Diseñador de experiencias

La idea de los alumnos al mando del aula, o de cederles el protagonismo en el diseño de su experiencia de aprendizaje, abre grandes posibilidades al mismo tiempo que despierta las resistencias y miedos de los propios educadores.

Carmen Valls. El profesor como diseñador de experiencias… ya está obsoleto. Hace poco en un congreso de educación escuchábamos una idea, como algo innovador, que ya se planteaba en mis años de estudios de Magisterio allá por el año 84.

“El profesor ya no puede ser un mero transmisor de conocimientos, ha de ser un diseñador de experiencias”. Esta idea es realmente inspiradora, pero aún hoy, no termina de ser una realidad. La comunidad educativa y la sociedad en general sigue resistiéndose a esta posibilidad.

Hace unos días, en el Foro Colón Innovación, organizado por Steelmood, se planteaba como una gran innovación en el mundo de los servicios el hecho de que la empresa, en realidad se había convertido  en una diseñadora de experiencias para sus clientes… pero se apuntaba más aún: que la revolución en el fondo consiste en que no es la empresa sino el cliente quien tiene el poder hoy de diseñar cómo quiere que sea su experiencia, y así, son los clientes los que están diseñando, en el fondo,  a las empresas y los productos que ofrecen.

Pensemos en el mundo educativo. Ya es suficientemente apasionante el imaginar un mundo donde el profesor se convierte en diseñador de experiencias de crecimiento y aprendizaje (y en muchos casos sigue siendo ciencia-ficción). Esto resulta casi un ataque en centros donde siquiera dar la palabra al alumno es sinónimo de perder el control, y genera la fantasía de ser invadidos por seres sin capacidad para pensar.

Si los alumnos diseñaran su propia experiencia de aprendizaje ¿cómo sería?

La idea de los alumnos al mando del aula, o de cederles el protagonismo en el diseño de su experiencia de aprendizaje, abre grandes posibilidades al mismo tiempo que despierta las resistencias y miedos de los propios educadores.

Quizás a veces estemos complicando las cosas imaginando qué metodologías son las mejores para educarles. ¿Y si además de imaginar lo que es mejor, les damos voz y voto en el diseño de nuevas formas de aprender? ¿qué papel juegan hoy los chicos en el diseño de su propia experiencia de aprendizaje?

¿Cuál sería el resultado? En una ocasión asistí a la terrible afirmación de un profesor diciendo que quizás esto sería posible si uno sólo de sus alumnos fuera mínimamente inteligente… Afortunadamente también he asistido a la afirmación de una profesora que decía que cuando les dejas pensar e imaginar, siempre te llevan más allá de dónde les habríamos llevado nosotros. Quizá no nos atrevamos porque podrían diseñar algo mucho mejor que lo que les estamos dando.

Esto es todo un reto, no sólo para ellos, que no están acostumbrados en muchos casos a ser tenidos en cuenta en el diseño del mundo en el que viven y ocupan un papel muy dependiente del adulto; sino sobre todo para las instituciones educativas, que tendrían que convertirse en seres flexibles, ágiles…y capaces de ser criticados y desposeídos de su halo de omnipotencia, sabiduría y referente único de la verdad.

Hoy los jóvenes podrían participar en el diseño de una escuela diferente.  Ellos mismos aprenden hoy mucho más en sus experiencias fuera de la escuela que dentro.

¿Podría diseñar el alumno su experiencia de aprendizaje en el contexto actual? ¿Es esto ciencia-ficción?

No creo en los blancos y los negros, en una respuesta si o no. Creo que podría haber muchas formas de darles un papel mucho más activo en ese diseño….al igual que el mundo de la empresa ha evolucionado de forma espectacular al dejar que sean sus clientes quienes diseñen cómo quieren que sea su experiencia al conducir un coche, comprar por internet, hablar por teléfono, viajar o asistir a un espectáculo.



Deje un comentario

Su dirección de correo no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.