Violación inspira proyecto de fin de grado

Emma Sulkowicz, una estudiante de audiovisuales, ha decidido basar su proyecto de fin de grado en una presunta violación sufrida en el verano de 2012 en su propio cuarto y cama, en una residencia de estudiantes de Columbia.

Francisco J. Martínez-López. La élite del sistema universitario estadounidense se conoce coloquialmente como “Ivy league”, o la liga de la yedra. Comprende un número reducido de universidades, y sus egresados están especialmente valorados en el sistema; son los mejor considerados y pagados; Harvard, Yale o Stanford son algunos ejemplos. El acceso no es fácil y requiere del concurso de factores diversos, donde el talento y el dinero pueden acompañarse de otros, que pueden complementarlos o suplirlos. En Nueva York sólo hay una universidad perteneciente a esta exclusiva comunidad: Columbia.

Para estas instituciones debe resultar muy incómodo lidiar con sucesos que afecten su imagen pública, como es el caso de la violación. Emma Sulkowicz, una estudiante de audiovisuales, ha decidido basar su proyecto de fin de grado en una presunta violación sufrida en el verano de 2012 en su propio cuarto y cama, en una residencia de estudiantes del campus universitario. El proyecto se titula “Matress performance or carry that weight”; algo así como: la performance del colchón o lleva esa carga. Consiste en que siempre sale por el campus llevando el colchón de su cama, de unas dimensiones reducidas, probablemente de 80. Emma explica que con ello persigue denunciar lo que le sucedió y la gestión deficiente que, en su opinión y en la de otras afectadas, ha tenido Columbia al respecto. Su performance puede durar un día o hasta que se gradúe, comenta; no tiene un tiempo determinado.

Por un lado, aplaudo la valentía de Emma y otras como ella que han decidido denunciar este hecho. Por otro, sin embargo, aprecio cierta paradoja en el comportamiento seguido para ello, y no lo digo ya por el proyecto en sí, sino por lo que vino antes. Investigando sobre el tema, resulta que en Estados Unidos la media anual de agresiones sexuales en campus universitarios es de un 25% del total de denuncias por agresiones puestas por estudiantes. En Columbia, este curso, se han denunciado más de 20 casos de violación; al menos tres de ellos están relacionados con una misma personal, supuestamente el agresor sexual de Emma y dos estudiantes más. La universidad ha creado comisiones para su estudio, que han investigado cada caso independientemente. Sin embargo, existe descontento sobre la preparación de sus miembros para abordarla; Emma comentaba que uno de los miembros de la comisión le preguntó cómo era físicamente posible que sufriera una violación anal…También se duda sobre la efectividad de estos procesos, que se han desarrollado de manera independiente, caso por caso, evitando así entrar en posibles casos de agresores “en serie”.

Según dirigentes de asociaciones especializadas en este tipo de agresiones, los estudiantes acuden a la institución en lugar de a la policía para tratar de conseguir una serie de medidas que la policía no puede proporcionar, como cambiar al supuesto agresor de residencia, o alejarlo de la vida académica de la supuesta víctima. Pero no termino de entender por qué se limitan a la institución. Primero que la institución no es imparcial; tiene intereses, y probablemente la búsqueda de la verdad se subyugue al buen nombre de la misma; reconocer violaciones no es compatible con su reputación. Segundo y principal, que la institución no tiene legitimidad para hacer uso del sistema legislativo al respecto. Por tanto, ¿por qué no se denuncian también estos casos en una comisaría de policía para que se ponga en marcha el sistema legal? No es comprensible, sobre todo una vez que se da el paso y se hace público; en situaciones como ésta me viene a la mente una versión adaptada del slogan de una campaña antigua de la cerveza Bud light: “another American contradiction”. Las dos vías son compatibles, pero la segunda ineludible. Es más, lo primero que debería hacer una institución es instar a las estudiantes afectadas a que informen de ello a la policía, o incluso requerir su concurrencia para que lo investiguen.

Creo oportuno que Emma exponga su proyecto en alguna de las comisarías cercanas que la NYPD tiene en el upper west side; seguro que no tarda mucho ni le lleva demasiado esfuerzo desplazarse desde el campus de Columbia.



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