‘The New York Times’ dedica un amplio reportaje a la ciudad de Sevilla en su sección de Viajes

Más allá de su belleza monumental, el reportaje '36 horas en Sevilla' retrata el día a día en la capital hipalense, sus bares, comercios, su gastronomía y, como no, su Semana Santa.

Vista de Sevilla desde las Setas de la Encarnación.
Vista de Sevilla desde las Setas de la Encarnación.

Redacción. El prestigioso diario estadounidense The New York Times publicó el pasado mes de abril un extenso reportaje sobre la oferta turística de Sevilla.

Más allá del tradicional recorrido por la zona monumental de la ciudad, copada por la Catedral, el Real Alcázar y el Archivo de Indias, el reportaje se sumerge en el día a día de la ciudad y habla de los comercios de la calle Regina, el mercado de la calle Feria o conventos como el de San Leandro, y muestra lugares tan dispares como los bares Las Columnas y Garlochi.

En concreto, fue el pasado 10 de abril cuando el mencionado periódico publicó en su sección de ‘viajes’ un amplio reportaje sobre la oferta turística, gastronómica y cultural de la ciudad hispalense, titulado ’36 horas en Sevilla’, pues la información propone un recorrido para conocer diferentes aspectos de la ciudad en una visita de tan sólo un día y medio de duración.

La información expone diversos aspectos de la oferta turística de la capital andaluza, desde “sus palacios reales” de influencia musulmana, en referencia a los Reales Alcázares, a “sus extravagantes festivales católicos” y los espectáculos flamencos. “Quizá es esa tendencia a lo fastuoso lo que mantiene dinámica a la ciudad en tiempos de austeridad”, considera el autor del reportaje, Charly Wilder.

El autor de la información da cuenta especialmente de la “atención” que despierta el conjunto arquitectónico Metropol Parasol, caracterizado por sus gigantescos parasoles fungiformes y enclavado en la plaza de la Encarnación, en pleno centro neurálgico de la ciudad. En ese sentido, destaca la oferta de este espacio al contar con una cripta arqueológica, “bares, restaurante y un mirador con vistas panorámicas”.

En materia de gastronomía, el reportaje no olvida las famosas “tapas” y hace un recorrido por diversos negocios del sector, mencionando la Casa Morales, la Bodeguita Romero o el famoso bar Las Columnas, donde el autor queda sorprendido por el modo en el que los pedidos de la clientela son simplemente “garabateados” en la barra.

La información menciona, como no, las “famosas procesiones de los pasos” de la Semana Santa y, a colación, describe la particular atmósfera del céntrico bar Garlochi, caracterizado por su barroca decoración inspirada precisamente en la tradición de la Semana Santa.

El reportaje, igualmente, menciona otros aspectos de la ciudad, como el castizo mercado de abastos de la calle Feria, los tablaos de flamenco, los conventos de San Leandro, Santa Paula o Santa Ana y su rica oferta de repostería y, además, menciona el particular legado de la ciudad en materia de arte mudéjar, señalando los Reales Alcázares y la exposición permanente de arte mudéjar instalada en el palacio de los Marqueses de La Algaba.

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