Mar González, una mujer a la que perder una pierna a causa del cáncer no le ha impedido hacer todo lo que ha deseado en la vida

A pesar de que la enfermedad le dio la cara con sólo 11 años y de que los médicos la daban por perdida, la onubense ha seguido siempre adelante. Se sacó su carrera y oposiciones, toca el violín, practica todo tipo de deportes, incluso quiere empezar a competir, y además está tratando de cursar estudios en una academia de baile en Londres.

Mar González visitó la sede de Huelva Buenas Noticias.
Mar González visitó la sede de Huelva Buenas Noticias.

Ana Rodríguez. En nuestro día a día nos cruzamos con personas que, aunque no nos percatemos, son un ejemplo de superación y vitalidad. Una de ellas es Mar González, una gran mujer, natural del municipio onubense de Lepe, a la que las piedras del camino no le han hecho perder la sonrisa ni la ganas de disfrutar de lo bueno de la vida.

Mar hizo el camino de Santiago en el verano de 2012.
Mar hizo el camino de Santiago en el verano de 2012.

Cuando tenía 11 años, Mar se quejaba de un dolor en su pierna izquierda que resultó ser cáncer de huesos. Tras una primera operación, a la que siguieron varias sesiones de quimioterapia, el tumor se le volvió a reproducir y pasó de nuevo por quirófano, pero esta vez los médicos se vieron obligados a amputarle la pierna por encima de la rodilla. Cuando comenzaba a recuperarse de aquello y a hacerse a la idea de su nueva situación, le cayó un nuevo golpe: en una revisión le detectaron que el cáncer se había extendido a un pulmón, siendo intervenida nuevamente para eliminar la metástasis. “Me dieron por perdida”, explica Mar, “incluso me cambiaron de hospital, me mandaron al Virgen del Rocío, cuando hasta entonces me habían estado tratando en el Pabellón Vasco, en Sevilla”.

Esquiar, otro de los deportes que ha practicado.
Esquiar, otro de los deportes que ha practicado.

Así pues, a los 14 años la lepera había pasado ya por tres intervenciones y había perdido una pierna, lo cual no le impidió seguir acudiendo al colegio y sacar sus estudios, ya que “cuando me recuperaba y me sentía mejor, iba de nuevo a clase, al IES Río Piedras, y hacía lo que podía”, reconoce, incluso en 1992, recién amputada, no quiso perderse la Expo, que se recorrió con sus muletas. Ya entonces, Mar daba signos de que iba a ser dura de pelar, una luchadora que iba a plantarle cara a la enfermedad y a seguir disfrutando de la vida.

La lepera se prepara para competir en piragüismo.
La lepera se prepara para competir en piragüismo.

“En plena pubertad no tenía pelo y llevaba una prótesis, que influye mucho en la estética”, dos factores que se añadían a esta, ya de por sí difícil, etapa de la vida de cualquier persona. Mar terminó BUP, COU, hizo Selectividad y la carrera de Ingeniería Forestal para luego opositar y conseguir su actual puesto de trabajo, profesora de Secundaria en el Colegio Sebastián Fernández de Cartaya, donde ya lleva seis años ejerciendo. “Ha sido un trabajo duro -reconoce la joven- pero he conseguido sentirme bien conmigo misma, conseguir mi actual imagen con una prótesis más estética, vencer a la enfermedad y, sobre todo, al miedo. Ya no lo veo igual, no me asusta tanto el que me vuelva a pasar lo mismo”.

La joven da clases en un colegio de Cartaya.
La joven da clases en un colegio de Cartaya.

La onubense era la pequeña de cuatro hermanos, quienes junto a sus padres siempre han sido su principal apoyo. “Mi padre era marinero y pasaba mucho tiempo en el mar y mi madre era la que me veía día a día. Con el tiempo, yo he tenido que superarla porque siempre ha querido protegerme y yo intentaba hacerlo todo por mí misma, consiguiendo que su miedo no me paralizara. Desde luego, no he podido tener mejores padres”, expresa agradecida la lepera.

Cuando le sobrevino el cáncer, Mar jugaba en un equipo de baloncesto, ya que siempre le ha gustado mucho practicar deporte, una afición que ha sabido mantener a pesar de sus circunstancias. En este sentido, la joven ha encontrado gran apoyo en las Fundaciones También y Deporte y Desafío, que organizan actividades adaptadas para personas con discapacidad. Con la primera de ellas, Mar realizó el descenso del Sella en piragua y con la segunda ha esquiado, buceado y hecho el Camino de Santiago.

Mar piensa que en la vida hay que ser valientes.
Mar piensa que en la vida hay que ser valientes.

