Deuda, fondos buitre y solidaridad internacional

Las deudas que mantiene un país con los bancos internacionales que le han prestado dinero, al final hay que pagarlas.

Axiel Kicillof.
El ministro de Economía de Argentina, Axiel Kicillof.

Vicente Vera Esteve. España y los españoles estamos de enhorabuena. Todo parece indicar que los presagios caóticos que se cernían sobre la economía española se han esfumado y no por arte de birlibirloque. El duro ajuste al que ha estado sometido el pueblo español y la gestión de una política económica restrictiva tanto en aspectos monetarios como fiscales han conducido a una precaria estabilización del paciente. Y digo precaria porque todavía no están todos los órganos vitales funcionando al 100%. Es necesario mantener la respiración asistida y no desconectar del todo al enfermo de los monitores de control. Como no pertenezco a la escuela de los fisiócratas de François Quesnay y Condorcet, lo dejamos ahí para no confundir al personal.

Hace escasamente unos meses era imposible pensar en reducciones de impuestos, es más, tanto la comisión Europea como el FMI presionaban al ejecutivo español para continuar con el ajuste, solicitando subidas de IVA y alguna que otra medida de sacrificio. El gobierno es listo e inteligente y sabe que durante los dos próximos años se convocarán elecciones, municipales y autonómicas en 2015 y generales en 2016. Evidentemente el Partido Popular, como lo expresarían los utilitaristas desean renovarse en el poder una nueva legislatura, maximizando así la utilidad marginal gozando del poder. De modo que lo inmediato ha sido pensar que lo más fácil y lo que más necesita el ciudadano español en estos duros momentos es disponer de más dinero en el bolsillo. El gobierno lo entiende así y se estira un poco reduciendo los tipos y las retenciones fiscales.

Según los últimos estudios del Banco de España, más realistas después de lo ocurrido con el anterior gobernador del banco, no quiere participar de ese desbordado optimismo que se desprende de las declaraciones de Montoro. Todo apunta a que aún tenemos dos graves problemas económicos por resolver, la deuda total ( bancos, familias y empresas) más la deuda pública y las cifras de paro. Está resultando muy complicado crear empleo estable de manera sostenida en el tiempo. Estas variables económicas nos pueden hacer mucho daño si el país no crece entre 1,5 y 2,5%, tasas que permitirían amortizar deuda y crear empleo.

Insisto con el peso de la deuda porque hace unos días pudimos leer en un periódico de difusión nacional un anuncio publicitario a toda página firmado por la Presidencia de la Nación de la Republica Argentina, en el cual aparecía como titular “Argentina quiere seguir pagando su deuda y no la dejan”. Me pareció sorprendente lo que estaba leyendo y pensaba hasta donde había tenido que llegar el Gobierno de la Casa Rosada para difundir su tremenda situación de deuda y solicitar auxilio a la comunidad internacional con el fin de evitar una quiebra del país y poner en peligro la estabilidad financiera de Argentina así como posiblemente de todos aquellos países que mantienen deuda con este país y que además necesitarán en un corto plazo, verse abocados a una nueva reestructuración de su deuda.

Todo este desaguisado se remonta al año 2001 en que Argentina se encuentra con uno de los mayores default (impago) de la historia financiera mundial, superando ampliamente los 100 mil millones de dólares. A partir de 2003 se acometen programas de reestructuración de la deuda con todos los organismos internacionales, alcanzándose acuerdos también con todos los acreedores implicados. Tanto el FMI como el Centro Internacional de Arreglo de Disputas relativas a Inversiones (CIADI), acordaron un plazo de pago de hasta siete años con el Club de París. En todo este proceso interviene un fondo buitre que mediante la aplicación de técnicas sofisticadas de ingeniería financiera y productos derivados, entran en litigio con el gobierno argentino siendo demandado por el fondo buitre en los tribunales de Nueva York. Al final la historia es que la sentencia obliga a pagar unas cantidades tan ingentes que Argentina no puede atender en tan corto plazo de tiempo.

Relato esta dramática historia para aprender de los conflictos financieros internacionales, a veces solamente atribuimos relevancia económica a las cifras de paro, la tasa de inflación, el déficit público, etc. Las deudas que mantiene un país con los bancos internacionales que le han prestado dinero, al final hay que pagarlas, eso sí, bajo unas condiciones de reestructuración que permitan a un país hacer frente a los plazos de amortización evitando una inestabilidad política. Que permitan adoptar políticas económicas capaces de estimular el crecimiento económico para poder pagar. A partir de ahora estaremos muy al tanto de la evolución de la deuda pública española.

Ahora mismo la deuda de España se encuentra, cito de memoria, en torno a un 96,1 % del PIB, sabemos por los estudios del prestigioso economista Rogoff que por encima del 100% habría que empezar a preocuparse. La verdad escuchando al ministro de Economía argentino, Axiel Kicillof, en el foro de las Naciones Unidas apelando a la solidaridad internacional para evitar un indeseable pánico financiero y una inevitable quiebra del país, se me ponían los vellos de punta. Confiemos en que ese discurso ante el G-77 más China pueda surtir efecto positivo y Argentina pueda volver a reestructurar su deuda dentro de unos plazos más razonables, que transmitan confianza y seguridad jurídica a los inversores que han de continuar invirtiendo y comprometiéndose con el pueblo argentino.

 También puedes seguir a Vicente Vera en www.quemarropa.net

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