La Bienal se entrega al flamenco fresco y transgresor de Rocío Márquez

La andaluza puso en pie a buena parte del Teatro Central de la Cartuja de Sevilla con el rompedor y sorprendente estreno absoluto de su disco homenaje a Pepe Marchena ‘El niño. Andando por los campos marcheneros’, en el que estuvo acompañada por las guitarras de Manuel Herrera y el maestro Pepe Habichuela, Raúl Rodríguez, Los Mellis, Niño de Elche, Raúl Cantizano y Antonio Montiel.

Rocío Márquez.
Rocío Márquez./Foto: Antonio Acedo

Paula Crespo. Rocío Márquez ha pasado de ser esa niña que soñaba con cantar algún día en la Bienal de Flamenco de Sevilla a erigirse como una de sus grandes protagonistas en esta edición de 2014. Despojada ya del eterno estigma de joven promesa se presentó este domingo 14 de septiembre como la gran figura flamenca que ha conseguido llegar a ser con una innovadora propuesta homenaje al genial cantaor Pepe Marchena que no dejó indiferente al respetable que llenó el Teatro Central.

Y no solo por su personalísima voz, sino porque en la cabeza de Rocío hace tiempo que el flamenco, ese género que domina y admira a partes iguales, se concibe como algo que va más allá del típico cuadro clásico. El cerebro derecho -donde se aloja la creatividad- de la onubense lo entiende tan flexible como otras manifestaciones artísticas que admiten que se les afloje el corsé del clasicismo y se les deje caminar libres mientras se entremezclan jugando, experimentando con otros géneros. Justo como hacía Marchena en su época.

Rocío junto a Manuel Herrera.
Rocío junto a Manuel Herrera.

Y a fe que lo ha conseguido. El espectáculo ‘El Niño. Andando por los niños marcheneros’, una idea original de Rocío que ha contado con la producción de Faustino Núñez, Raúl Fernández Refree y Pedro G. Romero, tiene dos partes claramente diferenciadas que van desde la guitarra clásica de Manuel Herrera y el genial maestro Pepe Habichuela hasta llegar a la música experimental en la voz del Niño de Elche -con la guitarra eléctrica de Raúl Cantizano y la batería de Antonio Montiel-, pasando por el son del tres cubano, de Raúl Rodríguez y el acompañamiento de Los Mellis.

Rocío comienza cantando a capella y prácticamente a oscuras, únicamente acompañada por Los Mellis, poco a poco se introduce la guitarra de Manuel Herrera en una granaína del revés, en la que las cuerdas vocales de la onubense y sus paisanos acompañan a la voz del guitarrista. Para la guajira se introduce el exótico sonido del tres cubano de Raúl Rodríguez, quien para Rocío tiene mucho en común con Marchena porque “juega, se divierte y tiene ese punto de niño que tenía Pepe y que a mí tanto me gusta”.

La capacidad vocal de Rocío quedó patente en los fandangos.
La capacidad vocal de Rocío quedó patente en los fandangos.

Los fandangos y el punto y milonga dan buena cuenta del amplísimo rango vocal que atesora la cantaora onubense, quien antes de rematar la parte clásica de “su niño” invita al escenario al maestro de la guitarra Pepe Habichuela, escudero de Marchena en múltiples ocasiones. Entre los dos existe una gran admiración mutua. El dúo intergeneracional funciona a la perfección en la seguiriya, la  taranta y en el especial Romance a Córdoba en el que Rocío alterna parte recitada con parte cantada en un difícil ejercicio de dicción que resuelve con verdadera maestría. La cantaora onubense transmite emoción mientras disfruta del toque del maestro y da un paso atrás para despedirlo, dejarle recibir su reconocimiento y comenzar la segunda parte del espectáculo.

Transgresora
Lejos de su silla y de pie aparece junto al Niño de Elche y sus efectos vocales, Raúl Cantizano a la guitarra eléctrica y Antonio Montiel a la batería y las percusiones para interpretar una saeta con tintes rock que deja sin respiración al público, antes de llegar a uno de los puntos álgidos de la presentación del nuevo trabajo de la onubense. Una colombiana en la que volvió a estar acompañada de Los Mellis y que desvela a la perfección las intenciones de Rocío de revivir y reexperimentar con melodías y sones actuales este cante creado por Marchena.

En la misma línea siguió con la canción soneto Una Rosa para la que la cantaora confesó haberse inspirado en los textos del nobel moguereño Juan Ramón y de William Shakespeare, para terminar de nuevo entremezclando su poderosa voz con la experimentalidad del Niño de Elche y finalmente cantar “a dúo” con Pepe Marchena, con imágenes del cantaor sevillano de fondo.

Podrá gustar más o menos, pero la de Rocío Márquez es una propuesta valiente, musicalmente bien estructurada y justificada. Lo de la Bienal solo fue el anticipo de lo que es su segundo trabajo discográfico que verá la luz el próximo 23 de septiembre de la mano de Universal Music. 

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