La infancia de Tim Burton

Gracias a sus películas, el público puede hacerse una idea de cómo fueron los primeros años de vida del cineasta, pues ya desde adolescente Burton era un artista.

'Vincent', 1982.
‘Vincent’, 1982.

Carlos Fernández / @karlos686. Poético, oscuro, ensimismado y gracioso, éstas son algunas de las principales cualidades de Tim Burton como cineasta. Hay pocos autores con un sello tan personal como Burton en sus películas, incluso en lo comercial busca siempre un hueco para hablar de él mismo, de lo que le da miedo, lo que añora o de un tema que nunca deja de inspirar al autor gótico: su infancia. Por sus películas nos hacemos una idea de cómo fue, pero ya desde adolescente Burton era un artista.

Representaba asesinatos, genocidios, hachazos… con su hermano en su más “tierna” infancia, también asustaba a los hijos de los vecinos diciéndoles que vendrían extraterrestres a invadir la tierra. No le apasionaba leer al joven Burton por mucho que cueste creerlo, le gustaba dibujar, pintar y el cine, sobre todo el de monstruos y vampiros (demostraría este amor en muchas de sus películas pero sobre todo en Ed Wood). En su adolescencia empezaron a apasionarle los poemas de Edgar Allan Poe a quien le dedica el glorioso final de su primer cortometraje: Vincent (1982).

'Pesadilla antes de Navidad', 1993.
‘Pesadilla antes de Navidad’, 1993.

Vincent es el primer corto original de Tim Burton, dura cinco minutos y sintetiza a la perfección la obra al completo del director. Burton explica que es un corto muy personal en el que cuenta la historia de un joven artista que admira a Vincent Price (el mítico actor narra el corto de verdad y se convirtió en amigo de Burton) y quiere ser como él. El joven pinta, dibuja e imagina asesinar a su familia pero la soledad y el aislamiento como niño, en un mundo que no es suyo, le hace sentirse derrotado por toda la presión que supone vivir en un mundo contra un niño que es inadaptado, se ha relacionado mucho a Burton como personaje principal de este corto. Poco después llegaría el mediometraje de Frankenweenie, película por la que la Disney le despidió por hacer una cinta demasiado terrorífica para menores.

La infancia de Burton siguió presente en películas como Eduardo Manostijeras (1990), presentando a un joven solitario e inadaptado que trata de encajar en un mundo, el nuestro, que no está preparado para un ser bueno y desinteresado como él. En la historia de Pesadilla antes de Navidad (película que no dirigió Burton y es la que más se le atribuye) de Henry Selick, Burton desplegó todo su universo estético a favor de una historia de soledad, cambio, necesidad, amor y terror, convirtiéndose en una de las mejores comedias de terror jamás rodadas que además de asustar a los niños enamoraba a los padres (que no se cabreaban por provocar pesadillas en sus hijos).

Pasados los años, consiguió una filmografía donde mezclaba su universo gótico y fantástico con la cara más comercial de Hollywood, en cierto modo lo que más le gusta a Burton pero siempre con una impronta personal. Burton afirmaba que las películas cuestan mucho dinero y tiempo como para no hablar de algo que a él, como artista, le conmueva o le duela.



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