¿Por qué nos hacemos tatuajes o piercings?

El fenómeno de la modificación corporal extrema es analizado por la historiadora y socióloga Ana Belén Rojo en una tesis.

Ana Belén Rojo es la autora de la tesis. / Foto: EP/UPNA
Ana Belén Rojo es la autora de la tesis. / Foto: EP/UPNA

Europa Press. Ana Belén Rojo, licenciada en Historia del Arte y doctora en Sociología por la Universidad Pública de Navarra (UPNA), ha analizado en su tesis doctoral el fenómeno de la modificación corporal extrema, donde se incluye el tatuaje, el piercing y otras técnicas corporales derivadas de esas prácticas.

Según explica, en su investigación ha pretendido “ahondar en las causas, razones o motivos que llevan a miles de personas a realizarse ese tipo de intervenciones, a marcarse el cuerpo con resultados a menudo irreversibles y que abren un debate sobre cómo les afecta como individuos y en sus relaciones sociales”.

El estudio, en el que no se han incluido otras formas de modificación corporal extrema como la cirugía estética o el cambio de sexo, realiza un recorrido social e histórico de las citadas prácticas corporales, revisa bibliografía generada al respecto y analiza las narrativas corporales resultantes y el impacto que tienen en los movimientos sociales contemporáneos.

La tesis ‘Modificaciones corporales extremas’ ha sido dirigida por el catedrático de Sociología Bernabé Sarabia Heydrich, de la Universidad Pública de Navarra, y Juan Zarco Colón, profesor de sociología en la Universidad Autónoma de Madrid y ha obtenido la calificación de Sobresaliente cum laude.

Tal y como señala su autora, las formas de decorar y alterar el cuerpo son cada vez “más visibles y habituales entre miles de jóvenes y no tan jóvenes”. “Estos nuevos ritos corporales indígenas y primitivos han sido reapropiados por colectivos sociales occidentales desde los años 70 del siglo XX hasta nuestros días, construyendo símbolos de identidad y pertenencia a un grupo y provocando debate, admiración, rechazo y provocación”, destaca.

Según detalla, la moda por ornamentar el cuerpo con tatuajes y piercings se hace más patente a finales de los 90 y “el paisaje urbano se puebla de adolescentes, jóvenes y jóvenes-adultos que muestran sus cuerpos tatuados, perforados, escarificados y decorados con todo tipo de modificaciones”.

“Los utilizan para construir su personalidad, hacer visible la rebeldía hacia los cánones de belleza occidentales y, en consecuencia, crear nuevas tendencias que se difundirán a través de internet”, concluye.

En este sentido, remarca que internet se ha convertido en “una gran plataforma de difusión, con comunidades virtuales, blogs y webs donde los participantes muestran sus tatuajes, se apoyan mutuamente, opinan y se animan a seguir con esas prácticas”. “A su vez, esa difusión afianza a las personas como comunidad y contribuye a que esa estigmatización que acompañaba a esas prácticas corporales vaya desapareciendo o, poco a poco, vaya siendo absorbida por la imaginería urbana occidental”, señala.

En ese contexto, Ana Belén Rojo apunta que la “espectacularidad” de muchas de esas modificaciones corporales está provocando una rápida evolución de las técnicas. “El todo vale o el ir más allá de los límites del cuerpo está revolucionando a los profesionales que llevan a cabo estas intervenciones corporales, de manera que la tecnología y los nuevos materiales sintéticos (sin olvidar la biomedicina y la cirugía) sirvan para realizar modificaciones casi inverosímiles o propias de la ciencia ficción”, agrega.

A modo de conclusión, la autora explica que “en esta sociedad actual, donde la filosofía y la estética de los extremos son referentes que hay que tener muy en cuenta, el cuerpo también es llevado al límite; la identidad se vuelve líquida y la piel maleable, sin límites; ni siquiera el dolor importa para frenar la experimentación con el propio cuerpo”.

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