Valladolid acoge una exposición sobre Jacques Henri Lartigue con fotos inéditas

La muestra reúne 135 imágenes que ofrecen una visión global de su obra, a la vez que documentan la vida en el siglo XX.

La muestra podrá admirarse hasta el. / Foto: FNC Valladolid.
La muestra podrá admirarse a partir del 4 de julio. / Foto: FNC Valladolid.

Redacción. La sala de San Benito de Valladolid acogerá a partir del viernes, 4 de julio, la exposición ‘Diario de un siglo de Jacques Henri Lartigue’, uno de los referentes visuales más importantes del siglo XX.

Esta exposición que se presenta en Valladolid reúne 135 imágenes emblemáticas de la obra de Lartigue, junto con fotografías nunca vistas hasta ahora, que hace posible tener una visión global de su obra, a la vez que documentan la vida en el siglo XX, desde una perspectiva autobiográfica e histórica.

Como testigo privilegiado de una época, todo lo que le importaba realmente, “suscitó en él ese mismo afán de fijarlo, de conservarlo, y sobretodo de no perderlo”. Su familia, sus amigos, -como los artistas que marcaron su vida entre los que se encontraba Sacha Guitry, Kees Van Dongen o Pablo Picasso- la elegancia femenina, los lugares de moda, los inventos que marcaron el principio de siglo, -el automóvil, los primeros aviones, o los deportes- estimularon también su talento.

Sus imágenes reflejan la rápida transformación de las costumbres, el estallido y vibración de las novedades, y al mismo tiempo la búsqueda de los pequeños detalles, del instante perdurable y atemporal presentes en cada una de sus imágenes y álbumes.

Lartigue vive la fotografía como un divertimiento, pero un divertimiento obsesivo. Desde los siete años, capta con su cámara 9×12 cm instantáneas de la crónica de una vida feliz, alegre e inocente.

Lo que sorprende de sus imágenes es la simplicidad, la sobriedad y la gracia de su estructura gráfica, y de su escritura. Lartigue se revelará muy pronto, precursor de una modernidad que desarrollarán luego grandes fotógrafos como Henri Cartier-Bresson, gracias a esta comprensión intuitiva de las capacidades revolucionarias de la cámara fotográfica moderna.

Su obra pasa desapercibida durante muchos años, hasta 1963, cuando John Szarkowski, joven conservador del MoMA presentó su primera exposición antológica.

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