La expedición a Groenlandia en la que participan tres españoles recorre 500 km en los tres primeros días de travesía

Ramón Larramendi, Manuel Olivera y Eusebio Beamonte, junto a otros expedicionarios, realizan una ruta circular en el interior de la masa de hielo a bordo del Trineo de Viento, el único vehículo eólico del mundo.

Cercanías de Kangerlussuaq, de donde ha partido la expedición. / Foto: www.tierraspolares.es
Cercanías de Kangerlussuaq, de donde ha partido la expedición. / Foto: www.tierraspolares.es

Redacción. Los expedicionarios del Trineo de Viento, que iniciaron este lunes, 5 de mayo la ‘Circunnavegación de Groenlandia’, ya están en el corazón del desierto de hielo del interior de la isla, donde han avanzado casi 500 kilómetros en los primeros tres días de travesía, empujados por el viento a favor, según los impulsores de la iniciativa.

Se trata de una nueva expedición jamás realizada por el ser humano en Groenlandia, la isla más grande del mundo y aún hoy una de las menos conocidas. El objetivo es una ruta circular en el interior de la masa de hielo a bordo del Trineo de Viento. Más de 5.000 kilómetros en los que quieren demostrar las posibilidades del único vehículo eólico del mundo para convertirse en un ‘laboratorio móvil’ polar. Uno de sus retos es batir el récord de distancia recorrida en un solo día: más de 500 kilómetros en 24 horas.

El equipo -formado por los españoles Ramón Larramendi (organizador), Manuel Olivera y Eusebio Beamonte, la danesa Karen Moe Bojsen y el groenlandés Hugo Svensson- comenzó su aventura esta semana en el oeste de la isla, en Kangerlussuaq. Todos los tripulantes se encuentran en perfecto estado.

El grupo fue depositado con su equipamiento sobre el hielo el pasado 3 de mayo por la tarde, en el interior suroeste de la isla. Los dos primeros días los dedicaron a preparar la salida, mientras esperaban que bajara el fuerte viento que había en la zona. El martes, día 6, iniciaron las primeras pruebas, ya avanzando, y el miércoles se pusieron en marcha rumbo al norte, a unos 100 kilómetros de la costa.

Este viernes, 9 de mayo, el explorador polar Ramón Larramendi, jefe de la expedición, ha señalado, vía satélite, que han llegado a alcanzar una velocidad máxima de 40 kilómetros por hora, si bien la media oscila sobre los 15 kilómetros por hora para no forzar en exceso la estructura del trineo, por lo que en total han recorrido casi 500 kilómetros.

“Los primeros días hemos avanzado menos porque ha sido necesario realizar pequeños ajustes, pero ya estamos enfilados hacia el norte, viento en popa. Los tres trineos del convoy van como un rayo”, ha asegurado.

Mapa del recorrido previsto.
Mapa del recorrido previsto.

La zona más complicada por la que han pasado se encontraba a la altura del fiordo de Ilussisat, según ha comentado el explorador, en referencia al glaciar Jakobhavn Isbrae, el más productivo del hemisferio norte, que se mueve entre 20 y 35 metros al día y desprende unos 20.000 millones de toneladas (35 kilómetros cúbicos) de hielo en forma de icebergs en el fiordo cada año. Su avance -cinco kilómetros en seis años- es una referencia clave para los investigadores del cambio climático en el Ártico.

Hasta ahora, los expedicionarios del Trineo de Viento soportan temperaturas diurnas de entre 5ºC y 10ºC bajo cero, si bien las nocturnas bajan hasta los menos 20ºC a los 1.900 metros de altura a los que se encuentran.

Para poder navegar por el hielo el mayor número de horas posibles, dado que en Groenlandia en esta época del año no es nunca de noche, se han organizado en dos turnos de pilotaje de 10 horas cada uno, y cuatro horas de descanso: uno formado por los españoles Manuel Olivera y Eusebio Beamonte, y otro por el groenlandés Hugo Svenson y la danesa Karin Mo Bojsen.

También han colocado ya los sensores que les permitirán ir recogiendo datos sobre la temperatura y la humedad ambiental y han realizado pruebas con el taladro que permitirá obtener información sobre la caracterización de la nieve.

Durante el viaje, la tripulación no sólo va a recoger muestras de hielo y nieve para analizar sus perfiles y comprobar sus niveles de contaminación, sino que también tomarán medidas de la radioactividad que hay en los lugares de antiguas bases militares.

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