Uso y abuso de los servicios de urgencias hospitalarios

¿Hacemos un uso adecuado y responsable de este recurso? La respuesta es clara y rotunda: NO. ¿Tiene solución el problema? Sí, la tiene, pero es impopular y ningún partido político quiere dar el primer paso.

Acceso a Urgencias. / Foto: wikipedia
Acceso a Urgencias. / Foto: wikipedia

Rafael Artacho. Un compañero de profesión escribió hace tiempo en un periódico nacional: “Si usted acude al servicio de urgencias de un hospital americano a partir de las seis de la tarde será atendido por un médico residente”. Hacía referencia al diferente modelo sanitario existente en Estados Unidos. En España, vaya a la hora que vaya, podrá ser visto por un médico adjunto con sobrada experiencia en urgencias.

En nuestro país la cobertura sanitaria urgente (por enfermedad grave o accidente) es universal. Quiere esto decir que cualquier persona que se encuentre en el estado Español puede ser atendida en un servicio de Urgencias por este tipo de patologías. Pero, ¿hacemos un uso adecuado y responsable de este recurso? La respuesta es clara y rotunda: NO.

Hace años, nuestros políticos, con un afán claramente electoralista y populista, trasladaron el concepto de urgencia médica al usuario. Cualquier persona podía acudir, por lo que quisiera y cuando quisiera, al servicio de urgencias del hospital que deseara, y los médicos tenían la obligación de atenderle. Pues bien, el resultado ha sido el caos en el que se han convertido nuestras urgencias. Un médico de urgencias de cualquier hospital de nuestro país puede atender, y no exagero, desde una picadura de mosquito en el párpado de un niño hasta una parada cardiorrespiratoria. Esto no es lógico, ni sensato, y, lo que es peor, no es rentable.

Un efecto colateral que ha tenido esta medida es la exigencia, que en algunos casos llega a la agresión verbal o física contra el personal sanitario, con la que se presenta el usuario en nuestros hospitales. “Quiero que me vean ya!!!, para eso pago” Esta frase se oye con bastante frecuencia, por desgracia, en nuestros centros hospitalarios.

Otro efecto colateral, éste en los sanitarios de urgencias, es el denominado “síndrome del quemado o de burnout”. Consiste en sentimiento de impotencia, ansiedad, falta de interés en el trabajo, rechazo y depresión. Este síndrome ha hecho mella, y más que hará según están las cosas, en muchos médicos españoles por el estrés que tienen que soportar todos los días en su trabajo.

¿Tiene solución el problema? Sí, la tiene, pero es impopular y ningún partido político quiere dar el primer paso. No me refiero al copago. Bastaría sólo con volver a dar al médico la potestad de decidir lo que es urgente o no, de poder negarse a asistir a un paciente si su patología no es urgente y puede ser resuelta en el ámbito extrahospitalario. Esto llevaría, con el tiempo, a unas urgencias de calidad, donde sólo la patología grave tuviera cabida en estos servicios y, además, a un reconocimiento por parte del médico de estar haciendo el trabajo para el que ha sido formado.

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