¿Somos morbosos viendo películas?

¿Qué tiene un cineasta “triste” como Ingmar Bergman para suscitar tanta vitalidad en más de seis décadas en activo haciendo cine, televisión y teatro cuya obra es además patrimonio de la humanidad? ¿Acaso nos gusta en el fondo que nos machaquen en el cine?

'Fanny y Alexander' (1982).
‘Fanny y Alexander’ (1982).

Carlos Fernández / @karlos686. “Los suecos tenemos fama de serios por Ingmar Bergman” afirma Felix Herngren que estrena ahora “El abuelo que saltó por la ventana y se largó” y probablemente sea cierto. Esto me llevó a pensar en este cineasta que es para muchos el mejor de la historia del cine y para otros un hombre con talento cuyo cine es inaguantable. ¿Qué tiene un cineasta “triste” como Ingmar Bergman para suscitar tanta vitalidad en más de seis décadas en activo haciendo cine, televisión y teatro cuya obra es además patrimonio de la humanidad? ¿O que tiene Michael Haneke, director de un cine tan difícil de ver como el del director sueco pero con un estilo doblemente agresivo? ¿Acaso nos gusta en el fondo de nosotros que nos machaquen en el cine?

La soledad, el sexo y la religión son los principales temas de reflexión en el cine del director sueco (Ingmar Berman) pero tratados de una forma un tanto brusca, angustiosa y morbosa, la sensación que tienen muchos al ver el director de este misterioso director es la de no poder apartar la vista, ni los oídos, de las terribles verdades que se dicen y de unos angustiosos primeros planos que pueden crear sensaciones desagradables en el espectador. Así se demuestra en films de gran talento como “Persona”(1966), “El séptimo sello”(1957) o “Gritos y susurros” (1972). Siendo esto así, ¿por qué este cine tan serio, profundo, realista e indagador resulta a su vez tan interesante? Es cine difícil de ver, incluso puede dar pereza, pero el morbo y la posible poesía que impregnan dichas imágenes son poderosos edulcorantes para que este cine cuente lo que quiere contar, historias sentimentales melancólicas y realistas.

Fotograma de 'Cache', de Michael Haneke.
Fotograma de ‘Cache’, de Michael Haneke.

Grandes cineastas universales han demostrado que la mejor forma de contar una historia es hacérsela vivir al espectador en la butaca creando una experiencia “tridimensional” que se dirige a nuestro universo personal con tácticas que solo el cine puede hacernos llegar, diversos ejemplos son el “Repulsión” de Polanski o el “Belle de jour” de Buñuel, así como la obra de Bergman o el austriaco Michael Haneke. Este último director, considerado uno de los pocos genios entre los realizadores contemporáneos afirma que “La gente quiere encontrar algo que la calme, pero el arte no es así: el arte debe inquietar” y este es sin duda el gran objeto de su cine que lleva poco más de dos décadas en el cine (y algo más en televisión) Los demonios de este cineasta tan comprendido y admirado son aclamadísimos por público y crítica, sus películas pueden herir, golpear e incluso crear ansiedad, sin embargo, resultan películas que atrapan, conmueven o incluso lo irreconocible… sentirnos representados.

Michael Haneke explico que “no hace películas para hacer sufrir a la gente”, sino para comunicar un aspecto de la realidad que a él, como ser humano, le conmueve. A lo mejor nos equivocamos y no somos morbosos sino que necesitamos conocer algo más de lo que no ocurre y ahí es donde interviene la oscuridad y las brumas de este cine tan increíble, el que no quieres dejar de ver mientras quieres salir de la sala a respirar.



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