ISIS reactiva la guerra contra el terror

De nuevo apelo al foro de las Naciones Unidas como el único legitimador posible; y, si no funciona con la efectividad y rapidez necesaria, pues habrá que modificarlo.

Francisco J. Martínez-López. Apenas doce horas antes del decimotercer aniversario del 11-S, el presidente de los EEUU, Barack Obama, se dirigía solemnemente a la nación para comunicar lo que harán junto con sus amigos y aliados, todavía por determinar –el secretario de Estado John Kerry está inmerso en una intensa gira de reclutamiento ahora–, para diezmar y, en última instancia, destruir ISIL. Por cierto, un interesante detalle. Desde el principio, se ha utilizado el acrónimo ISIS, para las palabras, aquí traducidas, Estado Islámico de Irak y Siria. Éstos son dos países que focalizan la acción en unos territorios concretos, a los que también EEUU ha prestado atención especial. El cambio que realiza la administración Obama al utilizar ISIL amplía el foco enormemente; la diferencia está en la L, por levante, y engloba Israel, Jordania, Líbano, Palestina, Chipre o Turquía, entre otros. Esto no sólo evita centrarse en un área reducida, donde se ha cuestionado la procedencia y efectividad de las diversas campañas militares estadounidenses desde los 90, sino que también extiende el campo de acción. Esto da más discrecionalidad a EEUU en el futuro para justificar posibles acciones en otros territorios de Oriente Medio.

Se veía venir, incluso antes del degüello de los periodistas americanos. Muerto Bin Laden, supuestamente en la operación Gerónimo, durante el primer mandato de Obama, y con una Al-Qaeda que, tras años de campañas militares en Afganistán y otros territorios donde actuaban, ya no podía seguir representando una amenaza real como antes –¿cómo se justificaría, si no, ese gasto bélico y sacrificio de vidas?–, la guerra contra el terror necesitaba un nuevo enemigo. El detonante de esta guerra fueron los atentados salvajes, sin precedentes, del 11-S, que sirvieron como base para decisiones tanto en materia internacional como doméstica de EEUU. Ese atentado ha sido utilizado como excusa para invadir países y emprender campañas militares. Sin embargo, se ha hecho sin legitimidad jurídica internacional, y eso es lo que me resulta preocupante.

Más allá de los eventos recientes, incluso antes del 11-S, Oriente Medio ha tenido un interés estratégico para EEUU. Prueba de ello es que, desde George Bush padre, con la operación tormenta del desierto, todos los presidentes estadounidenses han ordenado, por uno u otros motivos, operaciones militares en esa zona.

El discurso de Obama representa a la perfección la esencia de los valores fundacionales de los EEUU de América, vistos en tantas películas de Hollywood. Transmite de una manera equilibrada la racionalidad de la amenaza terrorista, que justifica los ataques, con la emotividad de la libertad, justicia y dignidad por la que se mueve el pueblo americano. Señala que la capacidad y posición de América puede ser una carga cuando se trata de estar a la altura de la responsabilidad que ello conlleva, pero aceptan su papel como líderes del mundo.

Es necesario recordar, no obstante, al presidente de EEUU, sea Obama u otro, y al resto de compatriotas que se emocionen con este discurso tipo Independence day, de país salvador del mundo, incluso con el apoyo de otros países, que están equivocados. De nuevo apelo al foro de las Naciones Unidas como el único legitimador posible; y, si no funciona con la efectividad y rapidez necesaria, pues habrá que modificarlo. Ningún país debe, por muy buenas intenciones que tenga, saltarse la legalidad internacional a su conveniencia; eso, además, le restaría autoridad moral para pedir a otros, como Rusia con el caso de Ucrania, que la cumplan. El que está en posiciones de responsabilidad, Obama, por ejemplo, puede argumentar que hay situaciones críticas que requieren una velocidad de acción que la ONU no permite. El análisis de la historia reciente sugiere, en cambio, que los motivos argumentados para dar base a esas acciones no siempre fueron ciertos, así como que puede haber otros intereses detrás de estas decisiones.

Este premio Nobel de la Paz, que a la sazón no ha demostrado merecérselo más que otros presidentes estadounidenses que le precedieron, ha prometido a su país que en esta ocasión las campañas serán aéreas, sin poner en juego las vidas de tropas terrestres, como en campañas anteriores. Así es como ha empezado la cosa; veremos cómo acaba… Soy escéptico cuando se trata de la relación de amor-odio entre Oriente Medio y EEUU. Parece una historia interminable.

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