitan reposo. Me gusta tomarme tiempo para poder pulir el disco antes de lanzarlo.

– ¿Qué actuaciones tiene previstas en España?
– Este próximo noviembre estaré de gira en la Comunidad de Madrid y luego enlazaré con País Vasco, Castilla León y Cantabria. Para 2015 tengo prevista una serie de conciertos en el Museo Etnográfico de Madrid (San Sebastián de los Reyes), Valladolid, Zamora y Galicia de momento.

Muchas gracias Rodrigo y mucha suerte.

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