La danza de la realidad, un furioso grito de imaginación

Alejandro Jodorowsky nos cuenta una fábula llena de vida e imaginación visualmente tan colorida, surrealista e imaginativa como un cuadro de Dalí.

Escena de 'La danza de la realidad'.
Escena de ‘La danza de la realidad’.

Carlos Fernández / @karlos686. Lo recomendable para un saludable visionado de La danza de la realidad es tratar de olvidar que es Alejandro Jodorowsky el que está detrás de todo, lo cual es complicadísimo pues todos los que la verán será por saber que es él quien la firma: la visión estética y el carácter tan personal de su director está en cada uno de sus 130 minutos. Han pasado 23 años desde el último largometraje de Alejandro Jodorowsky (El ladrón del arco iris) y este conocido personaje público (escritor, guionista, actor, director, productor, psicomago) ha decidido adaptar la propia autobiografía de su infancia, combinada con algo de ficción, titulada y publicada La danza de la realidad y llevarla al cine a su más puro estilo, a niveles esencialmente estéticos.

Jodorowsky nos cuenta una fábula llena de vida e imaginación visualmente tan colorida, surrealista e imaginativa como un cuadro de Dalí y tan recargada como una película del propio Jodorowsky. Como ya mencioné al principio de esta crítica, hay que intentar ver la película sin los prejuicios que puede acarrear este director pues bien es cierto que no es nada humilde y es imposible despojarse de la idea de que él está detrás de la cámara en todo momento, más aunque eso pueda chocar, y lo hace de hecho en esta película, La danza de la realidad es digna de plantearse hasta qué punto el exceso de autoría de una película o de una obra en general puede resultar molesta y cuándo agradable. La respuesta no es sencilla, pues directores ambiciosos y personales como Terrence Malick u Orson Welles son claros ejemplos de que la personalidad de sus personajes e imágenes se encuentra presente en todos los planos de una película firmada por ellos y por eso puedes odiarlos u amarlos, es decir, o choca o no choca su personalidad con la del espectador, no existe punto intermedio con un director como Alejandro Jodorowsky.

La cinta se estrenó el 26 de septiembre.
La cinta se estrenó el 26 de septiembre.

De todas las películas que ha realizado el director chileno, La montaña sangrada es sin duda la más difícil de ver para el espectador, así como con muchas de sus películas como sería El topo, pero La danza de la realidad posee un aspecto mucho más formal en el surrealismo de sus fotogramas, es decir, esta película da tregua al espectador, pese al surrealismo de sus imágenes, ya que no cansa ni desconcierta hasta el punto de las primeras películas de este director, más bien el espectador siente curiosidad y muchas veces es conducido por el lirismo de sus distintas partes que pueden ser violentas en extremo visualmente, terroríficas y en otras simplemente hipnóticas, no hay punto medio. La dirección de arte es ambiciosísima y Jodorowsky le da tanto valor como una película de Tim Burton. La colorimetría es, en definitiva impresionante, un claro ejemplo de que “foto” y “arte” han trabajado codo con codo.

La interpretación del personaje infantil llevada a cabo por el novel Jeremias Herskovits es dulce, tierna y emotiva, pienso que representa lo que un director, como es el que firma la película, pediría a un niño para interpretarlo a él mismo de infante. En definitiva, La danza de la realidad es una película que quiere hablarnos de muchas cosas, a veces parece un sermón y otras un sueño, otras parece que asistieras a una sesión de psicoterapia pero otras, la mayoría, es un furioso grito de imaginación.

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