Las orquídeas de la Comunidad de Madrid, un valioso patrimonio a conservar

Normalmente, las especies de orquídeas se dan en las selvas tropicales más lluviosas del planeta. Sin embargo, en la Comunidad de Madrid crecen de manera espontánea más de cuarenta especies autóctonas, muchas de ellas en peligro de extinción. Los agentes forestales han elaborado una guía para protegerlas.

Un agente junto a una población detectada al norte de Madrid. / Foto: www.agentesforestales.org.
Un agente junto a una población detectada. / Foto: www.agentesforestales.org.

C.N. Miembros del Cuerpo de Agentes Forestales de la Comunidad de Madrid, tras un extenso trabajo de localización y catalogación que se viene desarrollando desde el año 2010, han podido comprobar que hay especies de orquídeas como, por ejemplo, Limodorum trabutianum, que sólo cuentan con una diminuta población conocida de diez ejemplares en apenas unos metros cuadrados de un pinar ubicado en el municipio de Guadarrama. Asimismo, de la Dactylorhiza sulphurea, una hermosa orquídea de tonos azufrados, solo consta la existencia de dieciocho ejemplares en un enclave puntual de la Sierra Norte. El estudio realizado ha consistido en la búsqueda de zonas donde ya se sabían que crecían estas especies y en el análisis de aquellas que, por referencias históricas, el sustrato de la tierra o los antecedentes se consideran susceptibles de que pudieran desarrollarse.

La primera fase del trabajo consistió entonces en localizar sobre el terreno todas las poblaciones de orquídeas existentes y rellenar una ficha con sus principales características: ubicación, número de individuos, superficie ocupada y posibles amenazas. A continuación, en una fase posterior y, en colaboración con reconocidos expertos en flora de distintos departamentos de universidades madrileñas, se ha realizado la clasificación de los datos obtenidos para adoptar las medidas pertinentes para su conservación.

Otro caso extremo encontrado a raíz de esta investigación es el de la orquídea Himanthoglossum hircinum, una especie que casi se daba por extinguida, pues no había sido encontrada en la región desde hacía más de medio siglo y de la que se han vuelto a encontrar dos poblaciones, una de ellas en los encinares de Batres y otra en los espartales de San Martín de la Vega. Algo similar ha sucedido con varias especies más. Así, de la orquídea gigante Barlia robertiana y de Orchis papilionacea, se han localizado una decena y más de treinta poblaciones respectivamente, cuando hasta hace poco casi se daban por desaparecidas.

De este modo, los agentes forestales, en su trabajo de localización y catalogación de orquídeas, para el que han aplicado los criterios técnicos establecidos por la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), han llegado a la conclusión de que, aproximadamente, “la mitad de las cuarenta y seis especies de orquídeas madrileñas están en mayor o menor grado amenazadas de extinción a nivel regional”. De ellas, han especificado, siete se encuentran en “Peligro Crítico de Extinción”, ocho en “Peligro de Extinción” y otras dos especies tienen que darse por “Extinguidas” por haber transcurrido más de cincuenta años desde que fueron vistas en el campo por última vez, como es el caso de la Listera ovata y Gymnadenia conopsea.

Gracias al proyecto, se han encontrado orquídeas que hace años no se veían. / Foto: www.agentesforestales.org.
Se han encontrado orquídeas que hace años no se veían. / Foto: www.agentesforestales.org.

A juicio de los agentes forestales de la Comunidad de Madrid, los territorios del suroeste de la región merecen una mención especial, “no sólo por presentar una diversidad en especies de orquídeas superior a la media del territorio, sino también por la presencia en exclusiva de algunas especies”. Esto es así debido a la singularidad de la orografía y del clima tan peculiar de esta zona del oeste madrileño, donde “debido a la influencia atlántica los inviernos son relativamente suaves y las precipitaciones anuales son muy superiores, por ejemplo, a las de la capital madrileña. De hecho, desde el punto de vista botánico, la Sierra Oeste pertenece a una provincia distinta al resto de la Comunidad: la provincia Lusoextremadurense”, han argumentado.

Según donde se encuentren, las amenazas que pesan sobre las orquídeas son de diversa índole: destrucción directa debida al pisoteo y mordisqueo por vacas y otras especies ganaderas, pero también por fauna silvestre que, como los conejos y los jabalíes, llegan a arrancar ejemplares completos; laboreo del terreno para la agricultura; realización de desbroces de vegetación ligados a trabajos selvícolas, incendios forestales, crecimiento urbanístico e, incluso, recolección ocasional de determinadas especies por parte de transeúntes, debido a lo llamativo de su floración. “Todas estas amenazas resultan especialmente graves si tenemos en cuenta la escasez de ejemplares con que ya cuentan la mayoría de las especies”, subrayan los agentes.

Como principales medidas de conservación los agentes forestales han propuesto a la Comunidad de Madrid “la adopción de medidas de tipo legal, que comprenderían la creación de microrreservas de flora y la inclusión de una veintena de especies en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas, así como la adopción de medidas sobre el terreno como la colocación de vallados que protejan a las plantas frente a la fauna, refuerzo de poblaciones con la plantación de nuevos ejemplares cultivados en viveros especializados, y recolección de semillas de las especies más amenazadas para garantizar su supervivencia a medio y largo plazo”.

Los agentes forestales, con más de 6000 funcionarios en todo el Estado y 140 años de historia, ejercen la policía, vigilancia y custodia del Patrimonio Natural (fauna, flora, vías pecuarias, aguas, incendios forestales, etc). Además, ostentan el carácter de agente de la autoridad y son una policía mixta de carácter administrativo y judicial.

Las flores de algunas orquídeas imitan el aspecto de las hembras de ciertos insectos. Foto: www.agentesforestales.org.
Las flores de algunas orquídeas imitan el aspecto de las hembras de ciertos insectos. / Foto: www.agentesforestales.org.

Las orquídeas no florecen necesariamente todos los años, pudiendo pasar largas temporadas de manera invisible, bajo tierra. A veces pueden incluso dar flores subterráneas, que se autofecundan, con lo que las plantas pasan años inadvertidas al ojo humano.

Existen más de 20.000 especies de orquídeas en el mundo, la mayoría en los trópicos, pero debido a su gran poder de adaptación habitan desde regiones polares hasta el ecuador. Junto con las asteráceas (familia de las margaritas), constituyen la familia de plantas más numerosa del planeta. Sin embargo, en latitudes apartadas de los trópicos, como es el caso de la Comunidad de Madrid, el clima resulta relativamente adverso para las orquídeas por lo que su presencia se vuelve bastante rara, razón por la que resulta especialmente importante su conservación.

Para crecer y desarrollarse, las orquídeas necesitan convivir con determinados hongos simbiontes, razón que contribuye a explicar la escasez y lo caprichoso de la distribución de estas especies.

Las flores de algunas orquídeas imitan el aspecto de las hembras de ciertos insectos de manera tan eficaz que los machos llegan a copular con las flores merced a este engaño. De este modo, las flores consiguen que los insectos transporten el polen de una planta a otra.



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