Ha sido esta última una de las mayores experiencias de su vida, ya que recorrió acompañada de personas con discapacidad -la mayoría intelectual- y varios voluntarios de la Fundación Telefónica más de 100 kilómetros en casi cinco días, toda una hazaña bajo el sofocante calor veraniego que asolaba en 2012. El punto de inicio fue una pedanía cercana a Portomarín, desde la que la onubense partió con bastones de trekking, aunque llegado un momento los soltó para coger las muletas porque se le cargó el tendón de Aquiles. Lo que tenía muy claro Mar era que no iba a rendirse ni a subirse a la furgoneta que los escoltaba hasta Santiago porque ella “había ido a andar”. La joven reconoce que “fue un camino muy duro, no parábamos ni después de comer para descansar, pero mereció la pena porque conocí a gente maravillosa y bondadosa, como Pepe, Fernando, Jesús, Adriana… que se quedaban por detrás para no dejarme sola ya que yo iba más despacio que el resto del grupo. Fue una experiencia inolvidable, un camino mágico”.

Su familia es su principal apoyo.
Su familia es su principal apoyo.

A todas estas actividades, Mar siempre ha acudido de manera individual, pues asegura que le aportan mucho a nivel personal y que en ellas conoce gente que le hace relativizar sus problemas: “hay personas que tienen grandes dificultades, muchas más que yo, y aún así son independientes y tienen una vida plena y feliz. Entonces pienso que yo no tengo nada, que no me puedo ni quejar”, afirma la profesora de Secundaria.

El ir de la mano de estas Fundaciones le permite también iniciarse en deportes que jamás se hubiera aventurado a practicar sola. Incluso esa fortaleza alcanzada a base de perderle el miedo a la iniciativa con la que se enfrente, ha hecho que Mar se meta por su cuenta en un proyecto de crear un equipo de fútbol de personas amputadas. La lepera es la única chica, por ahora, en este grupo en el que participan personas de diversos puntos de España y que está siendo impulsando por un joven de 19 años. El primer encuentro que han mantenido tuvo lugar en Gerona y en él González echó mano de sus muletas para correr tras la pelota. “Me he sumado a esta iniciativa porque es divertido jugar al fútbol y por promocionar un deporte de amputados, y más siendo una mujer”, explica la lepera.

La onubense es la única chica de un equipo de fútbol de personas amputadas que se está creando.
La onubense es la única chica de un equipo de fútbol de personas amputadas que se está creando.

El piragüismo es otro de los deportes que la joven ha seguido practicando después de iniciarse de la mano de la Fundación Deporte y Desafío. Ahora quiere empezar a entrenar en Huelva y a competir en esta modalidad mientras se prepara para alcanzar otra de sus metas, participar en un triatlón. Para ello, Mar ya se ha probado un pie especial que le han traído nada menos que de Holanda y con el que ha conseguido hacer realidad su sueño de volver a correr después de 22 años.

Por otro lado, la onubense además es la presidenta en funciones de la Asociación de Amputados de Andalucía, Adampi, una entidad cargada de ideas para conseguir que estas personas participen activamente en la sociedad. Según comenta la lepera, “queremos apoyar especialmente tanto a los amputados recientes como a quienes vayan a serlo, para abrirles el camino, aconsejarles y acompañarles. Nuestro objetivo es que el amputado consiga tener una buena calidad de vida, que tengan prótesis decentes, que entren en contacto unos con otros para que aprendan de la experiencia de los demás”.

Mar quiere correr un triatlón y está buscando un pie adecuado para ello.
Mar quiere correr un triatlón y está buscando un pie adecuado para ello.

Pero Mar es una caja infinita de sorpresas y, además de hacer deporte y ser miembro de Adampi, consigue sacar tiempo para otra cosa más: ir al Conservatorio de Música de Isla Cristina, donde está aprendiendo a tocar al violín, estando ya en tercero de elemental. Como ella misma reconoce: “soy del mundo de la farándula. He hecho teatro, en el colegio donde trabajo participo en las representaciones, y antes estaba en el Taller de Teatro de Lepe“.

En esta línea, uno de los proyectos de la lepera es conseguir una plaza en un curso de danza que organiza la compañía inglesa Candoco, cuyo centro se encuentra cerca de Londres. Se trata de una entidad especializada en danza para personas con discapacidad que permitiría a la onubense conjugar su gusto por el baile con su necesidad de expresarse, de comunicar a través del movimiento. Para lograr este objetivo, Mar ha puesto en práctica una táctica, conseguir dar clases en aulas bilingües de inglés en el colegio donde trabaja para poder concursar a plazas en el extranjero, y así marcharse a Londres a emprender una nueva vida.

Lo mejor de estas actividades es que conoce a mucha gente.
Lo mejor de estas actividades es que conoce a mucha gente.

“Tengo muchas inquietudes, todo me interesa, y mientras pueda seguiré abarcando hasta donde llegue”, asegura la lepera a modo de resumen de su prolífica agenda. Y es que Mar González es muy consciente de lo corta que es la vida y de que hay que aprovechar hasta el último segundo de nuestro tiempo, borrando límites que no existen, pensando que podemos con todo y, principalmente “sintiéndonos libres para intentar cualquier cosa, porque a veces eso es lo único que nos retiene”. Como bien dice esta profesora, para vivir sólo “hay que ser valientes”.



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